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Los caminos de las mariposas
Ricardo Berrutti | 26/01/2012
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Para quien ha andado por los vericuetos secretos del río, en uno de esos días agobiadores, cuando las piedras de las orillas reverberan como metales, las chicharras ensordecen el aire, y solo en algún remanso de quietos camalotes y de sombras de sauces y sarandíes, un solitario Martín Pescador inmóvil, parece también el vigía de un túnel de blanquillos, oscuro, fresco y húmedo, camino de las grandes mariposas blancas, que se balancean lentas y elegantes, como en mudo desfile de modelos.
Como fantasmas de un cuento, aparecen de pronto, ajenas e indiferentes a la presencia humana, y como extrañas mascotas del aire, se deslizan detrás, junto, o delante del caminante, con altanería de princesas que brillan en la oscuridad.
Fuera de esos mágicos y escondidos senderos, el verano del río tiene una música de melodía cambiante.
Un pentagrama de cantos rodados y mojarras, de golondrinas y benteveos, y también, obras maestras del color y las texturas.
El color y la tersura de los musgos, en las piedras más ocultas de las pequeñas bahías que solo se ven andando el río.
Los colores de los cantos rodados bajo la superficie transparente de agua que escurre por los más angostos canales, que juegan a perderse y encontrarse con el curso madre del río.
Arenas que forman dunas restallantes en una orilla, un salto de agua azul y espuma blanca, coronada por perlas fugaces, que se repiten, siempre distintas, y en la otra orilla, como ordenada por un escultor furioso, arcilla amarilla y rosácea, gris, roja, azul, blanca y verdosa, en paletadas verticales y horizontales, todas mezcladas con el único orden del azar de la naturaleza.
Y, casi al centro de ese tapiz, ya áspero o suave, un manantial de agua clara y fría, llama con un susurro cantarín, a abejas, horneros y picaflores.
Algo más importante acompaña a quien anda el camino del río o el sendero de las mariposas: la soledad buscada, los miles y miles de ruidos, chillidos, roces de piedras y agua, ramas, croar de ranas ocultas, que son la mejor voz que tiene el silencio, para hablar en el viento.

"Pájaros, perfumes, hojas
La misteriosa arquitectura de las rosas" escribí alguna vez.
Ahora es la arquitectura de las ramas secas, que lleva o encalla la corriente.
Y para que el aire acompañe ese gran cuadro, visible solo a quienes hacen del río su camino, y de los ocultos senderos de mariposas su andar de pacífica serenidad, sobre las aguas del río, entrando en los más ocultos rincones de las orillas salvajes, al perfume del arrayán, único e inconfundible, adorna, invisible pero magnífico, toda la cuenca, como una bandera ondeando en las brisas de los ensueños.








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