"Un filósofo es un tipo que sube a una cumbre en busca del sol; encuentra niebla, desciende y explica el magnífico espectáculo que ha visto."
El 25 de enero de 1874, nacía en la Embajada Británica de Francia, donde su padre ocupaba un alto cargo William Somerset Maugham, evitando así, ser francés.
Tímido y asustadizo en su niñez, su incipiente tartamudez que conservó durante toda su vida, no le impidió ser uno de los escritores más prolíficos entre los años de 1930 a 1950, aunque su obra se extiende casi hasta su muerte en 1965, a los 91 años.
Su homosexualidad le deparó algunos amargos momentos en su extensa trayectoria, pero su riqueza y fama, lo pusieron a cubierto de las incomodidades del escándalo.
Su inteligencia privilegiada, atrajo la atención de los Servicios de Seguridad británicos, que lo reclutó como espía en Suiza. Ian Fleming, el autor de James Bond, confesó haberse inspirado en su vida para crear a su famoso Agente 007.
Según sus críticos, en toda su vasta obra, los rasgos biográficos aparecen en forma continuada, así como muchos de sus personajes, están inspirados en la personalidad de sus amantes.
Precisamente, en este resumen de un breve cuento suyo, que concluye con un poema bastante desgarrador, es de 1947, época en la cual, el último de aquellos, había sido adoptado como hijo por Somerset Maughama, a fin de que lo heredara
"Terminó de escribir. Para secar la tinta esparció un poco de ceniza sobre el papel y, poniéndose de pie, me lo entregó.
-¿Qué es lo que ha escrito usted? -le pregunté.
Me pareció que asomaba un destello ligeramente malicioso en sus ojos.
-Me he atrevido a ofrecerle dos pequeños poemas que me pertenecen.
-No sabía que era usted poeta.
-Cuando China era aún un país incivilizadoo -replicó sarcástico-, todos los hombres educados, podían escribir versos, al menos con elegancia.
Tomé la hoja de papel y observé los caracteres chinos: formaban sobre ella un dibujo agradable.
-¿No quiere darme también una traducción?
-Tradutore - tradittore -respondió-. No puede usted esperar que me traicione a mí mismo. Pídasela a alguno de sus amigos ingleses. Aquellos que más saben acerca de China, nada saben, pero por último hallará alguien que sea capaz de proporcionarle una interpretación de estos pocos versos, simples e imperfectos.
Me despedí de él, y con gran cortesía me guió hasta mi silla de manos. Cuando tuve oportunidad le di el poema a un sinólogo amigo mío, y esta es la versión que de él me hizo. Confieso que, sin duda lógicamente, me sentí algo desconcertado cuando lo leí.
Tú no me amabas entonces: tu voz era dulce;
tus manos tiernas; tus ojos estaban llenos de risa.
Y luego me amaste: tu voz era amarga;
tus manos crueles; tus ojos estaban llenos de lágrimas.
Qué pena, qué pena que por el amor
no pudieras ser amada.
Rogué que los años quisieran pasar veloces
para que pudieses perder
el brillo alborozado de tus ojos; la tersa lozanía de tu piel,
y todo el cruel esplendor de tu maravillosa juventud.
Entonces tan sólo yo sería tu amante
Y tú no tendrías al fin sosiego.
Los años envidiosos pasaron muy pronto
y tú has perdido para siempre
el brillo alborozado de tus ojos; la tersa lozanía de tu piel,
y todo el hechicero esplendor de tu juventud.
¡Ah!, pero yo no te amo ahora
y no me importa si tú no tienes ya sosiego"
