Noticias Tuyas, estés donde estés | Durazno, Uruguay | Seguínos en Seguínos en Facebook    
Peregrinación de un Charrúa
Ricardo Berrutti | 09/03/2010
Click para cerrar

“La disciplina es la parte más importante del éxito” Truman Capote

La historia de la entrega de los “Charrúas de Oro” del Festival Nacional de Folklore de Durazno, en sus treinta y siete años de vida, ha sido, tal como los habitantes de la “Banda Oriental” a la que debe su nombre, nómada y, por la misma razón, algo errático.
Se supone que la Comisión Organizadora del Festival, es quien decide, cada año, a quién se le entrega.
Si mal no recuerdo, entre los requisitos para su entrega, se considera que es merecedor del premio, “la persona o artista más relevante del Festival”
Así, se han entregado Charrúas de Oro a diferentes personalidades.
Lo que no parece muy acertado, ¡vaya uno a saber qué criterio se siguió! es entregar el premio ANTES de escuchar a TODOS los artistas.
Este año, mucho antes de que finalizara el evento, le fue concedido a un folklorista rochense, Carlos Malo.
ANTES de haber escuchado, por ejemplo, a “Los Nocheros” de Argentina.
Por respeto al propio artista premiado, debería haberse esperado, como gesto de ineludible cortesía, escuchar a todos.
Cierto es que fue un Festival atípico, reducido en el tiempo, y desfasado, por razones más que atendibles, de su fecha original.
Desde que se instituyó el premio, la idea original era la de promocionar el Festival a nivel internacional.
Esa intención fue variando con el tiempo, y, tuvo marchas y contramarchas.
Es cierto que premiar siempre a los extranjeros, para promoción de la fiesta, va en desmedro de las cualidades y esfuerzos de los aristas locales, pero si se pretende premiar a la “figura más relevante del Festival” le puede corresponder a un uruguayo, un brasileño, un argentino, un paraguayo, o, yendo más lejos, se le otorgó un “Charrúa de Oro” al Ballet Folklórico de Taiwán, uno de los espectáculos más imponentes que se han visto en el Festival.
Lo de errático, puede demostrarse por algunos nombres que, o han sido premiados en exceso, o se les ha retaceado inmerecidamente el reconocimiento.
Más errático aun, puede parecer la dualidad de criterios para cuando se dieron (en más de una oportunidad) dos estatuillas.
En el cuarto Festival, se entregaron dos: uno para Hilario Pérez y otro para el Prof: Raúl H. Evangelisti.
En el decimoséptimo, uno a Jorge Velásquez y otro a Cantaclaro.
En el decimonoveno, uno a Pablo Estramín y otro a los Hermanos Cuesta.
En el vigésimo, uno a Maciegas y otro a la Comunidad Cambacuá, de Paraguay.
En el vigésimo primero, uno a Argentino Luna, y otro a Cacho Labandera.
Nunca recibieron uno, ni Jaime Roos, ni Alfredo Zitarrosa, ni Daniel Viglietti, ni Juceca, ni Osiris Rodríguez Castillo.
En el Festival trigésimo cuarto, El Charrúa de Oro fue para Takuare’e y, se reinstauró un olvidado Charrúa de Plata, para entregárselo (tipo premio consuelo) a Mercedes Sosa, una de las voces más entrañables, más queridas y más representativas del canto latinoamericano.
Si la política no escrita es no premiar más con los Charrúas de Oro, a los argentinos, comenzó a partir del vigésimo quinto Festival, cuando le fue otorgado a Soledad.
Pero si es así, debería reglamentarse formalmente, para evitar este tipo de suspicacias.
Hay algunos artistas que vivieron sus “15 minutos de fama” y desaparecieron de los escenarios, de los festivales y de la memoria.
Tal es el caso de Ariel Cabrera Rijo, Charrúa de Oro del octavo Festival.
Nunca más se supo de él.
El Festival acaba de cumplir 37 años, y realmente, tiene vacíos graves, sobre todo en la entrega de esa estatuilla.
Tal vez sería hora de ir puliendo esos detalles, para ofrecer a todos, un espectáculo de jerarquía, y que se maneje dentro de lineamientos claros.
Para los artistas, para los jurados, para las comisiones y para el pueblo.








Otras contratapas
Diario independiente de la región centro sur del país
Av. Artigas 374 | Durazno, Uruguay | +598 4362 4416