“¿Esto del medio ambiente será porque ya destruimos la mitad?” Anónimo
Se cuenta que en la antigua Grecia, una gran sequía azotó gran parte del territorio.
Según la leyenda, los cauces de agua se secaron, los pozos y los manantiales apenas dejaban fluir un agua barrosa.
En medio de la aflicción general, un filósofo (de los que en Grecia abundaron) predijo que en pocos días llovería, pero que nadie debía tomar el agua de esa lluvia, pues, al instante enloquecería.
Los pobladores, indignados, lo recluyeron en la cárcel.
Tal como lo había predicho, pocos días después, comenzó a llover.
Desesperada, la gente se abalanzó a beber esa agua que tanto había reclamado, y, tal como se los había pronosticado el filósofo, enloquecieron de inmediato.
Este, en su celda, vio como la población toda enloquecía, y, reflexionando que no tenía objeto estar cuerdo entre tanto loco, bebió de un pequeño charco que había en su prisión, y enloqueció también.
Había reestablecido el equilibrio y la igualdad.
Uruguay tiene tres millones de habitantes, tres millones de directores técnicos, y, ahora, con el tema de las inundaciones, tres millones de geólogos, tres millones de hidrólogos y tres millones de meteorólogos.
Todas las teorías quieren ser tenidas en cuenta, y también todas las soluciones.
Lo que sobra de apasionamiento, falta de cabeza fría.
Según el Profesor Alberto Buonomo, entre los años 1890 y 1894, el promedio anual de lluvias caídas en el departamento (cuando la media era de 1.000 mm. anuales y hoy son 1.300) fue de 500 mm.
En 1892 la media anual, fue de 430 mm. En 1914, la media anual fue de 2.399 mm.
Que existe el cambio climático, ya no es discutible.
Lo que sí es discutible, es la medida del tiempo en que un acontecimiento de éstas características transcurre.
Si se toma como medida de tiempo para un acontecimiento de la magnitud que un cambio climático global los tres años transcurridos entre la creciente del año 2007 y la del 2010, la exageración es, por decir lo menos, mayúscula.
El avance hacia un clima uruguayo de cualidad subtropical, no puede medirse en términos tan breves de tiempo.
Es hasta irresponsable.
La creciente de 2007, llegó a lugares que estaban muy por encima de la cota fijada después de la gran creciente de 1959.
La de 2010, sin alcanzar los niveles de la anterior, anegó lugares que la crecida de 2007 no había tocado.
La conclusión es que el cauce del río, sufrió, en ese lapso, variaciones.
Un estudio profundo y concienzudo de esas variaciones, podría demostrar que la influencia del hombre, ha tenido responsabilidad directa en estos cambios.
La tala indiscriminada del monte indígena, ribereño, es un factor, si no determinante, al menos muy importante.
De manera que, como desde algunos ámbitos se propone, tomar recaudos para la posibilidad que año tras año vaya a llover la mitad de la media anual en veinte días, parece apresurado, pues lo que se solicita es, ni más ni menos, que montar, con carácter de permanente, un aparato logístico para atender año a año, a cinco o seis mil evacuados.
Así que, con las disculpas del caso, debo reconocer que, emulando al filósofo griego nombrado al principio, tomé el agua de la lluvia de la locura.
Y, como cualquier uruguayo, me convertí, por hoy al menos, en geólogo, hidrólogo y meteorólogo.
