El Frente Amplio acaba de definir la candidatura a la intendencia de Montevideo a favor de la designada ministra de Desarrollo Social, y actual subsecretaria, la comunista Ana Olivera.
Por el camino quedaron las aspiraciones del diputado de Asamblea Uruguay, Carlos Varela, y la del senador electo y ex ministro de industria, el socialista Daniel Martínez.
La designación de Olivera la hizo el Plenario Departamental de Montevideo de la coalición que, al contrario de lo sucedido en otros departamentos, cerró las posibilidades de una postulación múltiple, hasta tres candidatos tal como permite la Constitución.
La selección de Olivera no fue indolora y ha dejado secuelas en la interna del Frente Amplio por más que se trate de bajarle el perfil a las discrepancias.
Es que todo indica que primó un acuerdo de cúpulas por encima de lo que piensa la población frenteamplista. Nada novedoso en la historia del Frente Amplio. Como en la primera sesión del plenario ninguno de los dos candidatos hasta ese momento, Varela y Martínez lograban los exigentes mínimos necesarios para ser candidatos, se optó por buscar uno que sí lo lograra a costa de lo que fuera.
Los estatutos del FA establecen que para la proclamación se necesitan cuatro quintos del Plenario Departamental en una primera votación, o tres cuartos en una segunda. La cifra equivale a 89 y 83 votos respectivamente y se toma sobre un total de 111, pese a que la cantidad real de integrantes del Plenario es 105, ya que seis representantes de las bases fallecieron y no fueron sustituidos. Para modificar los estatutos, se requieren nueve décimos de un Congreso, una cifra casi imposible de obtener.
Quien logró esos votos fue la dirigente comunista, que surgió a último momento como una candidata de consenso, pero, además, como una salida política para evitar que los líderes del Frente Amplio, José Mujica y Danilo Astori, que habían acordado el apoyo a Varela, se vieran desautorizados por los frenteamplistas que preferían, según una encuesta de Equipos Mori, al ex ministro.
¿Esto invalida la capacidad de Olivera para llevar adelante la gestión en la comuna de Montevideo, la más importante y poblada del país? En absoluto, solo marca que en Montevideo los frenteamplistas piensan diferente a su máxima dirigencia.
La encuesta de Equipos es clara al respecto: un 66% de los montevideanos frenteamplistas preferían a Martínez por encima de Varela y de la propia Olivera e incluso por encima de Ricardo Ehrlich, actual jefe comunal que, en algún momento, quiso ser reelecto y fue desestimulado por el propio Mujica.
¿Qué es lo que ocurre en el Frente Amplio para que un dirigente como Martínez, que concita tal apoyo sea desestimado, aspecto incluso que desconcertó a sus adversarios?
En el Partido Nacional y en el Colorado se vio con asombro como se sacaba del medio a Martínez y como, de alguna manera, se le abre un campo insospechado hasta hace poco tiempo, de poder remontar la gran diferencia que existe entre el Frente Amplio y la oposición desde que Tabaré Vázquez fuera ungido intendente en las elecciones de 1989.
En primer lugar, la resolución a la que llegó el Frente Amplio es producto de alianzas políticas internas que tienen un doble objetivo bien claro, uno, a corto plazo, que es bloquear la candidatura de Martínez a la comuna capitalina y otro, a mediano/largo plazo, que es frenar las pretensiones del ex ministro para el 2014, si Tabaré Vázquez no juega en esa oportunidad.
El caso Martínez dejó al descubierto una alianza que funciona muy bien entre el MPP y Asamblea Uruguay, en su base, pero que tiene su mayor expresión en las alturas, entre el presidente y el vicepresidente electos, impensable meses atrás cuando en plena campaña por las elecciones internas ambos se enfrentaron muy duramente. Y sorprende, además, que Asamblea Uruguay, que en esa oportunidad contó con el sostén del Partido Socialista para la candidatura de Astori, ahora no le dé el apoyo a Martínez.
Pero, además, este episodio demuestra, una vez más, las dificultades que tiene la coalición para actuar democráticamente, y espero que se me entienda bien. La mayoría de las resoluciones que ha tomado a lo largo de su historia el Frente Amplio han sido a través de sus cúpulas y luego refrendadas en sus bases, pero por unas bases que responden a partidos y organizaciones políticas.
Una de las pocas veces que han dejado actuar a sus bases fue en las pasadas elecciones internas cuando se dejó en libertad de acción para que los frenteamplistas de a pie eligieran entre los candidatos que se presentaron. ¿Cuál es la razón y la diferencia que hay ahora para que no se actúe de la misma manera, por qué en otros departamentos se puede tener tres candidatos y en Montevideo la candidatura única es una cuestión de principios?
La candidatura de Olivera, su forma de elección y la situación interna en que queda la coalición no implica que el Frente amplio vea complicadas las cosas a nivel electoral en Montevideo. Hace unos años el actual ministro de Industria, Raúl Sendic, dijo que en la capital el Frente Amplio gana con una heladera. Esta expresión encerraba por fuera de la arrogancia de la misma, una realidad, y es que el predominio que tiene la coalición en Montevideo es tal que puede darse el lujo de improvisar candidatos.