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Olor a Olímpica
Karlos Garateguy | 26/11/2016
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Que sí, que no, que no y que sí, finalmente, habilitan la Tribuna Olímpica del Estadio Centenario. La incertidumbre no era porque los Rolling Stones o Paul McCartney van a actuar en el Centenario, sino porque el domingo juegan Nacional y Peñarol, un clásico más.
El Ministerio de Bonomi dijo que a las tribunas no mandaba gente por temor a que le vaya a machucar a alguno de los muchachos. Las hinchadas están bastante nerviosas: unas porque vienen arriba en la tabla y otras porque vienen con varios sismos encima. De esta manera, el Ministerio teme que les agarren los guardias y los dejen en calzoncillos en el clásico. Finalmente, se podrá concurrir a dicha tribuna, la que, según los organizadores, es la más peligrosa.
La guardia de seguridad no quiere saber nada con entrar al estadio, por temor a que les canten algo, les chiflen o les tiren con algunas butacas por la cabeza. El ministro Bonomi cuida más a los coraceros que a su propia señora, que siempre está en la zona más caliente de los clásicos. Fue la que una vez dispersó la barra cuando se les venían encima a los sargentos, los cabos y los coraceros de segunda.
El clima para el domingo por la tarde viene muy espeso, y los meteorólogos aconsejan algún "sismo", como el de Canelones, cuando arranquen a saltar, cantar y festejar los goles.
La Tribuna Olímpica, señores, no es para los anormales del fútbol. La gente que allí se instala, a lo sumo, aplaude cuando entran los equipos, grita gol, hace la olita y sale del estadio como de la iglesia un domingo de misa. Es una tribuna muy distinta a la de las cabeceras del estadio, donde acude otro tipo de gente, si es que se le puede tildar así. En la Colombes y en la Ámsterdam, el ochenta por ciento es gente que tiene cédula, carné de salud y un papel de constancia laboral, en caso de que se lo pidan en la entrada, mientras que el resto, generalmente, lleva un corte entre sus ropas, medio kilo de "merca" y se instala en los baños para cobrar peajes y vender "gasolina" a precios módicos.
Así como están los que venden chorizos y panchos en la tribuna, esta gente hace su negocio en los baños de la Ámsterdam y le cobra un canon a todo aquel que vaya a pararse contra la pared para vaciar el refresco. Una vez que el individuo entra para hacer su necesidad imperiosa, aparece un "comerciante" a ofrecerle un porro o a meterle una pistola en las costillas y lo invita a dejar unos pesos para el vino y los caramelos.
La cosa no está muy clara todavía y de acá a mañana a las autoridades les puede dar por tomar otra resolución, como no habilitar los palcos. Allí también algunas veces beben de más y terminan refregándose las panzas, vomitándole el whisky al rival en la cara y cosas por el estilo. Allí están los que asisten de arriba de las bolsas: doctores, diputados, embajadores, contratistas, ministros y algunos expendedores de café o helados, que nunca faltan en las tribunas.
De fútbol es lo que menos se habla. Aún no se sabe qué defensa parará Peñarol y cuál será el medio campo tricolor, pero sabemos cómo estarán formados los coraceros en la puerta para sacarte el mate, el termo, la radio y la pistola "nueve", en caso de que te olvides de dejarla en tu casa. No se podrán realizar cánticos ofensivos hacia la hinchada que tienen enfrente, porque el árbitro detendrá el partido inmediatamente. La imagen es todo en este tipo de partidos, porque nos están viendo en todo el mundo y, después, McCartney, los Rolling o Ricky Martin no van a querer actuar en el estadio ni loco, por miedo a que les tiren petardos o le cobren el peaje, cuando vayan a vaciar la vejiga.
Se acaba de oír un sismo en Canelones, que no es por las libretas truchas, sino por obra de la naturaleza, que nos quiere arruinar el clásico. Cuando no es por lluvia, es por frío, y, en esta ocasión, la Pacha Mama nos tira con un pequeño sacudón. Acá no estamos acostumbrados a jugar con sismos. En otro lado hay zonas que juegan hasta con algún terremoto, si no es muy grande, pero acá, más allá de jugar bajo agua en un Troccoli -que es más grave todavía-, nada más.
Hablando de Olímpica, el que sigue olímpico es Julio César Maglione, este botija que, seguramente, mañana estará sentado en los palcos. Sigue hasta el 2020, según lo que resolvió el COU. Había una movida sorda para sacarlo del forro del saco, pero el hombre tiene más vida que Matusalén y toda su familia junta. Maglione seguirá colocando medallas en el pecho de nuestros atletas. Desde las Olimpiadas de Grecia para acá, no se le ha escapado ninguna. Maglione, según los años que hace que está en esto de las antorchas y las maratones, seguramente conoció en persona al tipo aquel que se hizo 42 kilometros corriendo para avisar que se había ganado una guerra.

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