Noticias Tuyas, estés donde estés | Durazno, Uruguay | Seguínos en Seguínos en Facebook    
Adolfo Bioy Casares: Soñar despierto
| 24/03/2009
Click para cerrar

A diez años de su muerte (el 8 de marzo), la vida y la obra de uno de los mayores cultores de la literatura fantástica del habla castellana del siglo XX.

I
Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires, el 15 de septiembre de 1914, proveniente de una familia de estancieros. Su padre, Adolfo Casares, estimuló su gusto por la lectura, pagándole la edición de sus primeros libros. Tras haber abandonado sus estudios en La Facultad de Derecho y luego con igual suerte, en la de Filosofía y Letras; administró los campos de sus padres en Pardo, provincia de Buenos Aires. Allí también fracasó, aunque utilizó el tiempo para leer innumerables libros de filosofía y literatura, acrecentando su pasión por las letras.
Sus prematuras publicaciones fueron más tarde desdeñadas con severidad por el mismo autor, considerando a La invención de Morel como su primer libro -en verdad cronológicamente fue el séptimo-. Corría 1940, año en que se casó con Silvina Ocampo y conquistó la consagración al ser galardonado por dicho libro, con el Premio Municipal de Literatura de la ciudad de Bs. As. Pero pronto advirtió que su mayor privilegio fue el haber conocido antes de los veinte años a Borges, con quien compartió medio siglo de prolífica amistad.
Escribieron y trabajaron juntos casi inseparablemente: en la editorial Emecé -dirigiendo la colección de novelas policiales El Séptimo Círculo-, en la ilustre revista Sur, su efímera Destiempo -donde sólo alcanzaron los tres números-, y en influenciables antologías. Además de realizar exquisitas traducciones -de Rudyard Kipling, Lord Dunsany, H. G. Wells, etc- y prólogos; escribieron en colaboración las ficciones: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Un modelo para la muerte (1946), Crónicas de Bustos Domecq (1965), entre otros. Fue una dilatada amistad que se interrumpió con la muerte de Borges recién en 1986.
Con la publicación del volumen de cuentos La trama celeste, Bioy -gravitando desde una perspectiva de literatura inventiva, no realista- comenzó paulatinamente a escribir con mayor soltura y un tono más costumbrista. Siguiendo este corte estético, alcanzó -lo que muchos consideran su obra maestra- El sueño de los héroes, novela ambientada en Buenos Aires, en los días del carnaval de 1927. Narración, donde el protagonista Emilio Gauna entrevé su destino cíclico.
En la madurez, siendo fiel partidario del argumento y de la literatura deliberada continuó sus prolíficas invenciones en novelas: Diario de la guerra del cerdo (1969), Dormir al sol (1973) -por la cual sentía especial deferencia al estar "desprovísta de tragedia, de dolor", La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985), De un mundo a otro (1998) y en los tomos de cuentos: El lado de las sombras (1963), y El héroe de las mujeres (1978), entre otros.
De sus distinciones se destaca el Premio Miguel de Cervantes, máximo reconocimiento de la lengua española obtenido en 1990. Adolfo Bioy Casares, quien contribuyó a aproximar la literatura argentina -como Borges y Wilcock- a las grandes literaturas, falleció el 8 de marzo de 1999, a la edad de 84 años. Su obra ha sido traducida a 16 idiomas.

II
La linealidad y simpleza con que redactó sus libros fue fruto de largos años de intentos, época de sus primeras y fallidas publicaciones: 1928 y 1940. Entonces, según el mismo Bioy, la vanidad por una prosa barroca terminaba por asfixiar la trama, haciendo la lectura casi imposible. Pronto desistió y comenzó a inclinarse por el estilo transparente, análogo al de Voltaire y Azorín. Así surgieron las novelas: La invención de Morel y Plan de evasión. No obstante, se trataron de obras ligeramente frías y cerebrales. Sin caer en el terreno psicológico -del cual nunca se consideró admirador-, y procurando una grata empatía por el lector; continuó su búsqueda formal con mayor atención y dedicación.
Con el correr del tiempo, comenzó a rechazar el estilo deliberadamente literario, y prefirió uno invisible -sin estridencias, apacible- para narrar sus invenciones. Ya contando con un estilo maduro, sólo tuvo que dar con buenos argumentos. Sus mayores aciertos: El sueño de los héroes, La trama celeste o "En memoria de Paulina", confirman no sólo su inusual capacidad inventiva, sino la efectividad del estilo llano con que narra los hechos. Su arte consistió en esforzarse para hacer verosímil algo muy asombroso. Otros escritores -léanse Horacio Quiroga, Walter de la Mare, Sheridan Le Fanu, M. R. James, entre otros- utilizan el proceso inverso, produciendo magros resultados.
La clave para resolver el enigma estilístico de este escritor discreto, continúa en pie. El novelista argentino Pablo De Santis, arguyó que las ficciones de Bioy respetaban principalmente dos leyes: la primera, consiste en que lo fantástico da forma a lo cotidiano y la segunda reside en la distracción del narrador.
Cultor de un costumbrismo fantástico, creador de tramas perfectas; Adolfo Bioy Casares es uno de los pocos autores latinoamericanos -como José Félix Fuenmayor, Francisco Tario y Felisberto Hernández- que al citar su obra resulte casi imposible hacerlo sin ponderarla. A diez años de su muerte, sus libros permanecen inmutables, tan accesibles como siempre.

Colaboración de Augusto Munaro, periodista cultural argentino

COMPARTIR NOTICIA



Otras contratapas
Diario independiente de la región centro sur del país
Av. Artigas 374 | Durazno, Uruguay | +598 4362 4416