
Hace unos días tuve la chance de ver una película que me pareció bastante interesante, se llama: “The invention of Lying”, en español: “La invención de la mentira”, protagonizada por Jennifer Garner y Ricky Gervais. Como no sé nada acerca de cine o actuación no podría afirmar que sea una buena o mala película, tampoco viene al caso para esta columna.
Decía que me parecía interesante esta comedia. Se desarrolla en un mundo en el cual no existe algo semejante a la mentira (una de las conductas que mejor nos definen como humanos). Todos dicen la verdad en este universo, suene como suene, sin importar las consecuencias porque claro, no existe para esta gente una alternativa a la cruda verdad.
Por ejemplo: el protagonista, Mark Bellinson, concurre al hospital geriátrico donde reside su mamá, en la puerta del edificio hay una frase que reza: “Un triste lugar para personas ancianas sin esperanza”. Allí ocurre un diálogo en el que la recepcionista del lugar dice:
–Hola, ¿está aquí para abandonar a un anciano?
–Ya lo hice. Martha Bellinson, soy su hijo.
–Oh, es bueno que esté aquí, ella no está bien. Debería decirle su último adiós el día de hoy.
A pesar de lo absurdo de las situaciones que se plantean, resulta ser un entretenido ejercicio de reflexión, porque son la clase verdades que cualquiera de nosotros va falseando sin ningún tipo de pudor. A veces ni siquiera razonamos sobre las mentiras que decimos, ya que las tenemos tan incorporadas a nuestro comportamiento que quedan invisibles, son algo así como conductas automáticas. Muchas veces mentimos para no perturbar al otro, son las que normalmente llamamos: mentiras piadosas, a veces lo hacemos para evitar un conflicto o situaciones incómodas.
Otra escena como ejemplo:
Momento en que se encuentran Mark y Anna (J. Garner) para salir:
–Desearía que esta cita terminara en sexo.
Rápidamente y sin dejarla picar, ella contesta:
–No te encuentro atractivo
–Oh. ¿Nos vamos?
El mozo del restaurant al que Mark lleva a Anna en su cita:
–Estoy avergonzado de trabajar aquí. Y tú eres muy bonita. Eso sólo empeora la situación.
–Si te doy mi número… ¿me llamarías?
–No
Recordemos esa publicidad que supongo todavía circula por los canales de televisión, que rima con lo que venía diciendo arriba.
“Te quedó espantoso, amor”
No imagino lo que sería de las agencias publicitarias si fueran totalmente honestas con respecto al producto que intentan vender, o de los noticieros, si no pudieran “informarnos” sobre todas las desgracias ocurridas durante la jornada, sólo porque en realidad es lo que más vende… la lista es larga.
Según diversos estudios científicos mentimos entre cuatro y veinte veces por día, como mínimo. Calculen la cantidad de mentiras que decimos a lo largo de toda nuestra vida, contando las exageraciones, las omisiones, los pequeños cambios en los detalles, o las veces que decimos lo opuesto a lo que sentimos o pensamos… el número debe ser bastante alto.
Pero no sólo mentimos al prójimo (lo cual es pecado según las religiones), nos mentimos a nosotros mismos… muchas veces de forma inconsciente, pero lo hacemos.
Utilizamos diferentes mecanismos psíquicos, mediante los cuales negamos aspectos de la realidad y también acerca de nosotros mismos, de manera que sería una forma de mentira natural para defendernos de la angustia que podría sobrevenir en caso de que la verdad nos asalte sin estar preparados para enfrentarla. Vale aclarar que estos mecanismos son bastante más complejos pero no nos vamos a extender en ellos ya que excede los propósitos de la columna.
Sería imposible existir sin esta clase de mentiras, para vivir en sociedad hay que mentirse un poco a uno mismo y a los demás. No hablo de vivir en un engaño o de las mentiras que son utilizadas para provecho personal (que son bastante comunes también), me refiero a este tipo de mentiras triviales que permiten por ejemplo que una simple conversación no termine en confrontación.
El que dice que nunca miente seguramente algo esconde, posiblemente ni siquiera se da cuenta de cuando lo hace, o lo que es más probable aún: está faltando a la verdad… una vez más.