Mujica fue proclamado el jueves por la Corte Electoral, en forma oficial, como presidente electo, luego de la finalización del escrutinio definitivo de la votación de la segunda vuelta electoral del domingo 29. En el mismo acto, proclamó a Danilo Astori como vicepresidente electo.
La fórmula que conformaron ambos obtuvo finalmente el 52,39% de los votos, frente al 43,51% que recogió el binomio integrado por Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga. Esto marca una diferencia definitiva de casi nueve puntos a favor de la fórmula del Frente Amplio. Los votos en blanco fueron 2,32%, mientras que hubo un 1,75% de sobres con hojas de votación anuladas, y un 0,03% de votos observados que resultaron también anulados.
Estos son los números finales que permite que caiga el telón de una larga marcha electoral que se inició en el mes de junio, con las elecciones internas de los partidos políticos, donde Mujica derrotó a Astori y prosiguió con la primera vuelta en octubre, en la que ambos, ya como fórmula, se convirtieron en los más votados aunque sin alcanzar la mayoría requerida constitucionalmente para ser proclamados presidente y vicepresidente. Hubo que esperar un mes más para que finalmente se dilucidara algo que estaba escrito en las tablas desde mucho tiempo atrás: Mujica será el próximo presidente de los uruguayos.
Sin embargo, esta espera de un mes tuvo un significado importante, ya que el resultado de octubre, que le dio la mayoría parlamentaria pero le negó la victoria, terminó, al fin de cuentas, favoreciendo a Mujica. Es que para el balotaje su candidatura tuvo más votos que el propio Frente Amplio, un dato nada menor, porque esto le dará poder para marcar un rumbo que vaya más allá de las luchas internas de los diferentes sectores que componen el Frente Amplio.
Le da también, cierta tranquilidad para manejarse con los compromisos partidarios a los que debió acudir durante el proceso electoral. Desde las internas, Mujica tiene compromisos con el Partido Comunista, además de su propio sector, el Movimiento de Participación Popular. Pero tras las elecciones internas también asumió obligaciones con el propio Astori.
Estos compromisos se traducen en cargos de gobierno por un lado, pero también en las orientaciones del gobierno, aunque Mujica ha puesto el acento en que se propone realizar una gestión de continuidad de lo hecho por Tabaré Vázquez. Así quedó expresado en la noche del triunfo cuando agradeció públicamente al presidente, señalando que la gestión del gobierno que finaliza fue la mejor estrategia de marketing que tuvo su triunfo.
El resultado final consolidó, entonces, la mayoría del Frente Amplio y castigó duramente la candidatura de Lacalle, quien perdió porque cometió muchos errores, llevando adelante una campaña errática, sin dirección y usando argumentos que está probado que ya no calan en la sociedad uruguaya (léase intento de involucrar a Mujica con el caso Feldman).
Pero además, ocurrió que una vez más Lacalle no sintonizó con la mayoría de los uruguayos; al decir de un connotado publicista: “la gente rechaza a los pera erguida”. Se me ocurre que hay, también otros factores. El uruguayo es estatista, culturalmente defensor del Estado y desde los años `90 los partidos tradicionales se han encargado de achacar al Estado todos los males de la sociedad y se habla un día sí y otro también de su achicamiento, mientras que el Frente Amplio, por el contrario, lo defiende, e incluso promueve soluciones a través del Estado.
El senador Sergio Abreu, uno de los más lúcidos dirigentes del Partido Nacional, ya interpretó las señales de los uruguayos: “no tenemos una sintonía clara entre las necesidades de la sociedad y las propuestas que se realizan” y propone “tratar al Estado sin preconceptos, interpretar la economía de mercado con firmeza, pero también hacer hincapié en los mecanismos de distribución”.
Esta nueva derrota de los blancos generará problemas al interior del Partido Nacional: habrá disputas por el liderazgo y pone al partido de Oribe contra las cuerdas si se orienta la mirada hacia el año 2014.
A pesar de que Lacalle diga que es su penúltima postulación, no parece que vaya por una revancha y Larrañaga ya aparece ante los ojos de los propios blancos como un candidato que ha perdido fuerza. Desde que se lanzó a la escena nacional, tras dos períodos al frente de la intendencia de Paysandú solo ha ganado una elección interna, en el año 2004 frente a Lacalle.
Con este panorama, para las elecciones del 2014, con un Vázquez que quizás se lance al ruedo, el Partido Nacional puede ser mañana el Partido Colorado de hoy.
Mientras tanto, si Mujica no comete errores y lleva adelante una gestión más o menos parecida a la de Vázquez, la era progresista tiene una larga vida.
(*) Periodista, co-conductor de Código País Teledoce