
Y esto es una realidad ya incontrastable a nueve días del balotaje.
Las encuestas de opinión, las realizadas por las empresas profesionales y serias, vienen dando a conocer los números que reflejan el estado de opinión de la ciudadanía y no hay una que no dé cuenta que Mujica no vaya a ser el próximo presidente de la República.
De esta manera se prolonga por un período más la experiencia de la izquierda en el poder, aunque se plantea una fuerte interrogante en cuanto a si efectivamente será una continuidad de la exitosa gestión de Tabaré Vázquez o si habrá cambios en la forma de gobernar.
Esta incógnita, que no es menor, comenzará a ser despejada cuando se comiencen a conocer los anuncios sobre los criterios para la composición del nuevo gabinete. Ya se sabe la regla que se va a manejar en materia económica, que seguirá los lineamientos de la actual conducción, con la batuta y bajo la mirada de quien será el vicepresidente, Danilo Astori, pero han comenzado a haber algunos chispazos en cuanto a la otra gran pata que debe trabajar en conjunto con Economía, esto es la cancillería. Todo a pesar de los dichos de Mujica y Astori, sobre la necesidad de articular el trabajo en esas dos áreas. Y es que ya con el “pescado vendido”, las “barras” como alguna vez denominó Mujica a la suya del Movimiento de Participación Popular (MPP) y la de Astori, que también la tiene en la interna del Frente Líber Seregni (FLS), un conglomerado que lleva en su seno a varios grupos que van desde la propia Asamblea Uruguay, pasando por el Nuevo Espacio, la Alianza Progresista, Uruguay Afirmativo, Banderas de Líber y el Movimiento de Integración Alternativo, quieren participar en el reparto de la torta.
Explicativo de este momento político que se vive en la interna del Frente Amplio es la versión difundida ayer en el periódico La Diaria en donde si bien se admite que no se quiere ingresar en ese terreno antes del balotaje, en el FLS aceptan y lo dan como un hecho, que las negociaciones con el Espacio 609 para la integración del gabinete “probablemente serán duras”. Y ponen de ejemplo al Partido Comunista, aliado del MPP al que se lo visualiza como uno de los sectores que procurarán hegemonizar el gobierno a través de la ocupación de espacios, con la excusa de la desconfianza ideológica, algo que saben, y de sobra, los seguidores de Astori.
De la manera en que se salde esta pulseada, será el tono que tendrá el próximo gobierno: si habrá continuidad o cambio…, más a la izquierda. Si efectivamente se estará más cercano, por ejemplo, a las posturas del verborrágico Hugo Chávez o en consonancia con las de Lula tan publicitadas en este último tiempo.
Pero a pesar de que esto es un tema que tiene que dilucidar en su interna la fuerza de gobierno, esta pulseada no debería ser ajena a la oposición que representa casi la mitad de la población. ¿Cómo, de qué manera? Eso estará por verse ya que tiene mucho que ver con lo que pase de aquí en más, en el tramo final de la campaña, y en esto importa ver el tono, si efectivamente piensa abandonar el acento agresivo, que no quiere decir que no sea crítico, pero dentro de las reglas generales de la búsqueda de los consensos, o se seguirá con el enlodamiento.
Si efectivamente hay interés en ambos lados de construir acuerdos nacionales, el tránsito final de la campaña será, sin duda ejemplar.
Está en manos de los líderes políticos el soldar los puentes cortados. Es un camino que reclama la ciudadanía, porque esa lectura es la que se debe hacer y no la de un país dividido, de una parte contra la otra.
Solo basta mirar con atención los respectivos programas de gobierno, no hay tanta discrepancia y sí puntos en común.
(*) Periodista, co-conductor de Código País Teledoce