
En medio de este cuadro la opción del Partido Independiente, liderada por Pablo Mieres, surge como una alternativa para aquellos que no se sienten representados ni por José Mujica, ni por Luis Alberto Lacalle. Un partido que quiere convertirse en la bisagra del sistema político, en el puente entre dos opciones tan alejadas como opuestas y que están representadas hoy por el Partido Nacional y por el Frente Amplio.
Pero para llegar a cumplir ese papel, el Partido Independiente debe conseguir una votación acorde que le de, al menos, una banca en el senado, con lo que se asegura, además, unos tres diputados. Pero no basta con obtener esa bancada, los independientes necesitan, además, para cumplir a cabalidad el papel de puente o bisagra, que no haya mayorías parlamentarias, ni del Frente Amplio ni de la coalición blanquicolorada. Es por eso que el líder de este partido, Pablo Mieres, insiste en “parlamentarizar” la elección, señalando ante todo aquel que se le ponga delante que no es bueno para la democracia y, por ende, tampoco para los partidos, las mayorías absolutas. Para ello hace hincapié en lo que fue el accionar del actual gobierno que actuó con quórum absoluto en el parlamento, dejando de lado a la oposición que no tuvo posibilidad de cumplir con su papel de contralor de esa mayoría.
Este eventual panorama de mayoría parlamentaria se incrementa, según Mieres, si el que lo logra es el Frente Amplio nuevamente, pero esta vez con su candidato, José Mujica, de quien, señala despierta amores y rechazos por igual, pero no certidumbre a la hora de gobernar.
¡Menudo desafío tiene por delante el Partido Independiente! La historia política de las terceras posiciones en el Uruguay, asumiendo que hay un polo en los partidos tradicionales y el otro con el Frente Amplio, son difíciles de mantener. Sin embargo, hoy, dado el panorama político que se presenta, hay un campo fértil para que el Partido Independiente ingrese con fuerza en el parlamento y puede ser definitorio en algunos casos.
Pero quizás uno de los desafíos mayores que tiene hoy es convencer a los indecisos, que son quienes definirán a la postre muchas cosas en estas elecciones. Pero entre otras cosas debe convencer a una masa importante de votantes que el Partido Independiente no es neutral sino que es una organización equidistante. Y esto, que parece un juego de palabras no lo es. Es el meollo de la existencia de este pequeño partido. Neutral tiene como uno de sus sinónimos la indiferencia y un partido que quiere ser definitorio, debe ser responsable y comprometido, nunca indiferente. En cambio, la equidistancia implica que no se está comprometido con alguien en especial, grupos de poder, partidos, etc., pero que no se lava las manos.
Todo esto se ciñe a la construcción del aspecto ideológico de este partido, pero las organizaciones políticas surgen para quedarse, para trascender, para tener vida más allá de una elección y de los nombres. Por lo tanto, el otro gran reto del Partido Independiente es batallar para fijar su estructura partidaria, ya que el sustento de una candidatura no se consigue únicamente con dinero -que se hace cada vez más difícil de conseguir- ni con las ganas del candidato. Es necesario meterle en la cabeza a sus seguidores, a “los cosechadores de votos”, que hay un futuro, y que al final del camino va haber un premio acorde a lo prometido.
El desafío de Mieres es inmenso y ese camino, lleno de piedras y espinas, lo debe recorrer cada día, tratando de convencer, de mantener la magia a su candidatura y a su partido. Pero sabe que cada día que pasa se hace muy difícil escapar de la polarización, por eso su empeño en recordar que ahora se está eligiendo el parlamento. Para cumplir con su objetivo, en esta etapa a Mieres solo le cabe entusiasmar afuera de partido, conseguir votos prestados para esta ocasión, una tarea ardua y difícil, pero no imposible dado el perfil de los candidatos mayoritarios.
(*) Periodista, co-conductor de Código País en Teledoce