
La primavera ha traído nuevos colores al panorama de las ciudades, pero en los árboles no sólo son los brotes nuevos los que brindan color, impresos en ellos se pueden observar también los innumerables anuncios de las distintas listas. El paisaje ciudadano presenta pasacalles "adornando" y carteles que revelan candidatos con sus caras sonrientes y claramente retocadas con photoshop (algunos de tamaños increíbles, llegando a ocupar toda la fachada de los edificios).
A todo esto se agrega la música y los jingles que se repiten una y otra vez, mala suerte para el que vive cerca de un comité. Existen cuadras íntegras, en Montevideo por ejemplo, por donde hay que tomar carrera y pasar corriendo, eludiendo la lluvia de papeletas de todos los colores y sus combinaciones (aclaro que no tengo nada en contra de las personas que se encargan de repartirlas durante días enteros y cobrando lo mínimo por ello)
Si usted tiene televisión por cable puede encontrar opciones y huir del bombardeo propagandístico, o de lo contrario sufrir las consecuencias.
Es seguro que el problema lo tiene aquel que puede ver nada más que los canales de aire uruguayos. El ciudadano común termina deseando que llegue el día de elección, pero no simplemente por que es un derecho y un privilegio, o como se dice popularmente: "una fiesta de la democracia", lo termina deseando también para no volver a escuchar un solo spot más (al menos por un tiempo)
Además de la invasión de los noticieros, el bombardeo obliga a cambiar de canal, pero claro, el siguiente exhibe más de lo mismo y así sucesivamente hasta volver al comienzo del veloz zapping.
He sacado la conclusión de que es muy mala idea decidirse a ver una película en uno de estos canales. Las incontables pausas interrumpen constantemente el desarrollo (aunque no necesariamente tiene que haber elecciones para que esto ocurra). Para cuando se vuelve de la tanda el televidente apenas puede recordar qué era exactamente lo que estaba viendo. A las malas programaciones ya existentes se les suma la propaganda, convertida en la protagonista del momento.
Las numerosas telenovelas mexicanas, programas argentinos de calidad variable, publicidades de detergente y demás productos de limpieza, se complementan con los nuevos spots que apelan al sentimiento y la emoción fácil.
Pasado un tiempo se termina disfrutando esos comerciales de detergente, sólo por el simple hecho de que dan un respiro antes de que las verdaderas estrellas de la pantalla regresen abrazadas entre si, saludando en caravanas interminables, envueltos en sus banderas "al ritmo de la música".
Los noticieros (que permanecen cada vez más tiempo en el aire) se dividen en las tristemente populares crónicas rojas (esa sería la primera mitad), y el resto es dedicado intensamente a las "coloridas" campañas políticas. A lo sumo un tramo de deportes, los goles de la fecha (del campeonato uruguayo), goles de futbolistas orientales en el exterior y algún que otro compacto deportivo para rellenar.
Claramente es un recurso muy útil para ganar votos, pero uno se pregunta si será un "mal" tan necesario, especialmente cuando escucha sobre las cifras de dinero invertidas en este tipo de campañas. Pero por algo sucede en todo el mundo, hace poco tiempo se podían apreciar las campañas de los distintos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos y los shows montados que se robaban el protagonismo.
En estas épocas electorales la gente está demasiado sensible al tema y da la sensación de que la propaganda constante alimenta la intolerancia y la irracionalidad entre los votantes. No vendría mal un momento de silencio para que las personas puedan pensar con un poco de tranquilidad (más allá del período de veda).
Pero habrá que aguantar unas semanas más, esto sucede cada cinco años y no hay que olvidar que durante cierto lapso de tiempo (entre 1973 y 1985) estas instancias de elecciones y propaganda fueron suprimidas.
Supongo que hay cosas peores… incluso muchas de ellas pueden verse por televisión.