
La música tiene la cualidad de dejar momentos congelados en el tiempo. No hay nada más placentero para un buen uruguayo que recordar viejos tiempos y la música es un medio esencial para esto. Una canción basta para irnos un rato al pasado, y por supuesto que no importa cuál sea, puede ser la canción más decadente de todas las épocas, aún así cumple su función indispensable de transporte, como una máquina del tiempo. Hay canciones que se destacan por su calidad y contenido, otras lo hacen por tener la propiedad de pegarse al oído y la memoria en un momento dado y generar esa extraña sensación, donde se mezcla el placer y la conciencia del paso del tiempo. En este momento se me ocurre una canción llamada: “La rubia del avión” de Los Ladrones Sueltos, e inevitablemente surge “Era muda” de los mismos delincuentes, que a mediados de los noventa hacían mover a las masas bolicheras. Son miles los ejemplos y sé que cada uno tiene alguna canción y el recuerdo de esta clase para ocultar. Se hace imposible no bailarlas hoy en día, cuando suenan perdidas entre reggaetones durante alguna fiesta.
Es inevitable para cualquiera que haya vivido por lo menos parte de la década pasada pensar en “las lentas”. Cuando surge la nostalgia en alguna reunión no se descuida jamás esta cuestión, siempre hay alguien que tarde o temprano las traslada a la conversación.
El tema de “las lentas” tiene todo un oscuro trasfondo, no es un fenómeno que deba tomarse a la ligera. Hay que situarse adecuadamente en tiempo y espacio para poder analizarlo.
El momento de las canciones lentas era al final del baile y/o bailable. Tenemos dos puntos desde donde situarnos para verlo: el primero es el de la conquista, que puede ser un momento de gloria eterna, el momento en que ella dijo que si y fueron felices mientras bailaban. El segundo es el del rechazo y la posterior recuperación anímica que arrastra todo rechazo, además de las secuelas psicológicas.
Pero hay un tercer punto de vista y es el más complicado, este es el del proceso. Invitar o no invitar…esa es la cuestión. Los difíciles momentos de decisión e indecisión previos al rechazo o la gloria. El instante de la lenta es el que recordamos, es lo que se ve a simple vista: el momento de bailar o de volver resignado, esto es simplemente la punta del iceberg. Llegar a esta instancia requiere de varias barreras y obstáculos a desafiar y vencer (nada fáciles). Requiere, como decía, de mucha decisión, control de ansiedad, y sobre todo de vencer el miedo al posible (o inminente) rechazo. Porque operan múltiples factores que pueden jugar en contra a la hora de dar el paso definitivo. Hay que tener en cuenta el hecho de que no todas las personas se tienen la misma confianza, he ahí el problema. Requiere de cruzar la pista ya decidido y llegar a destino, sin abortar la misión en el camino, disimular y seguir caminando hacia los baños. También mencionemos al que no logró decidirse a tiempo, o sea, antes de que la fiesta terminara, o peor aún, que alguien más (antes que él) haya encontrado el “atajo” a su destino. Otra vez será.
Yo propongo “Don´t cry” de Guns n´ Roses como la reina de las lentas, conozco un montón de canciones que pueden competir, pero dudo que haya alguna que la supere, claro que todo es cuestión de gustos y cada persona habrá vivido sus propias canciones.
En esta noche de la nostalgia, cuando vuelven transitoriamente esas lentas, creo que las damas deben tener en cuenta a la hora de evaluar al candidato y dar el veredicto, la valentía de aquel, que quizá no se parezca al príncipe pero que realmente fue capaz de superarse a sí mismo.
Semejante valor debería ser apreciado y el protagonista premiado por su esfuerzo y sacrificio. Porque realmente es un acto de valor, llegar hasta a ese punto de invitar a bailar una lenta, eso es ser valiente. El verdadero héroe es el que precisamente se vence a sí mismo, el que vence su propio miedo y dudas. Este merece los aplausos y el reconocimiento.
Por otro lado brindo por las damas que no esperan ser invitadas y van al frente, venciendo todo tipo de barreras y prejuicios instalados, ellas de verdad merecen los aplausos y el reconocimiento. Pero que no se haga costumbre de parte nuestra tampoco.
En fin… como dice el célebre pensador y poeta contemporáneo Sergio Dalma: “Bailar pegados es bailar”