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Uruguay Deportivo
Pocos fenómenos influyen en la vida cotidiana de los uruguayos como lo hace el fútbol. El sábado pasado jugó la selección uruguaya en el Centenario, la gente llenó el estadio aunque el frío castigó duro y el precio de las entradas fue bastante elevado.
Luis Devitta | 13/06/2009

A pesar del frío, éste finalmente se pudo soportar debido a que la actuación del equipo hizo entrar en calor a todo el estadio.
A pesar de lo ocurrido ese fin de semana, fueron muchas las personas que siguieron por radio, televisión o internet la última presentación del miércoles, otra oportunidad, y una nueva entrada en calor que alejó el frío otra vez.
Está claro que la cultura uruguaya está atravesada por el fútbol, pase lo que pase, la gente sigue llenando el estadio, es como si de alguna manera se regenerara el sentimiento de esperanza, que probablemente vaya más allá de lo que es un simple encuentro. Al ser el fútbol un elemento importante en nuestra cultura, no es raro pensar que el uruguayo siente mucho más allá de lo que es un simple juego, tiene que ver con la identidad propia del país.
La sed de gloria, la necesidad de ganar, de probar a los demás y a nosotros mismos, que de alguna manera seguimos siendo grandes, es parte de la identidad y lo contrario altera la misma.
Decía que el fútbol es mucho más que un juego, además de ser una manera de dejar de lado los problemas de todos los días, es una forma también de descargarlos en una tribuna o bien frente al televisor. Esa presión se traslada a la cancha y la esperanza se hace pedazos luego de cada partido, pero aún así, cuando juegue otra vez, seremos muchos los uruguayos siguiendo al mismo cuadro.
Es gracioso y a la vez bastante triste escuchar y comparar los comentarios y opiniones de los mismos hinchas antes y después de los partidos. La euforia y la certeza de ser "los más grandes", con Maracaná y todos los demás logros históricos encima, se convierte en la bronca producto de la impotencia y la vuelta a la realidad.

"Invictos en Europa, invictos en América"

En otra columna decía que el uruguayo es adicto a la nostalgia, ese sentimiento de vuelta constante al pasado (siempre mejor) y de intentar revivirlo es una adicción de la que el uruguayo no puede escapar.
El fútbol nos dio en su momento muchos motivos para festejar, así, un país con tres millones de habitantes y escaso desarrollo a nivel económico se fue haciendo adicto a las hazañas deportivas durante gran parte del siglo pasado. A medida que se iba yendo el milenio, empezaron a escasear los títulos y por lo tanto se terminaban los festejos, esa falta de logros fue provocando una especie de síndrome de abstinencia que ataca antes, durante y después de los partidos de "la celeste" y se manifiesta con la euforia anterior al juego y el sentimiento de: "siempre lo mismo", posterior a este.
A veces da la sensación de que se espera demasiado de un grupo de futbolistas, que se ven claramente superados por rivales que simplemente jugaron mejor durante esos noventa minutos, esto le sucede a cualquier equipo, quizá aceptarlo de la mejor manera posible y quitarle drama a la situación no vendría tan mal, aunque es difícil.
¿Cuál sería la clave de esas selecciones de hace algunas décadas?, ¿la popular "garra charrúa"?, ¿se jugaba mejor?, o simplemente los demás países evolucionaron y acá no logramos acompañar esos procesos.
Maracaná está ahí siempre, latente, esto se puede ver clarísimo cuando se despliega la bandera celeste de 1950 en cada uno de los partidos. Está presente la fantasía de que ese fantasma ronda a los brasileros cada vez que se enfrentan a "la garra charrúa". Me parece que en Brasil se superó el trauma hace tiempo, después de ganar 5 copas del mundo seguramente han aprendido a sobrellevarlo. Los que no nos recuperamos somos nosotros, y el fantasma de Maracaná al que refieren muchas veces los periodistas deportivos nos ronda y nos juega en contra.

"Nostalgia que no se celebra"

Los especialistas en esto de invocar fantasmas, y de crear mitos, para bien o para mal, son los periodistas deportivos, expertos en opinión y formadores de esta. Como en todos los ámbitos de la vida, los hay buenos y malos. Creo que algunas de las fantasías nacen de ahí, vendrían a ser como los generadores de expectativa y quienes distribuyen "nostalgia" (siendo ellos adictos a la misma) aprovechando el alto grado de dependencia que posee de esta "sustancia" el uruguayo.
Al final la nostalgia se transforma en presión, la presión genera ansiedad, la ansiedad bien manejada no genera demasiado problema, pero cuando se hace intolerable se convierte en pánico, en el fútbol se transforma en pobres actuaciones a nivel del juego y generalmente en malos resultados, a su vez estos producen hostilidad hacia los deportistas.
Seguramente el bajo rendimiento tenga más que ver con lo anímico que con lo deportivo, teniendo en cuenta las individualidades con las que cuenta el equipo dicho rendimiento debería ser mucho mayor. Pero sólo es una idea.
Por más que uno trate de entender o analizar las posibles causas de lo que sucede con la selección es muy difícil llegar a divisar una solución, pero al fin y al cabo esta tarea corresponde al director técnico.
Es cierto también que si el resultado hubiese sido otro, estaría escribiendo sobre otra cosa, pero como en Uruguay todos sabemos mucho de fútbol, dirigí la columna hacia este tema y claramente no llegué a ninguna conclusión.








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