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La música tiene distintos significados, funciones y efectos. La terapia puede ser uno de ellos. Algunas décadas atrás se comenzaron integrar ambas para formar una nueva disciplina: la Musicoterapia.
Luis Devitta | 03/03/2012

La música ha sido considerada desde siempre, y en todas las culturas, como una extensión, o expresión de lo divino (también de lo demoníaco). Los sonidos de una melodía tienen diferentes funciones y efectos, según quien la escuche o la ejecute.
Fue comprobado científicamente que el ritmo musical puede influir sobre el funcionamiento cardíaco o sobre la frecuencia respiratoria .Puede, también, ser estimulante o calmante. Pensemos en las canciones de cuna, estas son usadas como sedantes naturales para atraer el sueño de los recién nacidos.
Los pioneros en Musicoterapia tenían muy en cuenta las propiedades que los sonidos poseen, y sospecharon -desde el principio- del potencial que había en la fusión con algunos dispositivos terapéuticos.
La que sigue es una definición que da una idea general perteneciente a la Federación Mundial de Musicoterapia (1996), veamos: "la musicoterapia es el uso de la música y/ o de los elementos musicales (sonidos, ritmo, melodía, armonía ) por un musicoterapeuta calificado con un paciente o grupo de pacientes, para facilitar o promover la comunicación , la interrelación, el aprendizaje, la movilización, la expresión, la organización y otros objetivos terapéuticos relevantes, con el objeto de atender necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas. La musicoterapia apunta a desarrollar potenciales y/ o restablecer funciones del individuo para que este pueda emprender una mejor integración intrapersonal e interpersonal, y en consecuencia alcanzar una mejor calidad de vida, a través de la prevención, la rehabilitación o el tratamiento".

Una historia

Mary Priestley es la creadora- a fines de los años sesenta- de la Musicoterapia Analítica, modelo teórico que integra el psicoanálisis con los efectos de la música improvisada entre el terapeuta y el paciente. Priestley, desde muy joven estuvo en contacto con la música (era violinista, además sus padres eran músicos). Debido a su desorden bipolar estuvo años en terapia que le dieron una mirada más profunda de sí misma. Cuando entró en contacto con la obra de Juliette Alvin -pionera en Musicoterapia- se dio cuenta de que podía acoplar aquello que había aprendido en análisis a su música. No tardó en convertirse en una referente en la disciplina.
Priestley cuenta lo inspiradora que resultó la sesión con una madre que no había logrado establecer un vínculo adecuado con su hija pelirroja. Este último dato acerca del cabello no es menor. En un momento determinado de la sesión, surge que la paciente tenía una hermana que, casualmente, era pelirroja. Con ella no tenía una buena relación, especialmente después de una escena traumática que había protagonizado algunos años atrás: la paciente volvió a casa antes de lo habitual, en el dormitorio encontró a su esposo y su hermana (pelirroja). Quedó paralizada y no pudo reaccionar frente a la situación, simplemente abandonó la habitación sin poder decir nada. Priestley le indica que reviva aquel momento, ella fue a donde estaban los tambores, golpeó y gritó insultando a su hermana, fue como una descarga, más acorde a la situación ocurrida. En ese momento se dio cuenta de que sus sentimientos de disgusto hacia su hermana los había desplazado a su hija, también pelirroja. Poco tiempo después se reencontró con ella logrando establecer un vínculo mejor. Mary Priestley relata esto en una entrevista hecha por Leslie Bunt -también referente actual en Musicoterapia- hace algunos años atrás. La Musicoterapia Analítica es uno de los modelos teóricos más reconocidos dentro de esta disciplina.

Música y terapia

Distintos modelos de musicoterapia son utilizados en diferentes dispositivos, según los objetivos que se proponga el musicoterapeuta y también con el tipo de paciente que se desea trabajar. Pueden ser intervenciones grupales o individuales. Hoy se utilizan mucho este tipo de terapias para trabajar con grupos de ancianos, pero también se ven resultados en niños recién nacidos. En autistas son buenos los resultados que ha obtenido esta disciplina: la música, a veces puede acceder a donde la palabra no puede.
La musicoterapia puede ir dirigida a las futuras madres proponiendo estimular el vínculo con su hijo antes de nacer. También situaciones de estrés, adicciones, personas con algún tipo de discapacidad pueden generar campos de acción para este tipo de terapias. Es bueno aclarar que no es necesario que el paciente sepa tocar un instrumento.
Desde la cuna los vínculos nos van creando y formando, todo esto -en la mayoría de los casos- va envuelto de melodías que nos atraviesan y que también nos van moldeando. La música tiene esa propiedad natural de formarnos, con el tiempo uno la crea, la transforma y le da su significado. Por eso la musicoterapia debe funcionar, porque efectivamente: música y terapia no sólo pueden ser sinónimos sino que también se potencian una a la otra.

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