
Muy parecido a lo que fue el año 1989, cuando cayó el Muro de Berlin y con el derrumbe del mundo comunista, este año que finaliza se lo puede catalogar como el comienzo de la caída de un capitalismo que deberá renovarse y cambiar para poder sostenerse.
Es que en sus mismas entrañas se sienten los problemas de una forma de conducir el mundo que no ha sido la más adecuada. El ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, y actual Secretario Iberoamericano, Enrique Iglesias ha dicho, con acierto, que ha sido la propia gula del capitalismo, la ambición desmedida, la que ha llevado al mundo desarrollado a esta situación. No todos los días se le rebaja la calificación a la deuda soberana de EE.UU., considerada parámetro de medición mundial durante más de medio siglo, ni tampoco se ve a Europa tan convulsionada.
Ajustándonos a lo ocurrido durante 2011, queda meridianamente claro que gran parte de los hechos acaecidos son consecuencia directa de la crisis financiera internacional que vive el mundo desarrollado desde mediados de 2007. Y que, en simetría con la crisis de la deuda latinoamericana de los años 80, ahora les toca a las economías de Europa y EE.UU. vivir la experiencia de hundirse bajo el peso del déficit fiscal y del endeudamiento excesivo. Es producto de no haber mirado hacia el más por el pobre, de no haber aprendido la lección.
El año que ya se va comienza con Europa tratando de resolver la crisis griega y portuguesa y evitando a toda costa el contagio a países con mayor peso como España e Italia. No lo han logrado, y el año termina con España e Italia sumidos en una profunda crisis y el debate sobre la supervivencia del Euro, al que muchos le dan poca vida, lo que sería una verdadera catástrofe, también para los países no comunitarios.
Y en medio de la crisis europea y de los Estados Unidos, en varios países árabes hubo rebeliones contra sus gobiernos autocráticos, poniendo fin a décadas de estabilidad geopolítica y llevando el precio del barril de petróleo por encima de los 100 dólares, la peor noticia para un mundo desarrollado que buscaba con desesperación la reactivación. La peor noticia para Uruguay, que depende cien por cien del petróleo.
Y Japón, uno de los motores de crecimiento del mundo, pero que llevaba más de 10 años de estancamiento, fue objeto de cimbronazo que afectó su estabilidad literalmente. Las imágenes del mayor terremoto y tsunami de los últimos años, junto con la explosión de la central nuclear de Fukushima, mostraron lo vulnerables que pueden ser los países.
Ese mismo mes, marzo, movilizó a millones de personas en Europa contra las políticas de ajuste, dando nacimiento al movimiento de los indignados, quizás las mayores protestas civiles desde el año 1968.
Este año también tuvo su cuota telenovelesca, cuando Dominique Strauss-Kahn, amo y señor del FMI, tuvo que renunciar por una acusación de abuso sexual en un hotel de Nueva York.
Mientras, Europa, seguía tratando de encontrar una salida a su crisis con Alemania y Francia como líderes de la situación. Esto trajo cambios de gobierno en Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España y con ellos promesas,… de mayores ajustes. Viejas recetas usadas en el sur y que ahora le toca al norte.
Y mientras ocurre todo esto en el mundo, Uruguay ingresa en el tercer año de presidencia de José Mujica, con el desafío de encontrar una política de estado para la educación, la piedra en el zapato, no ya de la administración frenteamplista sino del país. Otro tema clave y siempre presente es la seguridad.
Un 2011 que en Uruguay empezó con un debate interno en el Frente Amplio sobre el rumbo en materia tributaria y se cierra con el mismo debate: la rebaja del IVA y el impuesto al agro, son las puntas del tema. Y desde setiembre a fin de año la catástrofe del censo que se termino a prepo, sin tener seguridad sobre sus datos, lo que comportó de alguna manera un golpe a la credibilidad nacional e internacional del Instituto Nacional de Estadística.
El año cierra con la preocupación del gobierno por la presión inflacionaria, lo que obligó al Banco Central a aumentar la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 75 puntos básicos, llevándola de 8% a 8.75%.
Como aspectos positivos a resaltar, continúa el crecimiento de la economía, la baja de la pobreza y del desempleo, además del acuerdo histórico para que haya una patente vehicular única a nivel nacional.
También a destacar la anulación de la Ley de Caducidad, cosa que se hizo en medio de una dura polémica que de alguna manera se acalló cuando el país se despertó shockeado con la aparición de los restos del maestro Julio Castro y la comprobación de lo brutal de su muerte.
Ahora viene el 2012 y como en todo hay retos y desafíos por delante, pero ahora solo resta esperar que el año que viene sea lo mejor para todos.