
Debido a la notoriedad del compatriota sancionado y a su posición en el imaginario social: “es un héroe”, “nos ha dado tantas alegrías”, etc, predispone cualquier abordaje que se haga del tema, pero no deja ser saludable que se debata sobre algo que se desarrolla silenciosamente entre los uruguayos.
Quizás para explicar mejor esta situación voy a acudir a una anécdota que viví hace muchos años, cuando era un liceal. A fines de la década de los años sesenta, estaba en primer año de liceo, iba al Miranda viejo, hoy conocido como el 17, ubicado en la llamada en aquel momento Sierra, esquina Hocquart.
Todos los lunes debíamos cumplir con la rutina de concurrir a gimnasia. A las 7 de la mañana, lloviera o tronara, me tomaba el 173 con destino a Ciudadela para acudir a la Plaza de deportes número 2, ubicada en Gral. Flores y Martín García. Allí nos esperaba el docente, “El Profe” José Ricardo de León, que años más tarde escribiera historia al coronarse campeón uruguayo con Defensor en el año 1976, siendo el primer club chico en salir campeón en la era profesional, rompiendo con el histórico dominio hegemónico de Nacional y Peñarol.
De León era muy estricto con sus clases, y en cada una de ellas nos dejaba una enseñanza, cosa que por lo menos yo me di cuenta años después. Era lo que se llama un verdadero docente. Una vez, jugando al básquet, un compañero le pide a otro que le pase la pelota en los siguientes términos: “Dale negro, pasala”. El destinatario del pedido era, efectivamente, un compañero de color negro que estaba en otro primero. El "Profe" inmediatamente detuvo el juego, nos juntó a todos en el medio de la cancha y nos ordenó que no usáramos nunca más la palabra “negro”. “Este negro”-dijo tocándole la cabeza a Hernández, recuerdo que así se llamaba-“ tiene nombre”, nos dijo.
Y agregó: “acá se llama a la gente por su nombre, no por su condición de raza”. Dicho esto siguió el juego, pero para mí lo de esa mañana fue una gran lección, a pesar de que yo no era el destinatario directo del rezongo.
Este hecho refleja lo que es la cultura uruguaya, o mejor dicho, las cuestiones que están arraigadas en la cultura uruguaya respecto de las razas, religiones u origen de las personas.
Es cierto que no hubo una carga peyorativa en el comentario de mi compañero de clase con respecto a Hernández y también es cierto que este no lo recibió así, porque era y es parte de la costumbre y no se lo ve como un insulto. Es normal. Ansina, fue el “Negro Ansina”. Rada es el “Negro Rada”, Obdulio Varela, fue el “Negro Jefe” y así podemos seguir.
De todos modos, esa discriminación no buscada no creo que sea del agrado para quien la recibe. Mi padre, español, hasta que se murió era para muchos “El Gallego”, cuando en realidad era cántabro. En Uruguay y en el Río de la Plata por lo menos, es de uso decirle gallego a todo aquel nacido en España o que hable con acento castizo. Pero no es lo mismo y se que incomoda que a un vasco, asturiano o catalán se le diga gallego. Para los uruguayos, todo argentino es un “porteño” y, además lo decimos con una carga tal, casi como un insulto.
A raíz de esto el periodista Pedro Cribari reflexionó sobre el tema: “Él (Luis Suárez) no deja de ser una víctima de esta ingrata tradición de aplicar motes despectivos al diferente de "nosotros" ("negro", "judío", "gallego") y la lista podría engrosarse con otros ejemplos. No necesariamente estas calificaciones contienen una intención discriminatoria, quizás Suárez no lo quiso así, pero, ¿no habría que pensar en quien la recibe?”
He aquí el punto. Los uruguayos y me atrevo a decir, los rioplatenses, muchas veces usamos palabras ofensivas que las hemos asumido como si fueran normales. Habría que pensar en el que la recibe, cosa que no hacemos. Los uruguayos, a pesar de cultivar el bajo perfil como práctica, pensamos que somos el centro del mundo, que los demás se tienen que adaptar a nosotros; a nuestro mundo. Nos cuesta aceptar que hay otros códigos, diferentes a los nuestros, y tan respetables como los nuestros.
¿Basta con mostrar una foto de Suarez con un niño negro para decir que no es racista? ¿Basta contraponer el caso de Suárez al racismo que se ha aplicado y se aplica en Europa con los sudamericanos, por ejemplo, para salvar al jugador? El hecho de que una sociedad esté enferma no salva a la otra.
En estos días el tema de Luis Suárez ha exacerbado los ánimos. Quien no defienda a Suárez es poco menos que un antipatriota, un mal uruguayo, pero basta ingresar en la página de Facebook de Evra para experimentar una sensación de vergüenza por lo escrito allí contra el jugador francés.
He ahí, en el muro del Facebook de Evra, una prueba del racismo de voz baja que permea nuestra sociedad. Por esto hoy, sin duda, que hacen falta más “profes De León”.