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Julio Castro
El país se volvió a conmocionar con la noticia de la identificación de los huesos hallados en el predio del Batallón 14: la Justicia comunicó que, con una certeza de 99,9%, los restos pertenecen al maestro y periodista Julio Castro.
Antonio Ladra | 03/12/2011

Julio Castro es el tercer desaparecido que fue encontrado durante las excavaciones ordenadas por el juez Pedro Salazar en el marco la investigación de la desaparición de María Claudia García de Gelman.
Los primeros restos encontrados fueron los del militante comunista Ubagesner Chávez Sosa.
El 29 de noviembre de 2005, los restos de Chávez Sosa fueron encontrados en una chacra militar de Pando después de meses de excavaciones lideradas por el antropólogo José López Mazz. La identidad del obrero metalúrgico fue confirmada por la Policía Técnica y un laboratorio en la ciudad de Córdoba, Argentina.
Pocos días después, el 2 de diciembre, aparecieron en el Batallón 13 los restos del escribano Fernando Miranda, dirigente del Partido Comunista y padre del actual director de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura, Javier Miranda.
Ahora se trata de Julio Castro, docente y periodista, fundador del semanario Marcha junto con Carlos Quijano de raíz blanca, siendo, posteriormente, fundador del Frente Amplio. Tenía, al momento de ser secuestrado, 68 años.
El operativo se llevó a cabo en la intersección de las calles Llambí y avenida Rivera, el 1º de agosto de 1977, cuando fue interceptado y trasladado a un centro clandestino de detención, ubicado en la calle Millán y Loreto Gomensoro, conocido como “La Casona”, donde fue sometido a torturas a consecuencia de las cuales falleciera el día 3 de agosto del mismo año.
Las condiciones en que fue muerto Castro, según se desprende de las investigaciones del Instituto Técnico Forense, fueron terribles y demuestra la saña sanguinaria de sus ejecutores.
La criminal ejecución de Castro y su sepultura clandestina, pone en evidencia que es difícil creer que nadie sabía lo que pasaba en el Batallón 14 y en otras unidades militares, o que fue obra de unos pocos. La propia forma en que se llevó a cabo el operativo deja claro que hubo varias manos ejecutantes.
Los Comandantes y sub jefes del Batallón 14 de esa época, son responsables y por este hecho deben ser condenados por desaparición forzosa, delito de lessa humanidad. La aparición de los restos de Castro es prueba de ello. No son necesarias más pruebas.
Cuando Castro fue secuestrado, el jefe del Batallón 14 era el coronel Regino Burgueño, integrante de la Logia Tenientes de Artigas, y el segundo jefe era el mayor Raúl Saravia. Justamente, Burgueño, cuando fue citado por la justicia en el año 2007 por la “megacausa” que indaga el destino de la veintena de presos políticos trasladados desde Buenos Aires a Montevideo en el denominado “segundo vuelo”, negó que en ese batallón hubiera habido enterramientos clandestinos. Ahora se abre una nueva instancia para que actúe la justicia.
De hecho, la familia de Julio Castro había pedido la reapertura de la causa en octubre de 2009, luego que el caso había sido amparado en la Ley de Caducidad en 1989 por Julio María Sanguinetti. Tras el pedido de reapertura el presidente José Mujica lo excluyó de la norma.
Sin embargo, además del aspecto judicial del tema, la identificación de los restos de Julio Castro ha puesto en entredicho y en cuestion en su propia base lo que fueron las conclusiones del trabajo de la Comisión para la Paz, el cuerpo especial creado durante la presidencia de Jorge Batlle para investigar el destino de los desaparecidos uruguayos. En efecto, según el referido informe, los restos de Castro así como los de otros ciudadanos desaparecidos habrían sido enterrados en el Batallón 14 y después exhumados en 1984, incinerados y tirados al Río de la Plata. Un informe posterior, realizado por cada una de las tres fuerzas, a pedido del ex presidente Tabaré Vázquez ratificó la versión.
La gran duda que planea ahora es si hubo un error o fue algo deliberado y coordinado entre las propias fuerzas para evitar que prosigan las investigaciones.
En el caso de que se concluya que se está ante un error deliberado con el objetivo de confundir y evadir la justicia, estamos ante un nuevo acto de indisciplina militar que debería ser castigado como corresponde, en tanto hay una insubordinación premeditada y coordinada.
Para el final, escuchando la Tertulia de El Espectador a propósito de este tema, me quedaron dando vuelta las palabras de Juan Grompone: "Lo de Julio Castro me hizo cambiar de posición. Hasta ayer pensaba que lo mejor era dar vuelta la página."
Muchos deben estar pensando lo mismo y si bien es cierto lo que ha dicho y escrito en su libro “Basta de Historias” el periodista argentino, radicado en Miami, Andrés Oppenheimer, de que en nuestras sociedades hay una suerte de obsesión por el pasado, en lugar de mirar hacia el futuro, no es menos cierto que una nación, un país, no se construye sin reconstruir el pasado. Y en esto deberíamos estar empeñados los uruguayos, todos, sin distinción de colores o credo.








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