
Esto fue lo que dijo el presidente francés Nicolás Sarkozy al cierre de la cumbre del grupo del G 20, esto es, los países más industrializados del mundo, que tiene como integrantes de América latina a Argentina, Brasil y México.
Los dichos de Sarkozy, que no fue lo acordado, ni integraba la declaración final del G 20, provocó la reacción del gobierno uruguayo que inmediatamente llamó en consulta al embajador uruguayo en Francia, Omar Mesa.
El llamado en consulta es una medida diplomática de mediana intensidad, dentro de la batería de protestas a las que puede acudir un país para hacer sentir su disconformidad con otro.
Es la tercera en importancia descendiente por debajo de la ruptura de relaciones y del retiro sin regreso de un embajador.
La medida dispuesta por el Ministerio de Relaciones Exteriores incluyó, además, el llamado al embajador de la representación diplomática, pero ante su ausencia concurrió a la cancillería el encargado de negocios francés, la segunda figura en importancia política del gobierno del país europeo en Uruguay.
Hacía tiempo que Uruguay no tenía un incidente diplomático de estas características, ni siquiera en los peores momentos de la relación con Argentina a raíz de la instalación de la planta de producción de celulosa, Botnia, hoy UPM.
El asunto fue tomado con seriedad por la cancillería uruguaya y contó con el respaldo de todo el arco opositor, que dejó de lado las diferencias internas para apoyar al gobierno luego del exabrupto del ya conocido lengua larga de Sarkozy.
Pero si bien gobernar es hacer, también lo es la imagen y asumir que en este caso se estaba ante una crisis comunicacional, como le puede ocurrir a cualquier compañía. Y ante esa crisis hay cosas que se deben hacer, que están en la tapa del libro, como por ejemplo crear un comité de crisis, designar un vocero, tener un discurso único.
Pues bien, en este caso nada de eso hizo el gobierno. De comité de crisis no se supo que existiera.
Vocero y discurso único, ni en sueños: el canciller Luis Almagro dijo una cosa, el vicecanciller, Ricardo Conde, otra, la primera senadora Lucia Topolansky otra y el presidente, para colmo se tomó todo en broma.
Faltó, también comunicación con los medios. El día que llegó al país el embajador uruguayo en Francia no hubo una conferencia de prensa, una explicación, nada. En el aeropuerto había prensa esperando a Luis Suárez que venía a sumarse a la selección uruguaya de fútbol. Salvo un periodista de Telemundo, que apenas conocía al embajador Mesa (de hecho no es una cara conocida), al diplomático lo esperaban solo dos amigos.
Mesa era, en ese momento, se podría decir, el representante de la dignidad uruguaya pisoteada por el talante colonialista de Sarkozy. ¿Qué le costaba al gobierno montar un tinglado para mostrarlo y explicar cómo seguían las relaciones con Francia?
Súmese que por orden del Ministerio del Interior se reforzó la vigilancia en torno a la embajada de Francia. ¿Qué había? ¿Temor de algún atentado, quizás?
En puridad lo que hubo fue una pintada en un muro cercano a la embajada francesa de parte de una brigada del MPP, el sector al que pertenece el presidente y el canciller. Y este jueves, mientras seguían las negociaciones, el sector Compromiso Frenteamplista, lista 711, colocó, en las puertas de la embajada, un camión con parlantes que repetía la canción de Daniel Viglietti “A desalambar” a todo volumen.
La verdad, el tema es lo suficientemente delicado como para ser tratado de una manera tan superficial y tan poco profesional, sobre todo porque hay otras aristas a analizar. Por ejemplo y solo a modo de repaso. ¿Estuvo o no estuvo detrás de la declaración de Sarkozy la mano de la presidenta argentina Cristina Fernández? Todo parece indicar que fue así: con fecha 14 de setiembre de este año, hay un comunicado de la cancillería argentina referido a la reunión de esa fecha entre Cristina Fernández y Sarkozy. En el mismo ya se alertaba que la Presidenta subrayó "la necesidad de volcar más recursos a la economía real y evitar la especulación" e indicó a su par francés que "para que esas políticas sean eficientes, deben ir acompañadas de una acción coordinada contra los paraísos fiscales". Se sumaron posteriormente las declaraciones del canciller Héctor Timerman calificando esos países como guaridas fiscales.
Esto tiene un antecedente que data de 2009, cuando detrás de la colocación de Uruguay en la lista negra de la OCDE estuvo el ex presidente Néstor Kirchner. La "lista negra" es un listado en la que se mezclan paraísos fiscales con países que no avanzan en política de transparencia fiscal y secreto bancario. Uruguay está ahora en la lista gris, que significa que se considera como insuficientemente transparentes en temas fiscales.
Es cierto que Uruguay tiene mandados para hacer para salir de esa lista gris, pero no es menos cierto que no es un paraíso fiscal, según la OCDE, aunque sí lo es para Argentina.
De ahí que está en negociaciones con el gobierno de Fernández para compartir información sobre las inversiones de argentinos en Uruguay. Esto explicaría la entrevista que el presidente Mujica concedió ayer a Jorge Rial. Sí, el mismo, el de la tv basura, el de los antivalores, cuando se la niega muchas veces a medios uruguayos. Cosas veredes, Sancho, que non crederes…