
El ex presidente Tabaré Vázquez estaba dando una charla para ex alumnos en el colegio Monte VI. En un ambiente distendido conversaba con los presentes, una decena de jóvenes, cuando una inocente pregunta sobre lo que fue la situación vivida por su gobierno en torno al diferendo con Argentina, lo llevó a hacer algunas consideraciones y recordar algunos de los momentos más ríspidos que tuvo su gestión.
En la charla, dada el martes 11 de octubre, Vázquez reveló que le pidió apoyo político al presidente estadounidense George Bush ante una eventual guerra con Argentina, por el conflicto por Botnia. “Yo me planteé todos los escenarios, desde que no pasara nada, y al otro día nos levantáramos y estuviera solucionado el problema, hasta que hubiera un conflicto bélico”.
Hay dos aspectos en sus declaraciones que llaman al análisis. Por un lado el pedido de apoyo político a Bush, un ex presidente, como se sabe, denostado por la izquierda y muy mal visto en la región. Sin embargo, en medio de la arremetida y cuestionamientos de los que era objeto, Bush visitó Uruguay y encontró en Vázquez un aliado impensable en la región.
Vázquez, a su vez, le solicitó apoyo político cuando en la misma región no lo tenía de parte de gobiernos presuntamente afines ideológicamente.
La historia del diferendo entre Argentina y Uruguay por la instalación de la ex Botnia, hoy UPM, es reciente, pero a modo de ayuda memoria recordemos que en Gualeguaychú se vivía un clima de exaltación de algunos con el apoyo y la complacencia de los gobiernos entrerriano y argentino, corte de puentes incluido.
En medio de todo ello, hubo una serie de amenazas que fue lo que llevó al despliegue de una fuerza militar en el perímetro de Botnia y que fuera aprobado por el Consejo de Ministros.
Si bien las amenazas no eran del gobierno argentino, todo contaba con el aval de los K: que no se levantara la planta en las orillas del rio Uruguay era para ellos una “causa nacional”.
Con ese mar de fondo, ¿qué hubiera pasado si alguien hubiera provocado un incidente?
Pero no solo Vázquez se planteaba un escenario belicista. El ex canciller, Sergio Abreu, hombre conocedor del derecho internacional y del tablero político internacional definió al corte de los puentes como un "casus belli”. Desde todas las tiendas políticas vernáculas se exigía firmeza ante el conflicto con Argentina.
¿Y qué pasaba en la región? Lula, desde Brasil, cuando Uruguay solicitó su intervención a través de las instancias arbitrales del Mercosur, miró para otro lado. España se lavó las manos cuando vio el panorama y Hugo Chávez estaba más preocupado por crecer en el sur que intervenir en algo que lo separara de los K con quienes hacia negocios, recuerden las valijas viajeras con dólares. Otra vez Uruguay, como en su fundación, era el jamón del medio o el estado tapón.
Esto fue lo que recordó Vázquez, nada nuevo en síntesis, pero sí un error político por el momento en que fue dicho, de manera extemporánea lo que legítimamente fue aprovechado por la oposición para cuestionar a quien aparece como el principal candidato a ocupar el sillón de gobierno.
Pero lo inexplicable, o no tanto, fueron las críticas que surgieron desde las propias filas del Frente Amplio, en especial del Movimiento de Participación Popular.
La primera senadora Lucía Topolansky fue dura y dijo que espera que los dichos de Vázquez "quedarán como anécdota escolar". Quizás se tomó la revancha cuando el ex presidente dijo en Nueva York que el actual mandatario “a veces decía estupideces”, en relación a las expresiones de José Mujica en el libro Pepe Coloquios.
En la misma línea se manifestó el senador Ernesto Agazzi, quien dijo que las expresiones del ex presidente no tenían “ninguna utilidad” y que “complicaban” al gobierno.
Pero en especial, a Vázquez le molestó que se desmarcaran de sus comentarios diciendo que no sabían de qué hablaba porque en el año 2006 no tenían información sobre que el gobierno haya manejado la posibilidad de que Argentina iniciara un conflicto armado contra Uruguay, cuando esa hipótesis se analizó en un Consejo de Ministros y que eso había obligado a custodiar la planta de Botnia con militares.
Pero todo tiene su vuelta, o mejor dicho fue dado vuelta. En 24 horas, luego que el ex presidente hiciera llegar un comunicado anunciando su “retiro de la actividad política pública”, la coalición de izquierda pasó de pedirle cuentas por sus dichos a solicitarle que no abandone la política.
Por ejemplo, Topolansky pasó de la calificación de escolar a decir que la renuncia, con pedido de disculpas incluido, es una “dignísima respuesta”.
Hoy Vázquez, según una encuesta de Cifra, divulgada por Telemundo, es el político que concita mayor adhesión entre los uruguayos. Un 53% de los uruguayos siente simpatía por el ex presidente y sólo un 23% siente antipatía. Con algunos detalles curiosos, porque más allá del previsible apoyo que tiene entre los frenteamplistas 76%, entre los colorados llega al 50%. Los más críticos son los blancos, donde solo el 41% siente simpatía por Vázquez.
Siempre se dijo que a diferencia de Mujica, Vázquez no tiene marcha atrás. El comunicado, dado a conocer el mediodía del jueves, pero redactado en duros términos con sus compañeros del Frente Amplio en la noche del miércoles, demuestra que también tiene marcha atrás. Al final, el documento terminó siendo un comunicado autocritico más que crítico donde, además, reconoce la inconveniencia de sus dichos y se excusa por los mismos en relación a Argentina. No hay sin embargo marcha atrás con respecto al pedido de ayuda a Bush.
Sea como sea, “retiro de la política” o “movida táctica”, lo cierto es que Vázquez apeló otra vez a una renuncia como lo ha hecho a lo largo de su corta carrera política en términos comparativos, por ejemplo, con Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle o Julio María Sanguinetti, todos ex presidentes.
En 1996 cuando en el Uruguay se estaba discutiendo la reforma constitucional que luego fue aprobada, Vázquez amenazó con renunciar al Frente Amplio debido a las negociaciones que realizaba Líber Seregni, quien en ese entonces era el presidente de la fuerza de izquierda.
En el año 1997 cuando el entonces edil de Montevideo Jorge Zabalza discrepando con Vázquez votó contra la licitación del Hotel Casino Carrasco, renunció por unos meses a la presidencia de la fuerza política.
La tercera fue en noviembre de 2008, cuando presentó su renuncia al Partido Socialista luego que el Congreso de ese partido reafirmara su compromiso a promover la despenalización del aborto y emitiera una declaración que rechazaba el veto presidencial al proyecto de Salud Sexual y Reproductiva.
En ese entonces, se decía que el Frente Amplio tenía una “puerta giratoria” por donde Vázquez podía entrar y salir cuando quisiera. Hoy esa puerta esta aceitada y a la espera de su retorno.
En el sistema político se piensa que el retiro de Vázquez no es definitivo; en el Frente Amplio, salvo algunas voces aisladas como la de la senadora Constanza Moreira, quieren que regrese; es la carta ganadora para el 2014.
Pero mientras se procesa ese retorno, en el Frente Amplio ya se abrió la disputa por la herencia de Vázquez, lo que hará mucho más visibles las disputas internas en la coalición.