
A tal punto es así que nadie habla de una alternativa y la lucha es por ver quien acompañará al ex presidente en la fórmula. Que un día es el presidente de Ancap, Raúl Sendic, al otro es el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, después suena el ministro de Economía, Fernando Lorenzo y hasta se llegó a mencionar a la senadora y primera dama, Lucía Topolansky.
La marcha de Vázquez hacia la candidatura es pausada, como es su estilo. El ex presidente no quiere dar un paso en falso, juega a ganador y cada vez que avanza en las casillas lo hace sabiendo que no encontrará obstáculos. Lo único que quiere es asegurarse que le van a entregar la casa en orden.
Después de haber entregado la banda presidencial, Vázquez se llamó a silencio político, se dedicó a darle los retoques finales a un libro sobre su especialidad: el cáncer y, de a poco, se ha ido reintegrando a la vida política. Y lo hace hablando o dando señales. Por ejemplo, Vázquez había anunciado que iba a realizar una serie de actos mensuales en diferentes comités de base del Frente Amplio. En cada acto dejaba un mensaje que debía ser decodificado por sus seguidores, pero que siempre provocaba alguna irritación en la oposición. Es que si en la dirigencia del Frente Amplio no hay dudas que Vázquez va a ser candidato, en la oposición blanca y colorada hay menos dudas, ya es una certeza, por lo que cada palabra que diga o cada cosa que haga es mirada con lupa. Pero un día, ante el trancazo que se vivía en la fuerza política y el gobierno por el tema de la ley de caducidad, decidió no seguir con la realización de sus actos. No quería desgastarse en un tema complicado y muy sensible para los frenteamplistas.
Regresó de a poco, cuando las aguas en el Frente Amplio se aquietaron. Así, el pasado 25 de agosto, presentó su propuesta de reestructura de la coalición y lo hizo por los carriles orgánicos comunes, a través de su comité de base, el del Prado, en la calle Cuaró.
Y siguió oteando la marcha del gobierno y, en especial, la del presidente José Mujica. Vázquez nunca dejó de apoyar a Mujica, pero en público…, porque en privado, sus allegados cuentan que está preocupado. Es que Mujica con sus idas y venidas, sus dichos, con réplica y dúplica, no le hacen bien al gobierno y, por ende, al futuro.
Seguramente la última encuesta de Equipos Mori, que revela que el presidente tuvo un importante descenso respecto al 64% con el que arrancó el gobierno, debe haber prendido las luces amarillas, una vez más en el comando de Vázquez.
Pero más que la cifra del descenso que es muy abultada, lo que alarma es la de la desaprobación del presidente que saltó desde un 11% en el primer año hasta el 26%, según las cifras de Equipos. Por otro lado, un 26% respondió que no aprueba ni desaprueba la gestión del presidente.
Curiosamente, la encuesta se conoció el mismo día en que Vázquez, en algo que no fue buscado, la coincidencia, se entiende, se desmarcaba una vez más y de manera sutil del presidente Mujica.
En efecto, este jueves pasado Vázquez cruzó el Río de la Plata por unas horas y tenuemente se metió en la campaña electoral argentina al visitar al principal opositor a la presidenta Cristina Fernández, el gobernador socialista de Santa Fe, Hermes Binner, colega médico también.
Aunque Vázquez le quiso quitar presión a todo tipo de lectura política sobre un eventual apoyo a Binner, el mensaje que sobrevoló en el búnker bonaerense de Binner fue de respaldo político.
Así lo vieron los propios “binneristas” quienes estaban exultantes con la presencia del ex mandatario uruguayo, según pudo constatar este periodista presente allí en Buenos Aires. La misma lectura hicieron los “cristinistas”. Para muestra un botón: “Un apoyo que vino del otro lado del río” fue el título del matutino Página 12, vocero oficioso del “kirchnerismo” y el “cristinismo”.
¿Afectará esto la cordial, y más que eso, relación que hoy tiene Mujica con Cristina? Es posible que no ocurra nada en particular, es decir, Argentina seguirá trabando la producción uruguaya en el Mercosur, seguirá sin concretar el dragado del canal Martin García y varios etcéteras más. Cristina seguirá mirando con recelo a Vázquez y con admiración a Mujica.
Lo que sí es cierto es que éste es un elemento más que lo diferencia a Vázquez del presidente; una sutileza, como muchas que los separan, pero de alto contenido político.