
Gatian De Clérembault, célebre psiquiatra francés, fue quien estudió la erotomanía en mayor profundidad. De hecho este síndrome lleva su nombre.
Refiere a este extraño cuadro como: "la ilusión delirante de ser amado".
Clérembault describe tres fases por las que evoluciona este delirio: esperanza, despecho y rencor. Según el francés, el romance ficticio se desencadena de manera espontánea, como una especie de flechazo. Una mirada, por ejemplo, puede bastar para desencadenar en el individuo la convicción de que ese otro lo ama.
El erotómano interpreta miradas, palabras, gestos y a partir de allí comienza a hilvanar el delirio, que se transformará en el núcleo de su existencia. La persona que supuestamente ama al individuo suele ser famosa, gente que aparece en los medios: artistas, comunicadores o políticos. Esa es una característica que generalmente aparece en este síndrome. A menudo sucede que el erotómano no tiene contacto con ese objeto porque pertenece a otros círculos sociales o simplemente vive en otra ciudad o país, pero a medida que evoluciona el delirio, el sujeto puede intentar acercamientos, allí es donde esa pasión puede hacerse peligrosa.
Se ha clasificado la erotomanía de diferentes maneras, es decir, algunas escuelas difieren en su enfoque sobre el trastorno. Puede presentarse en forma más pura, donde el delirio es el centro de la patología. Pero también puede aparecer como síndrome, formando parte de algo mayor, como una esquizofrenia por ejemplo.
De Clérembault, estudió el caso de una dama de origen francés, que vivía un delirio de este tipo. Ella estaba enamorada del Rey Jorge V de Inglaterra, también se convenció de que él la amaba en secreto. La mujer viajaba a Londres para ver a su amante pero por supuesto, jamás logró acercársele.
En uno de sus viajes a aquella ciudad no consiguió hospedaje e interpretó que el Rey era el responsable… que la estaba rechazando porque no pudo hacer público ese romance. Estas personas interpretan señales de manera errónea, perciben mensajes disfrazados y elaboran a partir de éstos todo su delirio.
La obsesión de John
A veces estas historias de amor delirante terminan en tragedias, muchos de los llamados crímenes pasionales y suicidios tienen que ver con un delirio erotomaníaco. Esto lo convierte en un cuadro bastante peligroso.
John Hinckley Jr. se hizo famoso por intentar asesinar al presidente norteamericano Ronald Reagan en 1981.
La actriz Jodie Foster se convirtió en el objeto de su obsesión: cuando Hinckley vio la película Taxi Driver (1976) quedó impresionado con el personaje de Iris (Jodie Foster), seguramente es en ese punto donde haya comenzado todo. En 1980 leyó un artículo sobre la artista que decía que comenzaría sus estudios en la Universidad de Yale ese año. John decidió hacer lo mismo para poder estar cerca de ella.
Según distintas versiones, logró mantener dos conversaciones telefónicas con Foster durante su estadía en Yale. Claramente, éstas tuvieron diferentes significados para ambos. John debió interpretar que tenía algún tipo de relación con la joven actriz, algo que ella desconocía.
El 30 de marzo de 1981, John Hinckley acudió al hotel donde Reagan daría un discurso. En una multitud de fotógrafos y periodistas, disparó su arma seis veces hiriendo al presidente y algunos guardaespaldas. Poco antes de este hecho, había escrito una carta a Jodie Foster narrándole acerca de su plan. Su intención era impresionarla para poder conquistarla definitivamente:
"Jodie, te pido por favor que mires dentro de tu corazón y me des por lo menos una oportunidad, con este hecho histórico, de ganarme tu respeto y amor." Así concluía su carta.
Algunos opinan que su intención era matar al presidente para que la actriz declarara públicamente su amor por él. Hinckley estaba convencido de que tenía un vínculo con Jodie.
Escribió varios poemas a su amada. Veamos un fragmento:
“Sé que ella sabe que la conozco.
Y ella sabe que la amo.
No conozco sus sentimientos reales hacia mí.
Pero ella sabe que yo sé su nombre.”
No fue declarado culpable debido a su estado mental; actualmente permanece bajo cuidado médico.
Los amores platónicos y no correspondidos perturban la vida afectiva de millones de personas día a día desde principios de los tiempos. Para algunos, la pasión es imposible de manejar de forma más o menos sana y se ven arrastrados por sus propios sentimientos.
Los erotómanos nos recuerdan que el amor y la locura van de la mano, que no existe uno sin el otro… en casos extremos son la misma cosa.