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Simuladores
En una columna, hace tiempo, decía algunas cosas sobre la mentira y su función esencial en las relaciones entre personas. Todos de alguna forma mentimos y nos mentimos todos los días (no se ofenda pero es verdad).
Luis Devitta | 10/07/2010

Pero existen personas que mienten de forma compulsiva. La mentira patológica se convierte en un problema difícil de sostener tanto para quienes la padecen como para quienes los rodean, ya que obviamente, a nadie le agrada que le mientan. Para estos individuos mentir es una (a veces la única) forma de abordar la realidad.

El Barón de Münchhausen y su propio síndrome

La historia de este personaje tiene su comienzo y fin en un pequeño pueblo llamado Bodenwerder (al norte de Alemania), se desarrolla durante el siglo XVIII. Fue un militar que peleó en distintos frentes al mando de su propio ejército, en distintas partes del mundo. Al volver a casa desarrolló una extraña compulsión a narrar sus hazañas, estas últimas, digamos que carecían de credibilidad. Se volvió bastante popular entre sus círculos de amistades debido a estas historias. Rudolf Erich Raspe fue el primero de varios escritores que narraron acerca de las inverosímiles peripecias del militar. Su libro "Relatos que hace el Barón de Münchhausen de sus campañas y viajes maravillosos por Rusia", apareció mientras el Barón aún vivía, y por supuesto que cuando el personaje leyó la obra no estuvo nada contento, porque claramente le daba fama de mentiroso… cosa que jamás aceptaría.
La razón por la que hago referencia a este personaje es que un par de siglos más tarde, Richard Asher utiliza a Münchhausen para dar nombre a una patología: esta se caracteriza por las mentiras patológicas, los pacientes simulan enfermedades físicas y van de médico en médico buscando atención. Además de: "Síndrome de Münchhausen", se le suele llamar "adicción a los hospitales". Estos sujetos son simuladores.
Sin embargo, es bastante más complejo que la simple invención y simulación de síntomas. El trastorno se puede asociar con problemas emocionales graves que subyacen a esta conducta. Sus engaños son conscientes, pero lo que los motiva y la necesidad de atención son inconscientes. Según los expertos, estas personas suelen ser bastante inteligentes. Son capaces de imitar enfermedades casi a la perfección y también tienen un conocimiento al menos básico acerca de la práctica médica. Pueden ser talentosos manipuladores, a tal punto que consiguen ser hospitalizados y sometidos a tratamientos intensivos y análisis, incluyendo cirugías mayores.
En los manuales de psiquiatría ha sido clasificado dentro de los Trastornos Facticios, con signos y síntomas predominantemente somáticos. Una de las características de muchos de estos pacientes es la Pseudología fantástica, también conocida como Mitomanía.

Mitómanos

Siguiendo a los entendidos en el tema: la mentira sería un mecanismo de reducción de la ansiedad o culpa por algo de lo que no nos sentimos orgullosos. El sujeto falsea la realidad y así la hace más soportable.

"…Tania Head, la mujer que durante seis años se hizo pasar por una superviviente de los atentados del 11-S, logrando conmover a toda una nación a través de discursos y actos tan enternecedores como fantasiosos. Lo más extraordinario es que esta simuladora de nivel planetario llegó a ser presidenta de la Red de Supervivientes del World Trade Center sin haber estado nunca allí.
El engaño duró hasta el 27 de septiembre de 2007, cuando The New York Times lo reveló. Según confirmó luego el periódico catalán La Vanguardia, todo se trataba de un engaño: la barcelonesa Alicia Esteve Head -auténtica identidad de Tania- ni había estado en las Torres Gemelas, ni ese día pensaba casarse con su novio, ni éste murió en la torre norte -aseveración desmentida por la familia del presunto novio…" (Diana Cohen Agrest, Terra Magazine, Buenos Aires 2007)
Vimos la mentira desde lo patológico, y notamos que además de ser una conducta que define al ser humano, puede convertirse en el nexo entre el mundo interno y la realidad, a veces abrumadora para algunas personas, quizá la única forma posible de vivir en ella.
El pobre Barón de Münchhausen ha tenido que vivir siendo motivo de burlas por sus exageradísimas historias, incluso su nombre perdura gracias al escritor que decidió hacer de su patología una fuente de inspiración. Sin ir muy lejos tenemos muchos ejemplos en nuestra cultura "autóctona", sino pensemos en el pescador y su irresistible necesidad de aumentar el tamaño de su captura en el momento de narrar la historia.
Iba a escribir sobre Uruguay, el Mundial, la garra, Maracaná, los cuarenta años sin llegar a semifinales, los veinte sin ganar en este mismo torneo, y otras cosas como los arbitrajes, la tecnología en el fútbol, la FIFA y sus negocios, la canción de Shakira, el partido contra Ghana, el Toto Da Silveira y sus comentarios exaltados (aunque comprensibles) hacia los jueces…pero después preferí dejar a los expertos continuar con su labor analítica. Así que a otra cosa mariposa. Esta temática es muchísimo menos interesante que la Copa del Mundo pero vale para salir un rato del tema…pero sólo por un rato.








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