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El caso Feldman, una puesta a punto
A fines de octubre del año pasado, un hecho inesperado se convirtió en el principal tema de la campaña electoral que en ese momento se estaba dilucidando.
Antonio Ladra | 06/07/2010

Tras un incendio en una casa en el barrio Aires Puros se descubre un arsenal y su dueño, un enigmático contador, Saúl Feldman Szerman, se resiste a balazos en su casa en Shangrilá a las fuerzas de seguridad y antes de suicidarse mata a un policía, el agente Mario Morena, e hiere a tres más.
Mucho se habló de quién era Feldman, y el tema se coló en la campaña electoral de la mano del ex presidente Jorge Batlle quien acusó al actual presidente, José Mujica, de estar involucrado en el arsenal o, por lo menos, saber de su existencia y origen. El caso dio para mucho, pero nadie pudo explicar, sin ensuciar la cancha, quién era Feldman y cuál era su historia.
El pasado miércoles en Código País emitimos un informe sobre el caso, que aun se encuentra en etapa de presumario, que puso un poco de luz sobre este hecho que causó alarma pública, pero que sigue planteando muchas interrogantes.
Las certezas están por el lado de la personalidad de Feldman, un hombre retraído, sin historia aparente y cuyo final era previsible dado lo avanzado del cáncer que lo corroía y que le daba muy pocos meses de vida, según todos los facultativos que lo atendieron en Uruguay y en Argentina.
A partir de esa personalidad compleja y diferente a la de cualquier persona común y corriente es que se puede tratar de encontrar una explicación a la manía de acopiar armas y otros objetos, cercano a lo que se conoce como el síndrome de Diógenes, un trastorno del comportamiento que se caracteriza por el total abandono personal y social y por el aislamiento voluntario en el propio hogar, acompañados en muchos casos de la acumulación de grandes cantidades de dinero o de desperdicios domésticos.
La obsesión por las armas, pero también, por ejemplo, de tapitas de bebidas, envases de leche y monedas de diferente origen y la acumulación de revistas y diarios sin orden, da pie a la especulación de estar ante una personalidad compleja.
A ello debe sumarse la especial relación de Feldman con sus seis perros: la policía tiene en su poder un video, además de cientos de fotos, donde queda claro que había una relación enfermiza con los animales que en términos sicológicos se denomina zoofilia.
La zoofilia es una parafilia que consiste en la atracción sexual de un humano hacia un animal no humano. Según la Wikipedia ”los zoófilos tienden a ver menos diferencias entre los animales y los humanos que el resto de la gente, e incluso en muchas ocasiones ven en los animales algunas virtudes de las cuales los humanos carecen (por ejemplo, honestidad)”.
Quizás esto se explique por la cosmovisión que Feldman tenía del mundo circundante. El creía que las bandas de drogadictos, consumidores de pasta base estaban avanzando sobre la sociedad (los honestos) y para ello había que pertrecharse.
Según una hipótesis de los sicólogos del Instituto Técnico Forense, actuó como un perro de presa al que le invaden el territorio. Su territorio estaba claramente definido por las altas cercas de vegetales que rodeaban su casa de Shangrilá. Cuando el policía Morena invadió ese territorio para conminarle que lo acompañara a la comisaría, no dudó y lo mató.
Desde otro punto de vista, Feldman era un tipo muy apegado a las reglas, un brillante analista financiero, sin vinculación con temas de lavado de dinero.
Era ateo. Ni aun en los momentos más complicados de su vida se encontró algo que mostrara un acercamiento hacia Dios. Vivía con una austeridad espartana.
Desde el punto de vista policial su nombre no figura en los archivos de inteligencia policial ni militar. Ni tampoco en registros de inteligencia en el exterior.
Y en este punto ingresamos en el aspecto más controvertido y de difícil resolución para la justicia hasta el momento. Es lo que tiene que ver con el acopio de las armas y de la forma que lo hizo y con qué ayuda contó, si es que la tuvo y si había algún objetivo.
Una persona clave y a la que no se ha podido interrogar es una mujer, Graciela Bascou, amiga de la infancia de Feldman que se encuentra postrada, bajo tratamiento médico, con un tumor cerebral, que le hace imposible llevar una vida normal.
Bascou era la dueña de la casa de Aires Puros desde fines de la década del 70. Hacía cuatro años que se la había vendido a Feldman en una transacción poco clara.
Esta hija de un oficial de las Fuerzas Armadas fue, hasta la detección de su tumor, además de la encargada de la limpieza de la casa de Shangrilá, Wendy Lillie, el único contacto permanente que tuvo Feldman hasta su muerte.
¿Por qué hubiera sido importante Bascou? Porque si bien el acopio de armas empezó en la década del 80, pronto se trasladaron a la casa de Aires Puros donde estaba Bascou.
¿El acopio de armas tenía como objetivo una organización criminal? Esa fue una de las preguntas que se hicieron inmediatamente los investigadores, y a poco de establecer qué tipo de armas se encontraron allí se pudo establecer que eso era muy difícil dado el tipo de acopio que se hizo. Feldman no tenía un criterio homogéneo a la hora de comprarlas.
Incluso se ubicaron armas de las cuales no hay municiones en plaza y no se fabrican más.
Un elemento llamativo, y que demuestra este comportamiento, fue lo que ocurrió hace unos años en el Círculo de Tiro, de donde Feldman era socio desde hacía 30 años. Allí concurría esporádicamente y cuando lo hacía llamaba la atención la cantidad de municiones que quemaba, pero también despertó el interés cuando se realizó una feria americana en ese lugar y en un rato compró 40 armas.
En estos días se espera la llegada a Uruguay de expertos estadounidenses de la ATF, (Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos), que es una agencia federal de seguridad de los Estados Unidos, que asesora a la justicia uruguaya respecto al tema de las armas y que cuenta con el archivo más completo que hay en el mundo.
Otro de los “agujeros negros” que tiene la investigación es el manejo de la “táctica de guerra” que tenía Feldman, prácticamente un experto en el tema, y así lo demostró cuando se atrincheró en su casa y se defendió de los ataques de la policía.
En su biblioteca se encontró abundante material, bajado de Internet, sobre la resistencia del cuerpo a una bala y de alguna manera los investigadores estiman que por esos conocimientos adquiridos de manera autodidacta supo que no sobreviviría a las heridas provocadas por las balas policiales y ahí fue cuando decidió matarse.








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