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Cría cuervos
En otra vuelta de tuerca del, a esta altura culebrón del bloqueo del puente General San Martín, el gobierno argentino se transformó, en las últimas horas, en querellante contra los neo-ambientalistas de Gualeguaychú.
Antonio Ladra | 12/06/2010

La decisión del gobierno de Cristina K, llevada adelante sin hesitar por el jefe de gabinete Aníbal Fernández, no ha sido comentada públicamente por el gobierno uruguayo.
Tan solo algunas apreciaciones del presidente José Mujica y del vicepresidente Danilo Astori le han puesto el marco al episodio.
Para Mujica la decisión argentina cayó "como un postre" y estimó que el tema se arregla solo, por "inercia".
"La política está jugada hace tiempo, lo que pasan son consecuencias; yo ya jugué lo que tenía que jugar, ahora espero sentado", se limitó a expresar.
Por su parte, Astori señaló que el gobierno tomará con "mucha prudencia y serenidad" el desarrollo de las acciones que se pongan en práctica en Argentina.
"Uruguay no tiene que intervenir ni opinar al respecto. Estamos muy seguros de los intereses que estamos defendiendo, lo hemos hecho hasta ahora con fundamentos serios y me parece que Uruguay tiene que seguir por el mismo camino que ha emprendido, que es un camino serio y en el que hemos apostado a nuestra buena fe”.
Y aunque Astori no lo dijo expresamente, se ha hablado de buena fe cuando el presidente Mujica dio instrucciones al canciller Luis Almagro para que Uruguay levantara el veto que pesaba sobre la candidatura del ex presidente Néstor Kirchner para ser secretario general de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). En esa oportunidad, Uruguay acompañó el consenso sudamericano para que el señor K fuera secretario de la Unasur.
En los corrillos políticos, tanto uruguayos como argentinos se ha hablado de un pacto, un “toma y daca”, pero el mismo ha sido negado.
El miércoles pasado Almagro fue entrevistado en Código País y fue consultado expresamente por este punto, dado que parece muy sintomática la concatenación de hechos. Almagro reiteró que no hubo ningún acuerdo, ni explícito ni implícito. “Uruguay no dio ni pidió nada”, aseguró el canciller. Sin embargo, está claro que nadie se lo cree. De todos modos, es parte de la política, en todo caso. Lo cierto es que la jugada, arriesgada por cierto, a Mujica, hasta ahora, le ha salido bien: ha logrado mucho más que su antecesor Tabaré Vázquez.
Falta ahora otra perla para este collar, y es lograr en los próximos 50 días el acuerdo para el monitoreo del río Uruguay, que incluirá, y esa es la gran interrogante, ¿la planta de UPM, ex Botnia?
Este aspecto es un punto controversial y, a pesar de lo dicho por el canciller Almagro, de que es una cuestión de soberanía el rechazarlo, en la mencionada entrevista en Código País cambió su discurso y dejó la puerta abierta a la negociación si Argentina permite hacer lo mismo con sus empresas instaladas sobre el río Uruguay. El miércoles pasado, Almagro ya no habló de soberanía, al contrario, recordó que la Unión Europea inspecciona los frigoríficos uruguayos una vez por año y nadie ha puesto el grito en el cielo, ni se ha interpretado que hay una violación a la autoridad de Uruguay.
Pero más allá de todo, el fallo del juez y la posterior acción del gobierno argentino revela el estado de la Justicia en ese país y su falta de independencia.
Es curioso, pero el dictamen judicial se conoce a seis días de que la presidenta argentina, Cristina Fernández, dijera en Anchorena, Colonia, que está en desacuerdo con el corte de rutas, pero que no le corresponde a ella actuar sino a la Justicia. Y la decisión del gobierno de transformarse en querellante ocurre a la semana justa. Un hecho tras otro.
Sin duda estos episodios dejan al descubierto con claridad lo que todos sospechábamos: el manejo político del conflicto y de la propia Justicia.
Mientras, los piqueteros dicen que van a resistir: “No le vamos a entregar la ruta, y si usan la fuerza, como no somos soldados, tenemos que replegarnos, y cuando se vayan, volvemos. Hasta que no se vaya Botnia, la ruta 136 seguirá ocupada".
Pero ahora el kirchnerismo se tendrá que hacer cargo del monstruo que generó. Solo hay que recordar el mensaje de Néstor, esposo de Cristina, cuando el 5 de mayo 2006, junto a todo su gobierno, hizo aquel acto en el Corsódromo de Gualeguaychú y calificó a quienes cortaban el puente como parte de un “pueblo glorioso”.








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