La madre del menor asesinado, Adriana Porcal, relató a EL ACONTECER que ese domingo vio a su hijo “con vida” solo unos quince minutos. “Me fuí a las siete de la mañana a trabajar y quedó durmiendo, y luego cuando volví, al poco rato, lo veo muerto a mi hijo”.
Narró con mucha carga de angustia que había llegado de trabajar “y esta persona andaba ebrio, vino y me empezó a insultar, ante lo cual mi hijo le dijo que se quedara quieto, que no se dirigiera a mí de esa forma, que a él no le gustaba que me tratara con esas palabras y se fué”, enfatizó.
El duro repaso de la infamia prosigue. “Yo fuí hasta el fondo y no sé en que momento mi hijo entró nuevamente, cuando yo iba llegando a la puerta lo ví salir a mi hijo y él lo corría con la hoz, cuando mi hijo logró llegar a la calle, me gritó ‘mamá, me partió con la hoz’, y ahí mi hijo siguió corriendo y allí estaba un tío de él, al que también le quería pegar, ahí yo agarré una piedra y se la tiré, los dejó a ellos dos, dio la vuelta y me persiguió a mí con la hoz, podría haber sido un triple crímen”.
No se pudo hacer nada
La dura historia concluye con la muerte del hijo. “Luego se metió en su casa, pero siempre con el arma en la mano. Ahí acudí a mi hijo, pero ya había caído, se estaba desangrando y no podíamos hacer nada. Llegó al hospital pero no se pudo hacer nada, porque eran muy graves las lesiones, le había partido el pulmón, tres centímetros del corazón lastimados, no se pudo hacer nada”, recuerda con predecible dolor.
Recuerda que la relación entre el padrastro y su hijo era una relación difícil. “Cuando no estaba alcoholizado se llevaban bastante bien, pero cuando se emborrachaba, siempre quería agredirlo, lo desafiaba a pelear, no tenía una comunicación amable, diciéndole cosas de su madre, y a mi hijo le daba rabia por lo que decía. El veía las cosas como eran, ya que era muy compañero conmigo, tanto yo sabía las cosas de él, como mi hijo las mías, era mutua la comunicación”, resalta.
Intentó cortar la relación
Confirma que había tenido intenciones de abandonar la relación con su pareja. “Varias veces intenté dejarlo, pero él me perseguía, yo volvía con él, porque me decía que iba a cambiar, hubieron varios casos de violencia, concurrí a la policía, él firmaba un documento como que nos dejaba la casa y nos dejaría tranquilos, pero no respetó nunca esos acuerdos, porque él era el dueño de la casa y venía cuando se le antojaba. Después un día yo me quise ir, y mi hijo no me quiso seguir, pienso que mi hijo pretendía vengarse de todo lo que me hacía a mí, yo quería sacar a mi hijo de ahí para que no pasara esto”, enfatizó.
Pericias siquiátricas
No cree sobre la posibilidad que el matador de su hijo tuviera problemas siquiátricos. “Se le habían hecho algunas pericias, pero todo resultó normal, porque él cada vez que teníamos problemas, agredía con armas como cuchillos, a golpes, estuvo detenido y en la cárcel por pegarme a mí. Nunca se le comprobó que tuviera estos problemas, y de la manera que mató a mi hijo lo comprueba, lo que hizo no es de una persona siquiátrica, él escondió el arma homicida, salió corriendo para que la policía no lo pudiera agarrar, al final terminó entregándolo el otro hijo, hermano del fallecido, que lo encontró en el campo escondido”, aseguró.
No quiero volver nunca más a la casa
Actualmente Adriana Porcal se fue a vivir a otra casa y no quiere volver. Porque la casa era una sucesión que le pertenecía una parte al autor del crímen, resalta, pero fundamenta su decisión en un enfático “no quiero volver porque fue el lugar que mató a mi hijo ese asesino”.
“Quiero justicia”
“Lo que pido es que se haga justicia, el tiene que pagar como un verdadero asesino, porque no es una persona siquiátrica, que pague en la cárcel como todo asesino”, puntualiza.
“Porque me lo mató a traición a un niño que no supo que era la vida. No fumaba, no concurría a bailes, era un niño que le pueden preguntar a quien sea, que nunca molestó a nadie y que venga a morir de esa manera, que tenga que pagar un precio tan alto para poder darme la libertad a mí, de poder tener yo paz y tranquilidad para poder criar a los otros dos hermanos, no es justo, porque si él sabía que la bebida le hacía mal, la hubiera dejado si quería a la familia, es un asesino, me quitó a mi hijo”, sentenció.
La angustia y la desazón fueron apoderándose de sus palabras y se vuelven un torbellino de rabia e impotencia. “A mi hijo yo no lo tengo, él está en una cárcel, pero está vivo, y yo sin mi hijo, ¿quién me lo devuelve?. Luché por él, lo hice un hombrecito y me lo viene a quitar ahora de esa cruel manera, matarlo de esa manera. Yo quiero justicia, que descanse en paz, pero que haya justicia”.