Agosto es el mes del payador en suelo de la Banda Oriental. Nadie supo explicar quien lo fijó, pero justo es decir que poco eso interesa. Es y punto. Entonces el mes se riega de eventos telúricos, y la campaña se viste de fiesta en todos los pagos, o en casi todos.
Recitales, festivales, peñas, encuentros. Benéficos y de los otros, los gratuitos. Vienen de todas partes y se juntan a tomar una y a contrapuntear, aquello que más los divierte y pa lo que nacieron.
Cuelgan una cantora al hombro, se toman el primer ómnibus que pase por el pueblo y tocan pa la payada. No cargan maletas ni papeles. ¿Pa qué vamos a cargar más cosas de las que uno precisa?, pregunta y se contesta Gustavo Guichón, para muchos el gran último payador oriental… en suelo porteño.
Y mientras los payadores aprontan la gola, los organizadores se pelean por las fechas, por esos codiciados cuatro sábados del mes. Aparcerías, organizaciones tradicionalistas, sociedades criollas, andan entreveradas detrás del octavo mes, poniéndole nombre a cada encuentro que apunte al arte del payador.
Aparecen nombres rimbombantes como “Primer Gran Encuentro de Payadores” o “Payadores Orientales se dan la mano” o “Festival Nacional del Payador”.
El payador se dispone junto al fuego, calza un mate y
atiende. Surge el tema, y mira al contrincante. Negocian las formas, y comienzan a rasgar la guitarra.
El ritmo pobre es sinónimo de que está cavilando, y surge la primer frase.
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Payador no puede ser aquel que se disponga
Por más que una milonga pueda el mozo florecer
Primero debe tener conciencia de lo que toca
Y si algún recuerdo evoca debe ser penetrante
Pa que sea el consonante un pensamiento en su boca. |
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Buscando la rima mayor
A tal punto se persigue el sueño de la gran payada que un artista plástico floridense concretó un monumento. “Por ahora no tiene dueño, pero está listo. Es el monumento al payador” dice José Moreira, escultor. Los materiales nobles se alinearon con las manos del artista y dieron vida y forma a dos payadores enfrentados, con sus guitarras y su pose. Gauchos, únicos, sin voz pero con movimiento, los delata la espalda inclinada y la guitarra abrazada, el pie sobre una silla y la cara buscando frases con ojos y boca. Son payadores, y no es necesario que el propio José diga que se inspiró en el primero, en Bartolomé Hidalgo. Allí está, en el frente de la casa del escultor, aguardando que algún pueblo se decida a tenerlo como propio e institucionalizar algo que por ahora, no tiene dueño. La capital nacional del payador.
Construyendo de a dos
Cuenta la historia y sus historiadores que los payadores en suelo oriental tuvieron su época de oro entre los años 1890 y 1915, donde la memoria recuerda payadas y contrapuntos antológicas. Esas fechas guardan nombres y temarios y escenarios y violencia de voces y dichos.
El gran Carlos Molina los define de a dos. “El payador, cuando canta solo, diríamos que es como un pájaro de un ala sola, está como aliquebrado”.
Más acá en el tiempo, el payador Alejandro Muniz de Durazno se define y los define a sus colegas. “Payar es un arte muy difícil, algo que muchos intentan es incluir al payador junto al cantor y no es lo mismo. El payador es un hombre que improvisa y esto incluye saber las medidas sobre determinado tema. No es juntar una letra con otra”.
El gaucho de manos grandes y voces gruesas se refiere a la décima como la combinación más común con la que improvisan la mayoría de los payadores. Pero además están las sextillas, octavillas, cuartetas.
“Es un arte difícil, pero bueno, con el que hay que nacer. Hay muchos que se quieren hacer de grandes, pero estás frito”. Los códigos de las payadas se respetan, como por ejemplo lo hace Francisco Gamboa de Durazno. Se sabe cantor, aunque a veces le sale a la improvisación. “Yo rimo a mi manera pero no guardo las métricas, se que estoy haciéndolo mal. Yo improviso en galpones de estancia, cocinas. Si fuera payador estaría en festivales, y no es lo mismo. Yo me defiendo como payador, pero nunca voy a concursar como uno de ellos”.
La batalla de la palabra
Los payadores reconocen –tanto los de festivales andar como los que sobresalen en cocinas de estancia- que suelen tener frases y palabras comodines. Las llaman caballitos de batalla, aquellas que siempre están listas para rimar. “Hay payadas en las que uno se debe enfrentar con un payador que no solamente habla del tema, sino que lo provoca… y hay que defenderse” suelta Muniz.
Es el contrapunto, la batalla de los payadores. No hay muertos, pero sí consecuencias. De algunas payadas épicas quedan recuerdos y a diferencia de la Guerra Grande, vencidos y vencedores.
Esas payadas son auténticas, y se diferencian de las “arregladas” en la venta de un disco, en la promoción de un festival. Cuando dos payadores se ponen de acuerdo, hay un peso o una acción de por medio, dicen ellos. Cuando no, hay una obra de arte.
Por ejemplo Bartolomé Hidalgo, Juan Pedro López, Luis Alberto Martínez “El payador del Plata”, Carlitos Molina en los años 40, Clodomiro “Palmar” Pérez, Pampa Barrientos, Hermanos Montañes de Maldonado, Héctor Umpiérrez, Elido Cuadro, Aramis Arellano, Raul Cano, Gabino Sosa, Julio Gallego, Abel Soria, Juan Carlos Bares, Waldemar Lagos, Walter Aguiar, Cacho Artigas, Héctor Guillén, Carlos Rodríguez, el Gaucho Apeseche, Silvio Curbelo, Pedro Medina, Orestes Giacoy, Nilo Caballero son algunos entre tantos, entre muchos
La nueva sangre
¿Hay renovación?. Para algunos sí, y para otros no. Los viejos payadores están desapareciendo producto de la edad y las nuevas costumbres, y la renovación no aparece. Las figuras jóvenes encuentran sus plataformas de lanzamientos en los festivales, pero a veces la categoría queda desierta por falta de concursantes. La repentización no es tarea fácil, y así lo reconocen propios y ajenos.
Carlos Molina tiene una definición acertada. “El payador es aquel que nace, es una fibra que debe estar metida en el pensamiento, en la médula. También se ejercita, debe pulirse, debe estudiar mucho para llegar a ser un payador consagrado, tiene que ser muy observador de todo lo que lo rodea”-
Y por eso son de poco hablar y de mucho decir. Porque siempre están creando, aún cuando no dicen nada. Y sobre todo en su mes, en agosto, cuando son payadores de tiempo completo.
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¿Payador?... Guichón
Guichón es de los buenos, de los que han triunfado. Vive de payar, y ha innovado. ¿O acaso el gran Bartolomé se imaginaba tener un sitio web? Pues Guichón lo tiene. Profesional como pocos, desde hace varias temporadas es la voz de los festivales de temporada de Argentina, y así es reivindicado en su vieja patria. Por el Este de Florida, en las pampas agrestes del Santa Lucía, se ufanan de Martín Aquino, de Nestor Feria… y de Gustavo Guichón.
En Argentina se institucionalizó el 23 de julio como Día del Payador, y por curioso que parezca recuerda el año 1884 cuando se cruzaron en payadas y decires –en Uruguay-, Juan Nava y Gabino Ezeiza. Fue en Montevideo, pero se recuerda en Argentina.
“Esto para mí significa un saludo más que una nota. Yo soy un gaucho más en esta patriada de hacer entre todos el Uruguay, en mi caso desde el arte del payador” nos dijo Gustavo Guichón.
Guichón es autor de temas como “Tres amigos”, “Milonga de la corrupción”, “Donde no cruzó la ciencia”, “¿Qué te ha pasado justicia? y muchos otros temas. “Yo cuando empiezo a cantar siempre espero que el repertorio me lo haga la gente, con sus aplausos, con sus pedidos” dijo con relación a su repentización.
Cerro Colorado, Casupa, un lleno total en todas las actuaciones, Soca, Minas Punta del Este, Castillos, son parte de sus últimas presentaciones en suelo oriental. “En todos lados el público nos ha respondido muy bien. Yo voy a tratar de poner lo mejor de mi repertorio, y tratar de hacer volar los pájaros del alma en esa ocasión”.
Guichón se autodefine como el Gran Payador de América Latina, y se tomó el tiempo y la improvisación para explicar qué es un payador. Lo hizo como mejor sabe, creando...
Para ser un payador
Se necesita tener
Criterio y razón de ser
Consciente de su valor
Dominio del yo interior
Modelando en la expresión
Y entre una variada esencia
Se hace el hombre más profundo
Por los caminos del mundo
Que en el aula de la ciencia.
No es payador quien lo intenta
Por el placer de poseerlo
Hay que nacer para serlo
Con la luz que lo sustenta
El payador se acrecienta
Como los ríos con los vientos
Y en remolinos violentos
Hace sus obras mejores
Entre trabajo y dolores
Se esculpen los monumentos.
La misión del que improvisa
Es aprender y enseñar
Pulir y dignificar
La profesión que realiza
La guitarra que utiliza
De tiempos remotos trajo
Por oración de un badajo
Que entre los brazos del bate
Se haga lanza en un combate |
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