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Hace pocos días, la muerte se llevó a Garrito, un vecino de esta ciudad que compartía su vida con los demás, con una maquinita de expender boletas de quinielas en su mano, en la esquina de Ferreira Aldunate y Galarza, Este hombre tenía muchos para vivir aún, pero, esa " vieja puta y fría", como decía el Sabalero, lo arrinconó sin que pudiera zafarle, y se lo llevó repentinamente. Su apellido era Garro, pero por Garrito, era que lo conocía todo Durazno.
Karlos Garateguy | 20/12/2017
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Un hombre flor de macanudo, frase que solemos decir ante la ausencia de un semejante. A Garrito lo conocí en la vieja cancha del club Rampla, cuando hacía de portero; ahí nació una linda amistad con este hombre de gesto serio, pero, fraterno y abierto con cualquiera que se le arrimara, tanto, para jugar una tómbola, o simplemente, charlar un rato de su querido Nacional, de política, o del clima.
Recordando aquel Garrito parado en el portón del parque Juan "Cháftare", fue que se me vino a la memoria otra gente que se dedicó a esa tarea, casi ingrata, que es se portero en cualquier espectáculo. Señores a los que, las instituciones sociales, las deportivas, y la Liga de futbol, contratan para pedir los boletos, y, tratar de que nadie ingrese sin abonar. Hubieron muchos hombres que se ganaron la changa de portero mucho tiempo para " estirar el sueldo. La changa de portero, sin dudas que es de las más ingratas, ya que, de la eficacia que se tenga parado en la puerta del baile, dependerá su futuro como portero. Hay que ponerse duro a la hora de impedir que cualquiera se meta al baile, y en eso, el "Capitán" Vera, seguramente se lleva los mejores lauros. Vera era un señor que se encargaba de hacer la puerta del Unión por muchos años, y, se podría decr que, ese portero fue el primer patovica de Durazno. Un hombre alto, de gran estatura, que, con solamente pararlo en la puerta de un local de fiestas, aseguraba de antemano que esa noche, nadie entraría sin pagar.
Si alguien de esta ciudad, alguna vez logró superar esa barrera, que era el Capitán Vera parado en la puerta del Unión, seguro que es una fabula, y de verdad tiene poco; Vera era impenetrable, y esto, muchos duraznenses lo pueden corroborar. El " Capitán" le garantizaba a la comisión del Club Centro Unión que, nadie ingresaría al baile sin presentar su boleto. Que Dios lo tenga en la gloria, como decimos a la hora de recordar la shistorias de alguien que ya está muerto, pero, como portero, en este pueblo, Vera no se hizo querer con nadie; eso a él poco le importaba, porque, para él, la honestidad a la hora de responderle al que le paga el trabajo, era lo primero. A ése si que, " no le entrabas con nada, como decimos aquellos que muchas veces esperábamos la señal que nos hindicaba el portero de que podíamos entrar. Si alguno lograba pasar el " metro noventa" que era la figura de Vera parado en el Unión, lo corría de atrás para sacarlo, a empujones, y así, más de una vez se le vio. Los que permanecían afuera expectantes para poder "colarse", le hacían coro a viva voz a Vera, pero este, apenas se sacaba una sarcástica sonrisa detrás de sus bigotes. En cierta ocasión, y de esto, hace ya unos cuantos años, llegaba el Negro Rada para actuar en el Unión; Vera, aparentemente no lo conocía ni en foto a Rada, y al verlo enfilar muy campante hacia adentro de bermudas bermudas y chinelas, lo paró en seco, y le dijo que así no podía entrar; el Negro le quería explicar, pero, era inútil, ya que, con ese "ñorsi" no se negociaba; tuvo que venir alguien de la comisión para que Vera desestimara de su actitud, y finalmente, Rada pudo actuar aquella noche.
Era cruel, y que me perdone su alma, pero, como portero, no hubo, ni habrá otro igual a él. Varias veces se le vio dejando su puerta libre por un instante para correr por la calle a alguno que se le "pasaba de vivo".
No fue el único intransigente, aunque, no tan duros como el, pero, algunos que otros también hubieron. Gente implacable a la hora de pedir los abonos, y que, por más que les "lloraras la milonga" en la puerta para poder ingresar, con solo mirarte, sabías que te estaba invitando a seguir de largo, o esperar a que dieran "puerta libre". Hubo otro señor, cuyo nombre no lo recuerdo, que hacía de portero en el estadio; lentes de aumento, camisa a cuadro, que también, como Garrito, vendió quinielas en el centro; ese señor fue otro de los que no le entraban ni las moscas cuando lo colocaban en la puerta para pedir entradas. Ese, ni siquiera los miraba cuando alguien le vociferaba por lo bajo, "déjeme entrar, don". Cuando entramos a hacer memoria sobre los hombres que paraban en la puerta de los espectáculos para pedirnos la entrada, no puedo dejar de mencionar a Devitta, aquel señor que nos esperaba en la puerta del Español para pedirnos la entrada.
Devitta fue otro de los porteros que la gente aún debe de recordar; aquella figura delgada, seria, que, a la hora de controlar el ingreso a la sala, también fue implacable. A Devitta no le entraban ni los parientes, y, muchos alguno de aquellos que fuimos chicos en la época del cine Español, lo pueden garantizar. Manuel, boletero del Español por años, más de una vez nos dejó subir al "gallinero" para ver la película, pasando por encima de aquel señor que pedía las entradas. Y si nombro a más de uno de los que se ponían firmes a la hora de controlar los accesos a los espectáculos, no puedo olvidarme de Marajá Sosa; haciendo de portero en el Zoo, en el estadio, o donde cuadrase la ocasión, Marajá, si no ponían la "mosca", no le ntrabas, ni disfrazado de Papa.
Marajá no se hizo querer nada, pobre; jamás se le vio sonreír, o hacer un gesto "humanitario", dejando entrar a cuatro o cinco que hacía rato esperaban para entrar. Pero, así como estaban los que no se enternecían con nadie, estaban los otros, los que hacían entrar de a dos, o de a tres, aprovechando los festejos de un gol "rojo" en el estadio; "Picapalo" Menéndez, era uno, que varias veces, cuando se convulsionaba la cosa en la cancha, nos decía: denle, denle, aprovechen y métanse".
Menéndez era un flaco que trabajaba en la vieja imprenta de Curbelo en calle Rubino, y muchas veces "aflojó" cuando dabamos lastima paraditos en la puerta. Del "Pica" nunca me voy a olvidar, como tampoco dejaré de recordar a Garrito, y a otros porteros "buenos". Hoy quise detenerme en estos señores, que ayer, hoy, y mañana, estarán paradios en el ingreso a un espectáculo, y, de su don de ser, dependerá si te dejan afuera esperando, o, te hace la seña ante de que termine el primer tiempo.
Garrito me dio el pie para meter a varios en la bolsa de estos recuerdos; en él quise recordarlo, a él, y a otros que como el llevaron adelante ese trabajo. Por eso este recuerdo, de una época ya lejana, donde el poder "entrar de arriba", era una especie de trofeo que muchos jóvenes de mi época nos llevábamos ese día, cuando los bolsillos flaqueaban. Muchachos que esperábamos la "piernada" del portero, y, en caso de que fuera Vera, el señor de la camisa a cuadritos, o Marajá, que estuvieran en la puerta, esperar otra ocasión, cuando el cartelito en la entrada decía que había " dos x uno", o que la entrada era gratis.

 Publicado por El Acontecer Diario


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