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POR CASI UN ANO VIVIO EN NUEVA ZELANDA, VISITO FIYI, MALASIA Y TAILANDIA
Matteo Moreira Videla, joven fotógrafo y aventurero decidió salir al extranjero en busca de nuevos horizontes recogiendo una gran experiencia
Walter Fumero | 11/02/2017
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La selfie de Matteo por su regreso junto a su familia y amigos

El inquieto joven, que se dedicaba a la fotografía, publicando en las redes sociales sus tomas y presentando algunas exposiciones en salas locales, decidió de pronto buscar nuevos horizontes. Así comenzó la aventura de Matteo, que de la misma forma que partió, regresó de pronto a su ciudad natal y dio una gran sopresa a su familia.

Destino Nueva Zelanda

Se trata de una visa de trabajo para Nueva Zelanda, explicó Matteo, indicando que el gobierno neozelandés otorga al año 200 visas "working holiday" para uruguayos, la que permite trabajar legalmente en ese país durante doce meses.
“Todo surgió un mes antes de la fecha de aplicación año 2015, charlando con una amiga que conocí en el norte argentino hace unos años. Me comentó si no me iba a postular para Nueva Zelanda, que era el furor, irse para allá y yo no tenía ni idea de que se trataba” acotó.
Matteo, que había trabajado y ahorrado dinero, tenía ya planificado un viaje por unos tres meses para conocer varios países, entre ellos México.
Luego de pasarle toda la información a Soledad, su amiga argentina, ella se encargó de inscribirlo. “Me pasó toda la información, los links y cuando llegó el día de la aplicación me anotó, ella desde allá y yo pasándole los datos desde acá hablando por whatsapp. Es todo muy estresante, se habilita una hora, un día al año, para los 200 cupos. En ese momento hay que inscribirse, llenar todos los formularios en inglés, todo vía internet. Los 200 primeros son aceptados pero se presentan más de 2 mil jóvenes de todo el Uruguay. En 10 o 15 minutos los cupos se llenan”, explicó. El llamado se abrió a las 18 horas del 25 de octubre.
“Luego Soledad me avisó, ‘tenés tu visa para Nueva Zelanda’, me pasó un grupo de Facebook y cuando empecé a leer me cayó la ficha de lo que había pasado. Ahora tenia la visa para irme a Nueva Zelanda y los pasajes marcados para el viaje a México casi al mismo tiempo”. Matteo tuvo que hacer su programado viaje más corto de lo que pensaba, para regresar a tiempo para su nuevo destino: Nueva Zelanda. “En octubre recibí la noticia, en noviembre viajé a México y en marzo partí para Nueva Zelanda” contó.
En su casa nadie estaba enterado de la situación. Llamó a sus padres que estaban de viaje y les dijo que se iba a Nueva Zelanda. No entendían nada, su viaje era para México. “Por supuesto se quedaron sorprendidos, pero cuando vinieron lo charlamos y les informé lo que había sucedido y mi decisión de hacer este nuevo viaje” acotó.

Un mundo nuevo

El joven aventurero se trasladó al otro extremo del mundo. Casi 19 horas de vuelo para llegar a Nueva Zelanda, en el continente oceánico, al suroeste del Pacífico formado por dos grandes islas: la Isla Norte y la Isla Sur, junto a otras muchísimas islas menores.
El viajero contó que al comienzo en muchas oportunidades se preguntó que estaba haciendo allí, pero poco a poco se fue habituando.
Su principal dificultad fue el idioma y el transporte, pero con la ayuda de sus amigos pudo comenzar a comunicarse, y luego de su primeras dos semanas de trabajo ya pudo alquilar su casa y comprarse un buen auto.
“Es otro mundo, los sueldos son muy buenos y te dan un gran poder adquisitivo y se pude vivir muy bien” acotó.
Remarcó además la buena seguridad, “en todo el tiempo que estuve siempre me sentí muy seguro, podés dormir con las puertas abiertas. Si dejas el auto con cosas y las ventanas bajas no te falta nada, pero la autoridad, es la autoridad” afirmó, indicando que son sumamente estrictos, haciendo cumplir las normas al igual que con el tránsito que es muy ordenado, acotó.
“A veces salía de noche a sacar fotos, subía la montaña, solo, y siempre estaba muy tranquilo, no veías nada raro, sobre todo en las ciudades chicas. De noche, en los centros comerciales está todo a la vista, a la mano y nadie tiene la necesidad de sacar nada, no hay seguridad en los supermercados ni en los boliches” agregó. “Hay cosas que son más caras que acá, pero como los trabajos se pagan muy bien, no hay problema. Lo que si es muy costoso es la salud. Tuve un problema por el que necesité concurrir al médico y realmente es muy pero muy caro. A pesar de que el seguro me cubrió una parte, me llevó gran parte de mis ahorros, con solo una consulta y unas cuatro pastillas que me mandaron a tomar” indicó.

Trabajar y disfrutar

“El trabajo sobra y eso te da seguridad también. Lo máximo que trabajé en una semana fue 74 horas. El salario mínimo es de 15,25 dólares la hora. Con dos horas de trabajo, 30 neozelandeses comprás medio carro de los grandes de comestibles en un supermercado. Dos semanas de trabajo y me compre un auto, aunque no lo crean, compre un Toyota Espacio 2004 por unos 1800 neozelandeses” indicó.
Durante su estadía en Nueva Zelanda, Matteo trabajo fundamentalmente en el área rural, ya que eso le permite generar créditos para renovar su visa. “Digamos que fui el más vago del grupo, entré y salí de nueva Zelanda muchas veces para conocer otros países, es que lo viví diferente, con el objetivo de trabajar para poder disfrutar también” acotó.
Su primer trabajo fue recolectando kiwis. Con lo que allí cobró pudo alquilar su casa, comprar su auto y viajar por un mes a Fiyi donde conoció la isla de los náufragos, de la popular película interpretada por Leonardo Di Caprio. “Ahí te das cuenta del engaño de Hollywood. Estás en la isla, y en frente a unos 10 kilómetros tenés un Hotel impresionante, 8 estrellas. A la isla solo pueden entrar 20 personas por día e incluso podes subir hasta arriba en lamontaña” indicó.
Tras su regreso se fue a Christchurch, “la ciudad más al este del mundo, la primer ciudad donde amanece el día. Ahí trabajé en la recolección de naranjas, la verdad comía más de las que juntaba” dijo jocosamente.
Después trabajó en un laboratorio, por poco tiempo ya que ese trabajo no le permitía extender su visa, por lo que luego se fue a la Isla Sur, donde realizó tareas en una fábrica de empaquetados de papas fritas, choclos y arvejas. “Para mi fue el mejor trabajo en cuanto al punto de vista de ahorro, de compañerismo y convivencia” acotó. Su último trabajo antes de venir fue recoger cerezas, donde fue compañero de otros 80 operarios, entre ellos 30 chinos, con los que celebraron varias fiestas, entre ellas el año nuevo chino. En forma intercalada entre trabajo y trabajo Matteo aprovechó para conocer muchísimos lugares, y viajar también a Tailandia y Malasia. Constantemente, ya no con su cámara, sino que con su celular, fue realizando innumerables fotografías que casi a diario compartía con sus amigos en su página de Facebook, donde se pueden apreciar las exóticas bellezas de los paisajes que el duraznense pudo recorrer.

Los momentos difíciles

Tras su regreso Matteo afirma que lo que más valora es estar con los suyos y en su hogar.
“Recién ahora me están cerrando las distancias. Estar del otro lado del mundo. Yo estoy bien allá, pero sé que para mis padres, que si bien han viajado, nunca se han ido así, tan lejos, y sé que para ellos es dificil entenderlo... pero fue una experiencia que me permite ver el mundo de otra manera, desde otro lugar.. Extrañé en algunos momentos y también muchísimo a mi perro, incluso me hice un tatuaje con su nombre en tailandés” contó.
“Se extrañaba sobre todo en las tardecitas, más que nada cuando me sentaba a escuchar música frente al mar. Te preguntabas que estabas haciendo, sobre todo al principio, y muchas veces te decías, estoy acá a 12 horas de cruzar el océano. Ves un mapa y parece fácil, pero estar allá y darse cuanta de las distancias es otra cosa.
Tampoco me gustaba que estuvieran todo el tiempo preguntándome cómo estaba. Fueron 11 meses, muchas veces mi madre me mandaba mensajes, y claro yo estaba del otro lado del mundo, con horarios totalmente diferentes. Cuando ella me escribía yo estaba dormido y mis respuestas eran breves y cuando yo me levantaba, acá ya era muy tarde, la comunicación fue también bastante dificil” indicó.
“Nueva Zelanda te da seguridad por el trabajo, por lo económico y la vida tranquila. Desde ese punto de vista no te querés volver. Sabes que trabajas unos días y cuando quieras te podes comprar el pasaje y te volves para tu casa. El pasaje de vuelta lo compré de un día para el otro” acotó.


El regreso sorpresa

“Cuando decidí regresar también fue de pronto. Compré el pasaje y llamé a mi hermana. Voy el 6 de febrero le dije. Le pedí a ella y mi mejor amiga que armaran un almuerzo en casa, que invitaran a este y aquel, pero que no dijeran nada, que no dieran sospechas de que yo iba a estar. Mi hermana y mi cuñado les dijeron a mi familia que el 6 de febrero iban a hacer una comida en casa porque tenían que decirles algo importante. Todos pensaron en un futuro casamiento o en un embarazo” comentó Matteo.
“Cuando llegúe a casa no lo podían creer, todos gritaban y saltaban de alegría, sobre todo mis padres y mi perro que se me tiró encima y me arañó todo” agregó.
Sobre su futuro, dijo que ahora está acá disfrutando de su familia y su hogar. “No sé, hoy estoy acá y mañana me da la loca y me voy a cualquier lugar. Yo soy así, no sé que viene ahora. Tengo tiempo para entrar a Nueva Zelanda hasta el 8 de marzo, igual puedo extender la visa mediante internet o volver y gestionar otro tipo de visa allá, pero la verdad todavía no he tomado una decisión de que va a pasar. Si vuelvo, si me quedo o si me voy a cualquier otro lugar” expreso pensativo.

 Publicado por El Acontecer Diario


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