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NOTA DE CONTRATAPA
La proliferación de los teléfonos con cámara, y la multiplicación desmedida de la oferta, han convertido en “fotógrafos” a miles de uruguayos...
Ricardo Berrutti | 20/01/2017
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Juan Andrés Quijano y algunas de sus obras de arte

Los resultados son – en general – apabullantemente pobres.
El oficio de fotógrafo requiere algo más que una cámara o un celular y un botoncito para apretar.
Requiere años de práctica continua, mucha lectura, y un conocimiento no superficial de las diferentes posibilidades de la luz natural…incluso para los fanáticos del flash.
En la “masificación” que se ha logrado, todo eso, y más, se pasa por alto, por lo que las fotografías, aun las mas enternecedoras, tienden a pasar desapercibidas, incluso para los propios interesados.
Y la amplia gama de posibilidades de manipular una foto, se instala en el colectivo, en sus versiones más elementales (y hasta burdas) de modo que la exasperante costumbre de “tocar” las fotos se torna reiterativa, aburrida y falta de creatividad hasta límites insospechadamente vulgares.
Por esa razón, cuando aparece un buen fotógrafo, esa profunda sabiduría lo destaca del resto, como un fenómeno distinto, y, detrás de la foto, se nota el ojo entrenado, y la mano firme, producto de la larga experiencia de aunar ojo, mano y emoción, en un oficio que se transforma en arte.
Es lo que sucede con un fotógrafo duraznense, Juan Andrés Quijano Rachetti, cuyos demás datos se ignoran, pues mantiene un bajo perfil público, pero un altísimo nivel de indiscutida calidad.
Solo se puede conocer que es joven, viajero, y con una visión profunda y concentrada de lugares y gentes.
Que tiene dotes superlativas como artista de la fotografía, y una mirada plena de conocimiento del medio en el que se desenvuelve, con soltura de veterano apasionado por los paisajes y las gentes, ya sea en Nueva Zelanda o en Durazno, en Tailandia o en Nuevo México.
Sabe lo que quiere fotografiar, y, en algunas fotografías, se deja ver la paciencia para esperar una determinada hora, y el efecto que la luz produce – sin retoques almibarados – para conseguir lo que se propone: el propio goce estético y la emoción de compartirlo.

 Publicado por El Acontecer Diario


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