Noticias Tuyas, estés donde estés | Durazno, Uruguay
Venezuela vive tremendo embrollo. En el país que soñó el socialismo del siglo XXI hoy no se consigue comida, faltan medicamentos y los apagones no dejan ver luz al final del túnel. Mientras tanto, el gobierno de Maduro se apoya en los militares, desconoce las resoluciones del parlamento y trata de impedir el referéndum que, de hacerse hoy, lo destituiría por más del 60% de los votos.
| 01/06/2016
Click para cerrar

Por Ernesto Alves Temperán

Aquella mañana salí a buscar pan pero lo que encontré me sacó el hambre. Me iba cabizbajo de la segunda panadería vacía cuando vi a un grupo de hombres que se preparaba para linchar a otro.
Éramos unos treinta en aquel estacionamiento. Unos diez hombres desvestían, puteaban y pateaban a otro –que había intentado robar un celular– y otros veinte mirábamos, entre absortos y fanáticos. No se cansaron de darle: el muchacho escupía sangre cuando un comerciante se paró frente a él y detuvo a la patota.
La policía tardó otro rato en llegar, coincidiendo con los rumores de que la ineficacia y corrupción de los uniformados están alentando el viejo y bárbaro “ojo por ojo, diente por diente”. El 3 de mayo la fiscal general de la república Luisa Ortega Díaz informó de 76 linchamientos ocurridos en lo que va de 2016: unos cinco casos por semana, si solo contamos los que llegan a la fiscalía.

***

Era mediodía y la gente esperaba en fila bajo el sol abrumador del Caribe en Puerto La Cruz. De pronto: forcejeo, gritos, sirena, corridas. Un montón de gente intentaba subir a prepo la cortina metálica del Abasto Bicentenario para meterse y saquearlo; de haberlo logrado se hubiesen llevado lo poco que había ese día: harina de maíz precocido, aceite y jabón en polvo.
Pero la cortina se torció, se trancó y la Guardia Nacional Bolivariana llegó con las armas en alto. La gente rompía filas y corría al nuevo lugar que el oficial ordenaba, desordenándose en el frenesí y perdiendo en un momento los turnos fijados desde la madrugada, cuando llegaron los primeros a hacer la cola. Aquel mediodía pude ver de cerca cómo dos guardias indicaban a dedo, mirando las caras, quién pasaba a comprar y quién no.
Café, leche, azúcar, harinas, arroz, fideos, aceite, lentejas: la lista de lo que no hay es demasiado larga. La crisis alimentaria es compleja y cuesta desenredar sus causas. Por un lado, la caída de los precios del petróleo bajó drásticamente la disponibilidad de divisas para importar alimentos; por otra parte, la industria nacional está casi paralizada, debido al control de precios vigente y, otra vez, a las dificultades para importar insumos y repuestos desde el exterior. Una encuesta reciente de Venebarómetro reveló la foto: el 49,6 % de las personas dice que en su casa hoy se está comprando mucho menos comida que antes.
Tratemos de conseguir arroz. Su “precio justo” es de 100 bolívares, pero es difícil encontrar un paquete a ese precio tan subsidiado: algo así como tres pesos uruguayos o diez centavos de dólar. Por eso, el día en que llega arroz al supermercado se arman largas colas para conseguirlo, colas que empiezan a la madrugada y ni siquiera aseguran conseguir alimentos. ¿Qué hacés si esperás durante horas y en un momento avisan que se terminó el arroz? ¿Qué hacés si no podés esperar durante horas, porque tenés otras cosas que hacer? ¿Qué haces si el día que llegó arroz al supermercado no es justo ese único día de la semana en que el gobierno te permite comprar? ¿Qué hacés?
Aunque mucha gente no pueda pagar sus precios, hay personas que siempre tienen productos a la venta. Les llaman “bachaqueros” y son quienes consiguen alimentos subsidiados para después revenderlos más caros. Hay bachaqueros de todo tipo –desde altos funcionarios de PDVSA hasta empresarios partidarios de la oposición– pero normalmente se habla de los más pobres, que hacen cola y revenden para ganarse un “sueldo” a costa de la crisis.
¿Será que conseguimos arroz? El precio del kilo bachaqueado varía de 1000 a 1300 bolívares, entre 10 y 13 veces más que su “precio justo”. El salario mínimo –incluyendo tickets de alimentación– anda en los 30.000 “bolos”.

***

Oscuro. No vemos nada. Mi cuerpo repite: bajo cinco escalones, giro a la derecha, subo el brazo hasta la baranda, paso el descanso y vuelvo a contar cinco. Así durante once pisos. La escalera de las Residencias Churuata en Puerto Ordaz está completamente oscura. El edificio se queda sin ascensor, sin agua y sin gas cuando se va la luz. Ahora son las dos de la tarde y faltan otras dos horas para acabar el apagón que empezó al mediodía y que se repite cada día durante cuatro horas.
La versión oficial dice que la sequía provocada por el fenómeno de El Niño es la causa de la crisis energética, pero tras dos meses en el país uno se entera de otras cosas. El consumo eléctrico de los venezolanos es altísimo, fruto de una cultura de la abundancia alentada por los precios mínimos de los servicios básicos. Al parecer, el difunto Chávez intentó asegurar el abastecimiento eléctrico invirtiendo fuerte en el sector, pero el dinero se despilfarró pagando sobreprecios por equipamiento obsoleto que se compraba como si fuera nuevo, en un caso de corrupción que involucra a la empresa Derwick. Como respuesta a la crisis, el gobierno de Maduro no ha tenido mejor idea que limitar la jornada laboral para los trabajadores públicos a lunes y martes. Los demás días la mayoría de las dependencias del Estado están cerradas.
En este contexto de crisis multidimensional, más del 80% de la población cree que la situación del país es mala y que es necesario cambiar la conducción política. La oposición juntó firmas para llamar a un referéndum revocatorio, pero el Consejo Nacional Electoral -alineado con el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela- pone trabas para impedir que la cuestión se resuelva en las urnas. El gobierno de Nicolás Maduro confronta constantemente con la Asamblea Nacional -en manos de la oposición- y ha conseguido que el Tribunal Supremo de Justicia -alineado con el Ejecutivo- declare inconstitucionales varias leyes aprobadas por el parlamento.
En Uruguay se está hablando de Venezuela en estos días. Mujica dijo que Maduro está más loco que una cabra, pero agregó que no hay que meterse en los asuntos internos de otros países. El canciller Nin Novoa firmó una declaración, junto a sus pares de Argentina, Chile y Colombia, felicitando los intentos de diálogo entre la oposición y el gobierno y apoyando la realización del revocatorio. Mientras tanto, Luis Almagro ha pedido una reunión urgente del consejo de la Organización de Estados Americanos (OEA) para considerar violaciones de la constitución venezolana que a su juicio comprometen el orden democrático en el país.
Después de vivir en Venezuela durante dos meses, hace poco que entré a Brasil. Duele recordar las carencias básicas de tanta gente linda que conocimos por allá y que sufre una crisis que aún no toca fondo. Es cierto que la democracia pende de un hilo en Venezuela, pero también es verdad que la oposición no brinda grandes esperanzas. Creo que la historia tardará más tiempo en ayudarnos a evaluar la figura de Chávez, pero hoy tengo claro que el gobierno autoritario de Nicolás Maduro está lejos de mis sueños políticos y bien cerca de mis pesadillas.

 Publicado por El Acontecer Diario


COMPARTIR NOTICIA



Diario independiente de la región centro sur del país
Av. Artigas 374 | Durazno, Uruguay | +598 4362 4416