Noticias Tuyas, estés donde estés | Durazno, Uruguay
Hace ya dos años que abracé a mi madre y salí de viaje en bicicleta. Quería andar por nuestra América; sentir, saber, probar qué tan ´nuestra´ era. Con el mate compañero, me hice a la vida errante y ahora llevo sus marcas en mi piel.
| 22/03/2016
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Ernesto Alvez

- Están flacos y bronceados, ustedes deben ser los que viajan en bicicleta.
La periodista llegó a entrevistarnos para su programa de radio y reconoció las marcas en la piel. Conversamos sobre viajes y esperanzas puestas en bicicleta, pero su primer comentario me quedó sonando hasta más tarde.
Me duchaba de noche y con agua fría cuando vi mis pies tostados y dije mirá. Empujando los pedales bajo ese sol colombiano tan hijueputa mis pies se quemaron con las franjas de las sandalias y ahora parezco una cebra.
Clic. Esa canción habrá sonado un millón dos tres dieciocho millones de veces, pero todavía hace clic. Es Fito Páez, el flaco que se retuerce cantando ´Mariposa Tecnicolor´ y dice tanto más que esas veintiún letras trilladas cuando canta: “llevo tus marcas en mi piel”.
Tengo el cuerpo marcado por estos dos años de viaje: las franjas de cebra se irán de mis pies pero hay un lugar en mi brazo que nunca olvidará al mosquito. Cuando estaba en Ecuador un mosquito me contagió la leishmaniasis y en aquel lugar de mi brazo un volcán empezó a punzar. En ese rincón de piel rumbo a mi codo derecho la cicatriz se siente ahora como la cáscara de una manzana vieja.
Son formas que el viaje tiene de quedarse en uno. Unas marcas quedan a la vista, otras son fugaces y volverán cuando el momento las llame. Están por ahí -las trenzas oscuras y brillantes de las cholas, el viento del páramo cantando a coro, la policía de negro cercando una marcha-, cada una con su historia, esperando el llamado para volver a contar.
Ahora la que vuelve es la canción. Fito entona llevo un destino errante y yo pongo pausa, la palabra me inquieta. “Errante”: dícese tanto del que anda vagando de una parte a la otra como del que no acierta, del que falta, insisto, del que no cumple con lo que debe. La Real Academia Española sabe ser la conciencia conservadora de nuestro imaginario, pero no inventa desde la nada.
- Vagos con plata... Eso son.
Llégabamos con Sol a Bucaramanga y un amigo local nos tomó una foto. La subió a internet y ahí cayó el comentario, marcándonos desde el prejuicio. En la síntesis está el poder de la ofensa. Pum, caíste. Desde la lona no salen comentarios.
Viajar no es errar, erran feo. Vagamos haciendo, somos vagos en ejercicio y vamos dejando huellas. ¿Oíste? La gente de aquella mesa se quedó tarareando una canción, sonríen, se mueve algo. Algo parecido pasa con estas historias.
Escribo estas crónicas desde la primera semana del viaje. Cuentan del tiempo que me ha tocado vivir andando nuestro continente. He escrito sobre músicas, sabores, personajes y políticas de nuestra América; he contado mis anécdotas y declarado mis esperanzas como viajero.
Dos empresas duraznenses se la han jugado durante dos años por este proyecto, auspiciando mis crónicas de viaje en bicicleta por los caminos de nuestra América. Estoy infinitamente agradecido con la gente generosa de La Vidrieria y la farmacia Merceditas por estos dos años de apoyo que ahora terminan. Ellos se merecen tu preferencia.
Este viaje sigue: volviendo a casa de a poco, aún con mucho camino por andar. La semana que viene entraremos en Venezuela, que promete ser un país con mucho para contar. Mientras tanto, estamos preparando una revista con textos elegidos de estos dos años de viaje -que publicará El Acontecer próximamente- y con las puertas abiertas a nuevos auspiciantes para estas historias.

 Publicado por El Acontecer Diario


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