Noticias Tuyas, estés donde estés | Durazno, Uruguay
Entre la delicia y el hastío digo otra vez, otra vez. Volvemos a viajar en bicicleta, compartiendo nuevos caminos con Sol. Una crónica de pedaleo por caminos que no estaban en nuestros mapas.
| 06/02/2016
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“Colombia es realismo mágico”, dice el eslogan y se aprovecha.
Su Ministerio de Turismo colorea el dolor, pero no es que mienta: a orillas del río Magdalena la fantasía inunda la sequía de los pueblos ribereños.
- ¡Aleluya, Jesús Vive!
El hombre que iba a la ciénaga abrió los ojos bien grandes y hundió su asombro en la fe. Llevaba una lanza para cazar caimanes y montaba de piernas cruzadas sobre un burro tristón. Conversamos un rato y entonces el cazador palmoteó a su vehículo, nos bendijo y siguió adelante. Yo veía un personaje pronto para la fantasía; él veía en nosotros otra prueba de su fe.
Me quedé pensando en cómo la gente que vive con tan poco -sin agua potable, sin caminos adecuados, tal vez sin qué comer- sigue creyendo de esa manera. Escriben en casas y tiendas “No Hay Otro como Dios”, como si padecieran el síndrome de Estocolmo. Su señor les secuestra la tierra prometida, mandando la peor sequía en décadas, y ellos no dejan de adorarlo.
- Oigan, se tienen que ir.
Nuestro ángel de la guarda volvió en el momento justo. Antes nos había acompañado hasta una playita para refrescarnos del bochorno del mediodía. Dos mujeres lavaban ropa en el río, tres niños chapoteaban en el barro y un hombre iba y volvía cargando tanques de agua sobre su espalda musculosa. Cuando salimos del agua, el calor tardó dos o tres minutos en volver a aplastarnos. Empezábamos a cocinar cuando aparecieron aquellos muchachos mirando las bicicletas y preguntando sobre nuestros aparatos electrónicos.
- Oigan, aquí hay unos pelados que los quieren atracar. Vámonos, yo los escolto hasta el próximo pueblo.
Salimos al camino de tierra bajo el sol radiante. El ángel de la moto nos despidió y nosotros seguimos, atormentándonos de calor a la hora del almuerzo. Viajar en bicicleta tiene eso: te hace fuerte bañándote de fragilidad, desafía tus seguridades, te pone en riesgos. Sufrimos cuando el azar nos juega en contra, pero siempre hay quien tiende la mano para seguir andando.
Al llegar a Robles aquello parecía otro pueblo más. Otro en la hilera de pobres pueblos a la orilla del Magdalena. Pero algo sonaba distinto. Recorriendo las calles polvorientas donde los chanchos se pasean como perros, llegamos al origen. Aquella música sonaba con un volumen tan alto que el canto adorado de Diomedes Díaz perforaba el aire con sus vallenatos.
Sol dijo que en Argentina sería raro que los vecinos no se quejaran, pero acá solo veíamos un anciano bailando con los brazos abiertos, un niñito imitándolo y dos sombreros charlando a la sombra de un árbol de mango, como si nada.
Entonces dimos la vuelta a la manzana y nos atajó un hombre que vestía un pijama estampado con bicicletas rosadas. Se presentó como el Presidente del Consejo Afrodescendiente del pueblo y preguntó de dónde veíamos. Enseguida se metió en su casa y escuchamos su voz por un parlante:
- Atención pueblo, Noticias para Robles. ¡Tenemos visitantes! Dos ciclistas viajando por América Latina, él es de Uruguay, ella es de Argentina...
Volvimos a viajar en bicicleta por caminos desconocidos, descansando a la sombra de un algarrobo con un mate y el porrito. El sol nos aplastó el humor y nos crispó los nervios. Caímos con el cansancio a cuestas en casas solidarias que nos abrieron las puertas. Seguimos viaje, en este nuevo año que viene de vuelta.

Fe de erratas. En la versión en papel de este texto, publicada el sábado 6 de febrero, se nos colaron apuntes de un borrador previo. Pedimos disculpas por tamaña errata y lo corregimos en esta versión web; Ernesto Alves y El Acontecer.

 Publicado por El Acontecer Diario


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