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Se muerden los labios y sacan trompa hasta reventar. Entonces saltan las tablas de la marimba y retumban los bombos, mientras las manos negras sacuden los guasá y las voces se elevan con el repicar del cununo.
| 05/10/2015
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María ya es grande, pero el resto del grupo Guascanato son pelados: diez niños, niñas y adolescentes que cantan, bailan y hacen sonar los tambores al ritmo del currulao. Esos parches de cueros variados, las cañas en esas marimbas y las cuñas que tensan los bombos son obra de Flover Lemos, promotor del grupo y compositor de varias de sus músicas.
Los sonidos del grupo Guascanato te llevan al mar. Traen el arrullo de aguas que acarician la arena y la fiereza del oleaje cuando sube la marea. Sus letras nombran la vida en estas costas: cantan al pescador, a los ríos y manglares y piden agua pa´ beber.
– Ajá, ajá, ¡negra movete ya!
El día del ensayo María lleva el pelo recogido con fuerza y adornado con una moña de color azul eléctrico. Las lenguas de su vestido acompañan un cuerpo que se estira, negro y largo, hasta los labios prominentes. María canta con una voz cruda, tal vez marinada en las aguas del Pacífico colombiano. Al terminar la primera canción, ella lo escucha:
– Ustedes con ese ritmo no levantan a nadie. Primero que todo, ustedes están muertos. ¿El gesto y la cara, qué? Tristes… Muchachos, una pereza. Hombre no inspiran a nadie, vamos de nuevo, por dió.
Durante las cuatro horas que dura el ensayo, el profesor exige que los niños se animen, que bailen, que no se recuesten, que los bombos no dejen caer el tiempo, por dió. María responde que ella no tiene pereza y Cocoliso se enoja cuando no le sale un corte nuevo para entrar a contratiempo. Más tarde, las burlas cruzan el aire húmedo y caliente cuando Jade se olvida de la entrada de marimba en el tema de la guayabita.
Caminando por la playa a la mañana siguiente pensaré que ese aire peleón me suena conocido. Conozco ese ambiente a la vez amigable y belicoso en las comparsas de candombe y el aire del ensayo se me hace familiar. Entonces recuerdo reflexiones del antropólogo Alejandro Frigerio hablando del “ethos guerrero” en las culturas afroamericanas:
“Es a la vez un tocar juntos, pero casi contra los demás, demostrando todo lo que cada intérprete puede sacar de su tambor y de su persona física. Una performance musical que por el esfuerzo físico que conlleva se asemeja a una maratón; una demostración de sensibilidad y dominio musical, pero también de fuerza física y masculinidad.”
La suerte –ese misterio que inclina la ruta del viajero– trajo a nuestros oídos la tradición de la música afrocolombiana del Pacífico. En estas costas olvidadas por el Estado, en los caminos barrosos donde la selva encuentra al océano, la música todavía llama y resiste a manos de los niños del mar.

Recomendación de 8 Ruedas:
La nota trata de un grupo de niños que tocan música tradicional del Pacífico colombiano.
Se me ocurre que podemos agregar un recuadro recomendando artistas representativos de estas músicas para que los lectores conozcan:

Tradicionales
Gualajo - El Pianista de la Selva
Grupo Socavón
Canalón de Timbiquí

Renovadores / Fusión:
Herencia de Timbiquí
Choc Quib Town

 Publicado por El Acontecer Diario


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