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Martes 15 de setiembre, Pitalito, Huila: Colombia.
| 23/09/2015
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Querido Leo:
Mientras chisporrotean los pájaros entre flores y frutales, el sabor del propio café todavía me recorre. Te lo cuento para tentarte, claro, pero también porque me encantaría compartir un tinto con vos. Así le dicen acá: ´tinto´ es el café negro y ´café´ es el que viene con leche. En la casa donde me quedo tuestan el grano y lo muelen antes de prepararlo, imaginate que delicia.
Hoy descanso, ayer metí pata. Pedaleando estas montañas verdes –ríos rápidos y árboles de hojas grandotas, mosquitos y cascadas, subidas y bajadas– me acordé varias veces de vos. Primero llegó a mi memoria la lluviosa y empinada ´Cuesta del Indio´ en Tucumán. ¿Te acordás que no paraba de llover y nos tapamos los pies con bolsas? A mí se me mojaron enseguida los championes pero vos llegaste sequito. Hombre que supo ser bueno pa´ embolsarse las patas, aura que dice...
Vos sabés que pedaleando uno da vueltas con las ideas: se acuerda, se pregunta, se divaga y se concentra... Bueno, en esas vueltas también te apareciste. Hace más de un año estábamos en Argentina, bajando los veintipico kilómetros del Parque Calilegua y le soltábamos los frenos a las naves. El camino venía de piedra suelta y curvas bravas y me acuerdo que vos dijiste «cuando vuelva pa´ Uruguay me junto con esos del dáungil y me pongo a hacer montanbái». Yo me reí, pensando lo desgraciados que son los que se dedican a bajar cerros y pedalear montañas en un país con pocos cerros y sin montañas.
La cuestión es que estos días volví a las andanzas. Hace un buen rato que no salía a viajar con la bici y me metí por una de esas rutas desafiantes, con fama, ´el Trampolín de la Muerte´. Se parece a Calilegua, o a la Carretera de la Muerte –la de los Yungas de Bolivia–, y tiene todos los ingredientes: ruta angosta, de tierra, con piedras pinchudas y piedritas sueltas y unas cruces cada tanto que te recuerdan su nombre y el precipicio.
Pero a diferencia de las otras, esta ruta tiene tránsito: motos, autos, camiones, ómnibus y el toque mágico de las ambulancias. Mágico porque con las horas que lleva cruzarla y los pozos que tiene, solo con la varita te sacarían de una urgencia. A la hora de comparar, salta otra diferencia, el Trampolín debería llamarse el Subibaja. Mientras que en las otras uno solamente sube o baja, dependiendo de qué lado venga, en esta ruta del sur colombiano toca subir y bajar a cada rato. Y parar a descansar también.
Mascando caña –como cuando pelaste la cuchilla en Jujuy, saltaste el alambrado y privaste al propietario– me volví a acordar de vos. Si eso no se llama extrañar, qué será. Como siempre, la gente se sorprende al verme pasar y me preguntan cuántos kilos llevo; la “mamita” les parece pesada. Pero le cambié la transmisión y ahora voy livianito, pedaleo un montón pero no la sufro. Te cuento también que un brazo de la parrilla de adelante se aflojó pa´ buena y casi me deja parado. Pero estaba en casa de un warmshowers (Cabunga, indígena del pueblo Kamentsa) que me ayudó a repararla cambiando la abrazadera por una planchuela. En un toque lo hizo el loco.
Te escribo desde la casa de campo de Brandon, otro anfitrión de viajeros en bicicleta, en el departamento del Huila, una zona muy verde y linda. Hay campos de café, plátano y bastante guadua, esa caña grandota que usan para construir. La gente tiene una simpatía y amabilidad que lo deja a uno tranquilo y contento. Pucha, lavé la ropa pero se puso a llover, viste como es.
Aunque esta carta la podrán leer unos cuantos, la escribo para vos, recordándote. Extraño nuestra amistad y andar juntos en bici, pero no es que me sienta solo. No sé si te habrán llegado los pajaritos, pero ando enamorado. Se llama Sol y es una mendocina que conocí en Quito: compañera, amante, amable, ando encantado con la gurisa. Pero ella anda con mochila y ahora anda bailando salsa en Cali.
Querido, te mando cariños y un abrazo fuerte. Ojalá que el ajetreo del trabajo y el estudio te deje tiempo para pintar la vida y seguir andando... y que queden rico los sorrentinos.
Te quiere,
ernesto.

PD: si usted lee esta carta en el diario y le puede alcanzar la hoja a Leonardo Yamandú Romero Vidalín, le agradezco. Es que el muchacho no es muy aficionado a la virtualidad. Desde ya...

 Publicado por El Acontecer Diario


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