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Salieron un domingo y les aguardaba una larga marcha. Llevaban siete demandas y una esperanza: recobrar fuerzas y presionar al gobierno para que cambie de rumbo. La marcha organizada por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) cruzó el país caminando por los Andes y llegó a la capital del país once días después en medio de un paro nacional.
| 19/08/2015
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Las banderas rojas no podían faltar, pero no eran mayoría. En la multitudinaria marcha que recorrió el centro de Quito predominaban las ecuatorianas, pero también estaban las banderas del arcoiris. Pintando una historia que insiste en reeditarse, la simbología indigenista encabezaba la marcha: habían whipalas, caracoles y cuernos sonoros, caras pintadas, vestimentas tradicionales y hasta una figura del dios Inti –un sol dorado y radiante.
Venidos desde la selva, la sierra y la costa ecuatorianas, los indígenas traían una plataforma crítica con el gobierno de Rafael Correa. Para sus comunidades, exigen frenar el avance de la explotación minera y petrolera y recuperar la dirección de la educación intercultural bilingüe; para el país, rechazan las enmiendas constitucionales –incluyendo la reelección indefinida–, las propuestas de impuesto a la herencia y la plusvalía y los proyectos de nuevas leyes laborales, de aguas y tierras.
El paro nacional no se sentía tanto. La CONAIE y el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) convocaban a un levantamiento popular como los que protagonizaron en la década de 1980 y 1990. En aquellos tiempos, el movimiento sindical e indígena logró paralizar el país y derrocar gobiernos con agendas neoliberales y antipopulares. Sin embargo, la coyuntura ha cambiado y las condiciones de lucha y resistencia también.
Hace nueve años que Rafael Correa gobierna el Ecuador, siendo uno de los referentes del progresismo latinoamericano. Durante el ciclo de bonanza económica en la región, su gobierno introdujo reformas políticas, económicas y sociales para mejorar las condiciones de los más desfavorecidos en la sociedad ecuatoriana. Cuando uno recorre un país en bicicleta eso se nota: hay nuevas escuelas, nuevos centros de salud, mejores carreteras y la lista sigue. Pero la situación viene cambiando: con la caída de los precios del petróleo aquel viento ya no sopla tan fuerte, la inflación ha subido y el gobierno está encontrando mayor resistencia a sus proyectos.
– NO podemos someternos a los abusos de una absoluta minoría. (...) A rechazar el viejo país de palos, piedras y abusos. ¡Somos más, muchísimos más! ¡Hasta la victoria siempre!
El twit del presidente ecuatoriano es un signo de los tiempos. Busca desprestigiar a la oposición, asociándola al pasado y a la violencia, insistiendo en que los que cuestionan al gobierno por izquierda y derecha son en definitiva lo mismo. Mientras tanto, el movimiento popular ha perdido fuerzas, ya que muchos de sus militantes y dirigentes se han alineado con el gobierno y no se sienten representados en marchas donde el principal cántico es “Fuera Correa Fuera”.
Se les nota en la mirada. Las mujeres indígenas –de polleras largas y sombreros verdes con pluma de pavo real– traen los ojos llorosos. También los hombres con poncho, los jóvenes universitarios, los pelucones de ropas caras que gritan “Correa déspota, tirano”. A todos se les nota en la mirada. Es que la policía tiró gases lacrimógenos: primero una picazón en la nariz, enseguida la necesidad de taparte, después ya se te nota en la mirada. A la altura de Guayaquil y Eugenio Espejo, en pleno centro de Quito, la policía desata su ira tras varios minutos de recibir pedradas de una minoría encapuchada.
La cantidad de uniformados es inaudita, insólita, insolente. Son cientos que se empeñan en resguardar el palacio presidencial, donde el presidente hablará a sus seguidores más tarde. El mismo día de la marcha opositora, custodiado por un vallado infinito, Correa se subirá al estrado.
Ya cae la noche en el centro de Quito. Se desparrama. La gente, sus banderas y el sentido de lo político. De apretarlas tan fuerte entre los puños cerrados, las consignas y las certezas quedan tiradas, sin saber por qué.

 Publicado por El Acontecer Diario


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