Noticias Tuyas, estés donde estés | Durazno, Uruguay
Mentira que viajar sea andar siempre de un lado pa´l otro. Toca quedarse. Estar ahí donde algo conmueve, llama, toca a la puerta y por suerte fue Cuenca. Otra vez Cuenca y sus tejas, su arte y sus ríos.
| 09/06/2015
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Foto tomada por Maurizio Costanzo, licencia CC-BY

Volví a tomar un taller de artes escénicas de casi dos meses y me encontré cargando una bandeja de plata sobre la cabeza, con una copa rebasante de veneno encima. Por mi columna vertebral bajaba un chorro de agua fresca mientras caminaba tratando que no sonara una campanita en mi vientre. Así entrenamos: hace falta echar leña al fuego de la imaginación y fatigar el cuerpo, concentrarlo y entregarlo a la relajación más dulce para encontrar destellos creativos.

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Veo el color claro del pus y creo que un bicho amazónico me ha picado, hinchándome el brazo y trayendo una fiebre que el jengibre no curará. Ese grano cada vez se parece más a un volcán. Caminar cada día junto al río Tomebamba resultó parte de la terapia. Al final de la caminata el Centro de Salud Pumapungo me recibe con una huerta de plantas medicinales en el jardín. Las enfermeras me atienden, me curan, me dan medicamentos y consuelan mis quejidos con una calidez admirable. No tuve que pagar un centavo, ni mostrar mis papeles caducos; y el brazo ya ha vuelto a tocar tambor.

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Salgo a caminar, a buscarle una vuelta a la noche. Me voy por el empedrado que acompaña al río, subo a la altura del Duende y vuelvo a bajar en las escaleras de los artesanos. A ver dónde pasa algo.
En el pasto están el chileno de los malabares y el parcero colombiano que conocí la tarde que volví a Cuenca. Me sumo a la ronda y la noticia es que los militares se llevaron a dos malabaristas, por fumar marihuana en la vía pública. Ellos no tienen documentos, están clandestinos y los podrían deportar. Atrás nuestro el río suena entre las piedras y entre nosotros calla la amargura. De repente llegan los cumpas, en libertad con la condición de que se vayan de Cuenca. Sentimos una euforia rebelde, que anima a festejar tanto como a patear las leyes migratorias.
La noche dio el encuentro que hacía falta y me voy con frío de vuelta a casa. Miro hacia arriba, al resguardo del techo de tejas que cubre esta vereda angosta. La llovizna cae en cámara lenta, recortada y brillante contra el cielo oscuro.

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Dicen que Jesús, el nazareno, partió el pan y convidó. Cuentan que también repartió el vino diciendo que era su sangre, y que aquel pan era su cuerpo. En estas fechas los católicos que toman estas historias por sagradas celebran el Corpus Christi, con rituales que muestran su fe en la presencia real de Jesús, el nazareno, en la hostia que te dan en boca y en el vino que solo los labios del cura tocan.
Por estas tierras el Corpus viene endulzado. Sus bellas iglesias, a las que Cuenca les debe el título de ciudad patrimonio de la humanidad, celebran las misas de la eucaristía mientras afuera la feria empalaga. Son decenas de puestos con dulces artesanales -de coco, maní y chocolate, verdes, amarillos y marrones- que se venden durante los siete días que dura la fiesta. A la noche, la multitud se junta a ver los castillos de caña que disparan fuegos artificiales y entre tanto barullo, las señoras siguen vendiendo sus golosinas. Era dulce el corazón de Jesús.

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Hace tiempo que no decía “en casa”. Pero ahora estoy en lakomuna, un colectivo de arte multidisciplinario que me abrió las puertas. En lakomuna siempre hay gente que entra y sale, proyectos que se mueven, pinturas, sprays, obras que esperan ser mostradas... lakomuna tiene una banda de música, proyectos de artes plásticas individuales, murales colectivos y un lindo agite.
Los gurises de lakomuna son casi todos de Machala, ciudad costeña de ritmos salseros y capital mundial del banano. He tenido la suerte de probar su rico repe y los majados de verde, platos preparados con guineo verde y plátano verde, diferentes tipos y estados de la banana.
Acá, en casa, pondré la caldera a hervir y me prepararé un matecito. A más de cinco mil kilómetros de Uruguay, es un lujo tener yerba sin palo y gente linda para compartir la rueda.

 Publicado por El Acontecer Diario


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