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Son las 9:30 de la mañana y el locutor saluda a los “trabajadores de la patria”. Una cadena de altavoces y pantallas de alta calidad amplifican su voz y nos despiertan; al salir al balcón, el guardaespaldas de camisa blanca que camina tras Rafael Correa me mira desconfiado.
| 04/05/2015
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Llegando a la plaza de Santo Domingo una orquesta de salsa recibe al presidente con sabor: “en pos de la dignidad / de mi patria ecuatoriana / revolución ciudadana / significa libertad.” Correa sube al escenario, baila y canta los últimos estribillos y el cantante lo saluda: mi presidente para siempre.

La plaza está llena de banderas nacionales y de gente con camisetas de la selección. Por todas partes salpica un verde manzana: color oficial de este 1º de mayo. El verde manzana de Alianza País, partido que ha impulsado cambios dentro de la agenda progresista, domina la plaza. Este es el acto de la Central Unitaria de Trabajadores, una agrupación de sindicatos expresamente oficialista que se pliega a la “Revolución del Trabajo”; pero las banderas sindicales son escenografía: la fiesta de los trabajadores es verde manzana.

Ahora voy hacia arriba, al encuentro de la marcha opositora en la plaza San Francisco. En las tres cuadras de camino veo niños lustrabotas, veo a esas mujeres jóvenes e indígenas que cada día cargan bolsas con palta, granadilla, naranjas... demasiadas bolsas que penden de sus manos demasiado trabajadoras cada día, veo también a esas otras mujeres que venden cevichochos o fritangas con mote; trabajadores que no caben en el primero de mayo.

Entre ellos están también los policías. Son muchos. Por todas partes brillan sus chalecos pero también hay opacos: corazas, escudos, cascos; los opacos vienen preparados para pegar. Están formados en tres filas de diez -a cada lado de cada bocacalle- y en sus escudos dicen: “Soy policía y hermano también. Manifiéstate en paz.” Cuando pase la marcha los manifestantes responderán: “A la policía / le quedan dos caminos / luchar con el pueblo / o ser sus asesinos”.

En la plaza San Francisco las palomas volaban de acá para allá disputándose el pan, las semillas, su gula de palomas de plaza. El estrado del Frente Unitario de los Trabajadores -chico y con pancartas- estaba vacío. Bajé por la Sucre y unas cuadras abajo venía la marcha roja, de cantos y consignas, fueraCorreafuera, por la seguridad social y algún socialismo. Los manifestantes cantan: esto no es pagado, es pueblo organizado, cuestionan también la propuesta de reelección presidencial indefinida y rechazan varias reformas del gobierno, proponen parar o ir a la huelga. En la multitud vienen agrupaciones indígenas, ecologistas, marxistas, feministas, artistas en performance y también alguna rara avis: pitucos contra los médicos cubanos, miembros de la Cámara de Comercio de Quito y veteranos de guerra que llevan el cartel “Temor solo a Dios”.

El usuario de twitter @MashiRafael resumía esa diversidad así: “...juntando partidocracia, derecha bancaria, los tira piedras de siempre, la eterna burocracia sindical, no llegaron ni a la cuarta parte.” Rafael Correa está enfocado en la hegemonía y su disputa lo lleva a dedicar varios minutos de micrófono a pegarles a los que están en la otra marcha. En este primero de mayo se miden fuerzas y el presidente insiste: somos más, muchísimos más; pero su discurso va más allá cuando dedica a los opositores una cita de Perón: de todos lados se puede volver, menos del ridículo. Cita y sintetiza.

Vuelvo a casa y el discurso en la plaza Santo Domingo ya terminó, pero Correa sigue en el escenario, como de sobremesa. Entona un tema de Pablo Milanés -“...todavía quedan restos de humedad”- y sigue cantando que les dieron las diez y las once y lo que queda es todo desconcierto.

 Publicado por El Acontecer Diario


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