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Tengo los pies ampollados. Hace rato pienso que el día no cambia hasta que no me acuesto, así que puedo decir que fue hoy que me desperté a unos 40 kilómetros de acá, bajo un techo de chapas y en una carpa a medio armar.
| 14/03/2015
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Desde el cuartel de bomberos tropical de Yantzaza

Desperté a las cuatro, otra vez a las cinco y el sol no salía. Fingí que dormía y me lo creí hasta las siete menos cuarto. Me levanté y prendí el fuego, con gasolina porque el chiste de Ernesto prendiendo el fuego en tamaña humedad sería demasiado trágico. En ese bosque tropical que es el parque nacional Podocarpus la llama estalló por un segundo, se dio contra la piedra, rebotó y se quedó chiquita, casi sin prender las astillas de leña rojiza.

Calenté el té. Escuché la voz de Clara, la voz de Pere: ruidos de gente despertando sin fe, ni maquillaje. Los hermanos catalanes se levantaron y caminaron al baño. Ellos son esa “gente linda” que había escrito en mi libreta como destino cuando, unas horas antes, la soledad me podía caminando y un árbol enorme se me cruzaba en el sendero Los Higuerones. El árbol me decía vos estás buscando otra cosa y volviéndome encontraba a estos dos gurises: frágiles, firmes, libertarios, soñadores, compañeros y punto.

Es lo que tiene. Para llegar a un parque nacional en bici hay que sufrir. Lo vivimos en Bolivia en el Parque Amboró, lo confirmó Perú en Paracas y Nor Yauyos; ahora Ecuador revive la costumbre en Podocarpus: un camino de tierra pedaleable me lleva hasta la entrada del parque, que lindo. ¡Ajá! era una falsa entrada, ahora se viene lo “lindo”: un kilómetro de escaleras enemigas, barro y pendientes indeseables con una bici cargada.

Ahora el día cambió. La crónica me bostezó y se le cayeron los párpados, hoy ya es jueves y sigo con los pies ampollados. Desperté en la estación de bomberos de Yantzaza, a donde llegué con bastante esfuerzo y con la palanca de cambios rota en un paisaje de subibaja. Me vieron llegar cabizbajo y respondieron con entusiasmo, en un clima relajado y cálido. En toda América Latina los bomberos nos tiran la onda a los biciviajeros, ofreciendo hospedaje gratuito, seguro y cómodo; en Yantzaza los bomberos han hecho un tanto más.

Jasmany me tomó los datos, me mostró las instalaciones: baños con ducha, papel, jabón y una sirena tetona en el panel de la ducha; el tubo de rigor para bajar rápido y mantener la mística, los dormitorios con colchones tan anchos, tan anchos, wi-fi... Jasmany, un muchacho de veintidós años que es bombero hace siete, me ayudó a cambiar el ánimo y recuperar la alegría. Conversamos, nos pasamos películas y músicas -a él le gusta el rock romántico- y a la mañana compartimos el desayuno: yo hice unos chapati y Jasmany un jugo con guineo y tomate de árbol.

Escribiendo con el talco en los pies que el bombero amigo me regaló, aliviando las ampollas fruto de la lluvia y el roce de mis sandalias, paro la oreja. En la computadora de abajo suena “Flecha Verde – Robin Hood” de Rubén Rada. Le dan play otra vez, mientras Jasmany y el cabo se arriman y nos sacamos una foto. Cuando me doy cuenta que ellos posan, trato de poner el cuerpo pero el ridículo es patente.
Al terminar los dos o tres párrafos que restan aprontaré el equipaje. Cargaré la bici para bajar al centro y por allá almorzaré algo típico, con horchata o un café de la zona, que aún no probé. Algún bus nuevo o viejo, con película de luchas o cumbias de colección, me llevará hasta Cuenca.

Allá anda la tropa amiga de Vilcabamba -las dos gurisas chilenas y los cuatro chiquillos uruguayos-. Será volver a la ciudad, a tocar música en las calles, ver si consigo una palanca de cambios acorde para reparar la bici y aprovechar los beneficios del gentío hasta que la multitud canse y la brújula me lleve hacia el oeste: primero al parque nacional Cajas -y su esperable inaccesibilidad-, luego Guayaquil y más allá el paraíso costeño.

A veces dudo, si esto es vida, si yo debería o no debería vivir así. Vagabundeando, melancólico de tardecita y esforzado en las subidas; sin un rumbo claro, pero inventándomelo por si acaso. A veces dudo y tiemblo, a veces creo y todo pasa.

 Publicado por El Acontecer Diario


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