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Que estas playas fueron creadas por un dios discípulo de Dalí, algo así dice Guille. Habla de la costa de la Reserva Nacional de Paracas, unos 250 kilómetros al sur de Lima: donde el desierto acaricia al Océano Pacífico.
| 22/01/2015
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Guille es mi hermano, que ha venido de visita por 24 días con la idea fija de pedalear juntos. Lejos de acobardarse, es él quien propone atravesar el desierto por caminos inciertos; con bastante comida y agua para asegurarnos la subsistencia pero también con dos bicicletas mucho más pesadas.
Salimos de Lagunillas y su playa de arenas rojas, pasamos Yumaque, Supay y La Catedral hasta que encontramos el cartel avisando: FIN DEL CIRCUITO, CUIDADO ZONA AGRESTE. Cómplices, nos miramos y vamos más allá, sabiendo que estamos en otro mundo, que los barrancos, las islas y ese océano inmenso no son de este planeta.
- Todo puede pasar, es una nueva ventana.
Las cadenas crujen y bajamos para pechar las bicis hasta arriba. La nueva ventana que Guille imaginó solo muestra otra cara del Cerro Negro: una duna enorme, escalofriante e imposible. Esperamos volver a ver costa desde que la dejamos por un camino más transitable. Pero ni “costa” ni “transitable” se dejan decir: el viento del desierto se lleva hasta el sentido.
Cada subida promete un nuevo paisaje, cada pedaleada en repecho abre un centímetro nuevo de horizonte. Pero al llegar a la cima y mirar hacia la derecha, donde debiera haber costa hay pura arena nomás; una y otra subida así.
De pronto los dos miramos hacia dónde no era y allá está: una bahía hermosa, con su pueblo y una veintena de barquitos de pesca se abre hacia la izquierda. Lo que sigue es bajada, un plato de pescado fresco inesperadamente barato y la cerveza fría que hasta ahora es fiesta. Más tarde, los guardaparques con nombre en clave -Chamán, Ballena, Victoriano y Chorlo- nos reciben con buena onda y más comida rica. Somos dos hermanos en Laguna Grande rodeados de un puñado de gente que vive entre flamencos, pelícanos, pingüinos y aquella soledad.
Con el mundo como paréntesis charlamos arriba y abajo de las bicis. Del amor que viene y va y que yéndose duele, de si cabe esperanzarse por un cambio en la educación uruguaya con el nuevo gobierno, de cómo saber si los cooperativistas son -a ciencia cierta- más solidarios que los capitalistas, de si comeremos pan con queso o mermelada, de si tirar una cáscara de banana al lado del árbol está mal o puede universalizarse moralmente. Esas charlas de hermanos.
Un día dormimos en hostal, otro día en comité político, otro día acampamos en una cancha de fóbal vacía y de hormigón. Un día degustamos caldo de gallina, papas a la huancaína, lomo saltado y cualquier delicia de la comida peruana y otro día tenemos arroz con lentejas.
Ese día que tenemos lentejas de sobra en el tupper estamos en otra parte. Ya andamos lejos de la costa, a esta zona le llaman sierra: hablamos de los Andes centrales. Cambiamos la arena y el mar por valles verdes, con maizales y bueyes arando, con ríos surcando el terreno ondulado y lluvioso a la tarde. En San José de Queros la noticia inevitable llega en boca del almacenero, que subió esta ruta cuando era de tierra y él no tenía panza. Datos: el primer abra -o paso de montaña- se llama Negro Bueno y está a 4600 metros sobre el nivel del mar, más allá el verdadero paso nos espera a 4750 y se llama Chauchas.
Los valles desaparecen y cada vez hay menos gente. Los cerros son altos, amarillentos, pedregosos. Arriba aparecen lagunas donde crían truchas en extraños rectángulos, alguna cascada se derrama sobre las piedras y unos pocos pájaros pasan con ese aire envidiable. Mascar coca ayuda pero no nos da los pulmones que la evolución forjó en la gente andina; aquel mango dulce alimenta los músculos pero no los convierte en motores. Las llamas no se asustan viendo a Guille pasar, pareciera que le hacen frente.
El esfuerzo compartido cuesta arriba bajo la última granizada se condensa en una mirada, en un abrazo rápido, en ese todo que pasa en la bajada mojada, en este todo que queda en el mate que rueda.

 Publicado por El Acontecer Diario


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