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Navidad lejos de casa, o de cuando la casa se ensancha.
| 30/12/2014
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Coordenadas: Ollantaytambo, Valle Sagrado de los Incas, Perú. Ollantaytambo, pueblo inca con sus canales, sus muros de piedra, sus templos y terrazas en los cerros vivos. Zoom: en la calle que baja hacia el río se ve el camping de viajeros; un reguero de carpas y gente en el pasto.

Pegado. Así estás, en la jerga viajera, cuando te quedás un buen rato en un lugar, guardás la mochila y te aquerenciás. Así estamos varios en el camping, desde los que llevan meses a los que nos quedamos mejor hasta pasado mañana. Las cosas tienen un por qué.

Es navidad y hace días que se siente. Anda gente medio escondida trabajando en su regalo del amigo invisible, cosen, escriben, buscan; están los de siempre, haciendo y tocando sus tambores, cantando, guitarreando y están los que cocinan. Los que cocinan para navidad se pusieron serios.

No es que viniéramos comiendo mal. Ese es uno de los por qué del pegarse; acá se come tan rico, saludable y en familia que da gusto. Veníamos de curtirnos con ñoquis caseros, sopas espesas, la delicia del ponche de habas y jugos a toda hora, pero para navidad se pusieron serios.

La negra y Malena alquilaron un rato de horno en la panadería. Dos bandejas salieron del camping: una con pan dulce relleno de nueces y pasas, otra con knishes de papa. Manos en la masa, las historias de cada uno se tejen entre los sabores y la bandeja rueda. Piclio y otros peruanos apilaron piedras para la pachamanca, un horno en la tierra. El fuego calienta las piedras y a la comida sobre ellas, todo se tapa con tierra durante unas dos horas.

La mesa fue cosa seria. La pachamanca puso la abundancia con papas, camotes y maíces. Otros platos daban para probar un poquito de acá, otro de allá: tomates rellenos, ensalada rusa, el salteado de zuchini de Ruth… En círculo nos miramos, agradecimos y a comer. A saborear y saciarse, bajando con chicha, vino, cerveza y esas flores que flotan.

Después, el 25 es el 25. Retocar el deleite, sumergirse otro poco en el hedonismo, con un mate y un café. Con sopaipillas chilenas con dulce de leche y el pan dulce de la negra. Se me hace agua la boca mientras escribo, pienso en las manos, en el flotar de una comunidad volátil.

Ayer éramos casi treinta. La mayoría la pelean los argentinos con los peruanos, mientras que los otros variamos: Colombia, Ecuador, Australia, Francia, Italia, Chile, Uruguay. Da para preguntarse por qué a veces pasa: cómo sucede que un grupo de desconocidos consiguen vivir bien, darse los gustos y organizarse con solidaridad y poca plata. Capaz que sería bueno entenderlo pero vivirlo ya es un goce.

 Publicado por El Acontecer Diario


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