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Esta iba a ser la crónica de los mercados populares de Cuzco. En esta hoja iban a entrar la voz de doña Bemecia, que trabaja desde los 18 en el mercado San Pedro, la tranquilidad del mercado alto allá por San Blas y los cuentos con sabor a chicha de quinua en el mercado Wanchaq.
| 11/12/2014

Pero nos fuimos del Cusco y pasaron otras cosas. Primero hubo que chocarse contra las indicaciones que aseguraban “pura bajada” hasta Pisac y comernos un repecho de una hora, después de 15 días abajo de la bici. La bajada siempre es una liberación: viento, nevado y valles verdes, y ahí adelante Jean-Philippe que baja suelto de manos.

Pisac late. Tiene un montaje fuerte de cara al turismo aprovechando su cercanía a Cusco y la riqueza arqueológica sobre los cerros. Pero aparecen amigos y una invitación a ver danzas y músicas andinas por la noche y ya nos quedamos.
La primera danza confirma que esta crónica no va a tratar sobre los mercados de la ciudad. Esos cuerpos, esos trajes, sus máscaras y ritmos me atrapan. Kusi Kawsay se llama la escuela de donde vienen los cuerpos y en ella las materias se tejen en el calendario, recordando las tradiciones originarias. Y el calendario es otro: escucha otros tiempos, siembra otros ritmos y ahora marca el tiempo de la saqsa. El presentador, elocuente en su elogio de la pureza del Tahuantinsuyo, anuncia la saqsa: música y baile que honra a los ancestros.

- El pasado es lo único tangible. Decimos “Ñaupa”, el pasado está frente a mí. Del futuro no conocemos cómo será y el presente se nos está yendo hacia el pasado a cada momento…
Pero la reflexión preparada ya no le importa a nadie, porque suena la música y las máscaras entran por el pasillo central. Llevan bastones con hojas de maíz y sonajeros; visten unas togas grises sueltas y murmuran alto entre ellos. Los músicos suenan con un redoblante de cuero y dos sikus. Las máscaras de lana toman los cuerpos y bailan, las voces murmuran un ronquido de garganta, los bastones retorcidos abren los surcos reabriendo el tiempo desde antes.

Ja. Una llama se está montando a otra. Entraron pastoreando este baile con rebenque y corriditas tras las llamas. Las llamas son espaldas encorvadas, un palo de escoba y telas marrones. En la propia tela un nudo y unos ojos redondos dibujan al animal y todos reímos porque hay gente haciendo cosas que no debería.
La llama también está allá, dibujada en las estrellas de una imaginación astronómica que logró comprender la tierra en el cielo y agendar siembras y cosechas mirando para arriba. Una cultura que planta mucho en los valles pero que no le afloja en las montañas altas para producir el alimento.

Termina una danza y empieza otra. De a ratos la cosa suena un poco china, de a ratos bastante psicodélica; en realidad, siempre nos rompe algún esquema. Los roles están marcados: ellas bailan y cantan, con voces que mi oído llamaría chillonas, ellos también bailan pero cantan poco y son los únicos que tocan.
Según el presentador, esto no es folclore ni práctica estética, son rituales que honran un tiempo. Dos pastores con pasamontañas y peluca de lana se agarran a rebencazos y terminan abrazados, una niña a nuestro lado insiste en saludarlos moviendo su manito.

 Publicado por El Acontecer Diario


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