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En los mismos lugares levantaron nuevos muros y a las mismas piedras les cambiaron la voz. Primero fueron los incas: un imperio que duró menos de un siglo y llegó a tener casi dos millones de kilómetros cuadrados, desde Ecuador hasta Chile. Un imperio que exigió culto al Sol a todos los pueblos conquistados y que le cambió la lengua a las piedras.
| 29/11/2014
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Cuando la ambición y la crueldad de los españoles llegó al Cusco, el juego se profundizó. Los invasores destrozaron antiguos templos, saquearon sus objetos de valor y construyeron sus iglesias y mansiones encima. Qorikancha se transformó en Santo Domingo, Kiswarkancha se volvió Catedral y los jesuitas construyeron su templo barroco sobre la ´casa de la gran serpiente´.
“Los muros estaban cubiertos de arriba a abajo de planchas y tablones de oro”, escribe el gran cronista Inca Garcilaso de la Vega. Está describiendo el Qorikancha, el templo mayor del Imperio. Atento que sigue: “En el muro testero, que llamamos altar mayor, tenían puesta la figura del sol, hecha de una plancha de oro, el doble más grueso que las otras planchas que cubrían las paredes. La figura estaba hecha con su rostro en redondo, y con sus rayos y llamas de fuego, todo de una pieza, ni más ni menos que la pintan los pintores.”
Ayer fui por Qorikancha-Convento-de-Santo-Domingo, que aún alberga varios recintos de delicada arquitectura incaica. Están los muros alineados con las estrellas, las piedras finamente colocadas y pulidas pero no quedó nada del oro. Hace rato que se lo llevaron: lo fundieron, dejaron que los piratas se lo robaran, dejaron que los banqueros se lo robaran, dejaron que los museos se lo robaran.
El guía en Sacsayhuamán tiene un tic nervioso y hace una pregunta retórica:
-Diganme, la construcción quechua: ¿recta o un poco inclinada? … Los quechuas fueron grandes grandes arquitectos… Ya sea en Machu Pichu o en Ollantaytambo, en todo lugar hay 10º de inclinación, o sea de forma antisísmica.
Estas piedras no son regulares e idénticas como las de los templos en Qorikancha, pero entre ellas tampoco entra un alfiler. Según nuestro guía, la arcilla puesta entre las rocas las vuelve impermeables. Él tiene una explicación pero nadie entiende cómo levantaron estos muros.
Mientras tanto las paredes del Cusco siguen hablando, cada una en su lengua. Una casa de familia perdió el revoque blanco y deja ver barro, pasto y piedritas; los balcones se despegan exhibiendo finos trabajos en madera en las mansiones del centro; el arcoiris, el gorrito andino y la pelota rojiblanca pintan símbolos de partidos políticos con dos manos de monotonía.
En la calle T´otoraphaqcha los vecinos avisan: “PROHIBIDO HECHAR BASURA Ó CAGAR BAJO PENA DE ARRESTO Ó UN BALDAZO DE AGUA FRÍA”. Más abajo una chola guiña el ojo desde un mural en cursiva: “no se cuentan segundos, se cuentan historias”. Subiendo desde la plaza San Blas, un callejón dice lo prohibido: TOURISM IS COLONIALISM.

 Publicado por El Acontecer Diario


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