Noticias Tuyas, estés donde estés | Durazno, Uruguay
A juntar bolsas y doblarlas en triangulitos, a los labios y las manos secas, a la línea blanca y la línea amarilla. Volver.
| 14/11/2014
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Cuando en la calle Catacora nos abrazamos yo no sabía eso. Tristes y sin pista de qué había detrás de esta curva nos fuimos con Juan, uno en cada asiento del ómnibus vacío. No pude o no quise mirar atrás pa´ darle un último adiós al Leo, que se quedaba en La Paz antes de emprender el viaje que lo llevaría de vuelta a casa. Un ómnibus, un avión y un barco. Volver.
Aquel ómnibus, otra vez de rodillas chicas, nos volvería a Copacabana. Y en Copacabana, como si insistiéramos en repasar la historia, volveríamos al hostal Flor Andina: saludo a don Celso, el tipo raro que administra el hostal, abro de nuevo el cuarto de seis, entro a esa cocina con hornallas haraganas y comemos rico con nuestras tres amigas uruguayas: Julia, Silvina y Maie.
Y al otro día, volver a volver. Cada alforja en su lugar, el djembe que siempre me cuesta sujetar, los lentes de sol y la ruta. Nadie dice que este sea el camino que nos sacará de Bolivia, pero es. El lago Titicaca no tiene un solo color y aunque parece igual ya no es el que era. El viento del lago, como si fuera su voz, nos alienta. Y hace falta, porque faltan una bici y un amigo.
Ahí está la curva. Ahora más allá: se mueve, nos pesca. Queremos saber qué hay del otro lado, ir yendo con el viento en la cara. Resoplamos en subida y acostamos el cuerpo en bajada. Las manos húmedas sujetan la goma del manubrio, las piernas giran en un infinito, el culo se aplasta al asiento, el sombrero tapa un poco el sol. No se sabe bien dónde empieza esta fuerza que ya insiste, ya cansa, ya vuelve a meter pedal.
Tienes el mate, dice Philippe. Descanso, tomo y vuelvo a las teclas.
Y volvimos a pasarnos de fecha. Multa en Argentina, multa en Bolivia. Los señores de la frontera, sus normas, sus tonos de voz, nos pasan de lado. Pero el Estado insiste en controlar nuestro tiempo y “su” espacio y debemos pagar o renunciar a volver a Bolivia. Sacrificamos el billete, en honor a la patria y cruzamos una línea que no existe.
Del otro lado, está Perú. Ellas y ellos son tan aymaras como los bolivianos. También saludan kamisaraki, responden waliki y te quieren munsmawa. También les resultamos curiosos y nos llaman gringo, que nos vuelve a molestar sin entender bien por qué. De este lado el lago sopla igualito y las terrazas se plantan en escalera desde antes que las fronteras.
Volvimos. Leo a la casa de Paso Molino, al abrazo con Pame y la flia. Nosotros volvimos al azar, a no saber dónde dormiremos, qué comeremos y a que no importe. A los perros que nos corren como si nos quisieran a las brasas, a los campesinos que saludan al lado de la ruta y a las puertas abiertas, las puertas abiertas, las puertas abiertas.

 Publicado por El Acontecer Diario


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