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y bailotean, prendido´ a las cometas flores del primer cielo, caña y papel color (José Carbajal)
| 07/11/2014
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Foto de Maie Barreto Belonaki.

Como cuando éramos chicos, que íbamos al campito Caorsi. Nada más que esta vez elegimos una con franjas: amarilla, naranja, negra y con flecos a los lados. El piolín se vende aparte y a tres pesos es largo y multicolor.
Cometa en mano zarpamos hacia la Isla del Sol, navegando por las aguas azules, claras y frías del Lago Titicaca. Llegamos justito sobre la hora y nos perdemos de sentarnos en la terraza del barco. Adentro somos mayoría, diez viajeros en tropa, ellas cinco, cinco ellos: tres de España, un francés, un chileño y de Uruguay el resto. Contraflor.
Llegamos al norte de la isla y acampamos. En la playa de Challapampa, varios niños remontan sus voladores. Ben 10, Winnie the Pooh, Argentina y Bolivia se mecen allá arriba. También hay caseras, de caña, papel seda y carpicola. Enseguida nos ponemos a jugar y estoy corriendo a dos chiquitos que llevan nuestra cometa casi alemana. Llegan más niños con sus voladores, el viento no molesta ni cede.
En la Isla del Sol no hay autos, ni motos, ni bicis. Se camina o se va por agua. Por suerte el pan está cerquita, a 3 x 2 bolivianos. Ahí voy, pies descalzos. Antes del pan, curioseo sobre los voladores. La chola, de tricota blanca tejida a mano, cuenta que ella también remontó cometa cuando era niña.
-Cinco minutitos el pan vas a esperar, ya va a salir.
Voy y vuelvo. Ahora hay un hombre, quizás esposo. Él también remontó. Y sus abuelos. Me entusiasmo y pregunto por leyendas, por historias de seres alados, de personas o animales que volaran, de cuentos voladores de las grandes civilizaciones que desde antaño pueblan el lago. Ella me mira y se ríe:
-Solo los pájaros vuelan, joven.
En la Isla del Sol, como en tantos otros lados, a principios de noviembre cae el Día de Todos los Santos. También le decimos el día de los muertos. Pero ellas y ellos, comunidades enteras de abuelas a niñitos, lo viven de otra manera.
El cementerio es el lugar de reunión. Casi sin cruces, campo pelado que revive para la fiesta. Cada familia sirve la mesa para su difunto, y la comida viene en abundancia. Hay panes que son personas, panes que son llamas y caballos, panes que son escaleras. Naranjas, bananas, manzanas, sandía, piña. Invitan sopa y si querés repetís. Invitan segundo: chancho, ensalada y papas de todo tipo pero ya estás lleno para otro plato. Antes de comer, va el rezo, y cuando parece que fue suficiente las familias empiezan a preparar platos que mandan de ofrenda a las otras familias. No paran de llegar y salir. Más tarde llega la pinquillada: bombo, redoblante y moxeñas de caña animan el baile que honra a los recién casados y celebra la fertilidad que les exige.
Afuera los niños siguen remontando sus voladores. Cuentan los abuelos que las almitas de los difuntos suben y bajan por sus hilos para llegar a la fiesta. Hasta otro noviembre no habrá cometas en el viento, no vaya a ser que...

 Publicado por El Acontecer Diario


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