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Paró la lluvia y aprovechamos para pasear por La Paz. Leo y Philippe compran cuerdas para el ronroco y mientras tanto yo espero conversando con los artesanos. Miro hacia la izquierda y la veo. Veo a esa mujer grande, que baja por el empedrado hacia nosotros. A cada paso, sus trenzas se ladean y su pollera sacude al mundo en vaivén.
| 24/10/2014
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Les llaman “cholas”, aunque nosotros preferimos decirles “mamitas”, como ellas se nombran entre sí

En todo Bolivia se las ve, pero en los barrios populares de las grandes ciudades su presencia es abrumadora. Les llaman “cholas”, aunque nosotros preferimos decirles “mamitas”, como ellas se nombran entre sí.
En los mercados y en las calles, en el parlamento o en la obra, en el ciber o junto a las ollas que preparan un almuerzo completo, las cholas hacen mover el mundo. Son mujeres indígenas que han cargado en su aguayo a la colonia y a la patria ajena, mujeres que llevan sobre la espalda a sus wawas, niñitos que miran el mundo asombrados bajo la tela multicolor.
Fuertes y trabajadoras, las cholas pueden ser tan tenaces como dulces. Como aquella mamita que cruzamos en el Chapare, parada sobre una rueda de camión meta hacer fuerza con su uña de hierro. O como aquella otra señora que en las montañas de Oruro, nos acogió del frío y que luego, viéndome hacer unos chapatis, me decía “buen panadero eres”.
Ojo, que también saben ser reacias y peleadoras. Ayer nomás: buscando coca para la subida desde La Paz hasta El Alto, me ligué un reproche. Desde lo alto de su puesto de verduras la mamita me contestó que sí, que tenía coca. Pero cuando quise oler o tocar la hoja para ver si estaba fresca, no le gustó nada y retándome me mandó a mudar.
Seguro que hay más que eso, pero uno reconoce a una chola por su atuendo. Se cuenta que la vestimenta actual proviene del siglo XVII, cuando tras la rebelión liderada por Tupak Katari, el gobierno español prohibió toda indumentaria “que pudiera traer memoria a tiempos incaicos”. De la tradición indígena, quedó a la vista solo el aguayo, esa tela colorida y de motivos andinos, que sirve para llevar cualquier carga en la espalda, dejando las manos libres.
El signo más distintivo del atuendo es la pollera amplia y con muchos pliegues, que hace pensar en caderas anchas. Hay polleras de telas brillantes y opacas, bordadas o sencillas para el trabajo. La blusa, la manta a flecos, los zapatos y el sombrero completan el atuendo. El sombrero típico es el bombín, pero algunas mujeres los prefieren de ala o de lana y otras simplemente dejan al aire su pelo negro y trenzado hacia los lados.
En la vida de las cholas hay lugar también, uno no sabe cómo, para el agite. Tanto en los bailes típicos como en el agite político, las mamitas siguen moviendo el mundo. Girando y haciendo sonar sus matracas en la morenada y caminando largas marchas para presionar al gobierno y hacerse oír, ellas están ahí, siempre fuertes y andando.

 Publicado por El Acontecer Diario


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