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Evo Morales Ayma, indígena de origen aymara, acaba de salir al balcón del Palacio Quemado, en La Paz, para celebrar su tercer gobierno consecutivo. Está ahí nomás, a unos treinta metros y la multitud lo aclama.
| 17/10/2014
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No es la primera vez que nos encontramos con Evo en Bolivia. Lo hemos visto desde que salimos de Oruro, en cada pueblo, al costado de cada ruta. Evo ha estado presente en cada cartel de obras emplazado al lado de la ruta, publicitando inversiones en agua potable, caminería, electrificación, educación, gas natural... Siempre ahí, haciendo visible la enorme inversión en infraestructura y servicios básicos que ha hecho el gobierno boliviano desde que el Movimiento al Socialismo (M.A.S.) llegó al gobierno en 2006.
En estos carteles Evo era a veces solo su nombre, otras veces era su rostro y en algunos avisos el presidente era una figura a todo color y sonrisa, mucho más notoria que la obra en cuestión. Aquí, al igual que en Argentina, es notorio cómo se hace propaganda política a través del Estado. La costumbre no obliga a disimular, como mandaría la prudencia republicana uruguaya, y se propaga de forma pública.
Quizás haya condimentos de populismo en esta cocina pero los carteles no mienten, obras hay. “Haaartas”, como dicen acá. La nacionalización de los hidrocarburos y de la riqueza minera de Bolivia desde 2006, permitió que el gobierno despliegue un conjunto de programas y obras que ha disminuido considerablemente la pobreza y la desigualdad en un país que andaba en el fondo de cualquier tabla.
Bolivia es un país increíblemente diverso. Sus gentes y sus paisajes pintan mil colores, bien representados en la Wiphala, la bandera multicolor a cuadros del pueblo aymara que es hoy un símbolo nacional de Bolivia. En el altiplano, en los valles, en las selvas la cultura florece principalmente en manos de las más de 30 etnias indígenas que pueblan el país.
Uno de los grandes méritos del proceso de cambios conducido por el M.A.S. es haber reconocido y empoderado esa diversidad. No en vano Bolivia se denomina “Estado Plurinacional”, desde la reforma constitucional que puso en primera plana a la mayoría indígena del país, tras siglos de desconocimiento y opresión.
Evo Morales está ahí, en el balcón que mira hacia la plaza Murillo en La Paz. A su lado, como siempre, está Álvaro García Linera, vicepresidente y destacado intelectual. La comitiva la completan representantes de la Central Obrera Boliviana, mineros con casco y algún que otro ministro. La plaza Murillo no está llena, la multitud que esperábamos no está ahí; hay gente sí, muchos con los colores azul, negro y blanco del M.A.S. pero no están acá las masas. Se han quedado en casa, después de darle el gobierno a Evo con el 60% de los votos y el triunfo a su partido en 8 de los 9 departamentos bolivianos; sin transporte colectivo para ir hasta el centro de La Paz y con la certeza de que las elecciones estaban ganadas hace rato, se han quedado en casa.
Bolivia camina, al igual que otros países de nuestra América está lejos de llegar a la justicia para todos, pero que nadie dude: Bolivia tampoco se detiene.

 Publicado por El Acontecer Diario


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