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La formación es así, Philippe al medio con el ronroco y el amplificador enfrente. A la izquierda está Leonardo con la guitarra y a la derecha Ernesto con el djembe y el pandeiro. Al frente, la funda del ronroco oficia de gorra. Sí, estamos haciendo música y ahora les contamos de nuestras peripecias por parques y plazas.
| 03/10/2014
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La banda viajera en vivo

El set empieza con la música de Pulp Fiction, la película de Tarantino, y desde allí pasamos a presentarnos. Viajamos en bicis… somos dos uruguayos y un francés… y vamos a tocar músicas originales del grupo, compuestas por Philippe. La gente se va acercando y tocamos “Las arenas de Tilcara”, una composición con swing que empezamos en ese hermoso pueblo de Jujuy, Argentina, cuando el entusiasmo nos tenía 3 o 4 horas ensayando por día.
El público aplaude, o no. Y Ernesto sale adelante a decir algo; presenta las bicis (la más linda primero, la Mamita, y después la Lechu de Philippe y la Cheta, de Leo). Lo que se dice se improvisa, dependiendo del lugar y la onda, pero lo que funciona se queda y va apareciendo un “guión” de risas y cuentos.
Seguiremos con “Golden Cage” o “Chuang Tse”, una música con aires chinos donde contamos la historia del sabio taoísta que tuvo un sueño extraño y al despertar no sabía si era él quien había soñado que era una mariposa o si era la mariposa quien ahora soñaba que era Chuang Tse. La historia da para jugar a volar y los niños se divierten; los grandes, por su parte, la disfrutan pero al final quedan con cara de estupefactos. Qué buena palabra, estupefacto.
La gente va acercando monedas y algún billete. Mandan a los niños y los más chiquitos, tímidos, son una ternura… Ya solo queda tocar “Flamingueste”, algo así como un flamenco pero más hacia el este. Sobre el final entra un rato el pandeiro y tras el último break se terminó, chim pum. Saludamos, agradecemos por acercarse a escuchar y va la rima de la gorra, con conciencia: “conciencia de nosotros que si no tenés un peso, hoy y acá, no va importar eso; conciencia de su parte que con lo que puedan dar, este camino van a alimentar”. Una rima reciclada de varietés de clown en Montevideo y sincera.
Salir a tocar en las plazas y parques de Santa Cruz llevó su trabajo. No solo en tiempo de ensayo sino en otras vueltas. Los gurises fueron a ponerle un micrófono a la guitarra de Leo y el hombre que haría el trabajo cerró su negocio sin aviso por varios días, impidiéndonos tocar. También la policía lo ponía difícil, impidiéndonos tocar en los lugares donde realmente había gente.
Pero la alegría con la que volvíamos después de tocar, el disfrute de estar tocando y la buena onda de la gente que se acercaba al final eran el mejor premio. Viajar compartiendo nuestra arte, acercarnos a la gente local así y ganarnos el sustento era un sueño. El sueño anda ahora por Trinidad, con el calor sofocante de la Amazonia Boliviana, y rumbo a Rurrenabaque, uno de esos lugares que todos recomiendan.

 Publicado por El Acontecer Diario


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