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Estimados Don José Gómez González de Salterain y Obes, Don Jorge Luis Jorge, Che Boliche y demás lectores acompañantes:
| 09/04/2014
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"Reflejo en la tele" de Leonardo Romero

La semana pasada nos quedamos atónitos, suspendidos ante los reflejos de la carta de Che Boliche y agradecidos por la poesía en reflexión. Se agradece no solo por dar las gracias, claro está, sino porque la cuestión de los reflejos da pie para contarles de nuestras andanzas.
¿Qué reflejan estas semanas por tierras rosarinas? Hemos pedaleado la ciudad, de eso no duden. Transitando sus ciclovías respiramos los palos borrachos en flor, admiramos la belleza de las muchachas y nos deslumbramos con el porte de los barcos de carga que habitan el Paraná. Si habrá para recorrer y disfrutar en esta ciudad, que se activa en propuestas interesantes tanto como se descansa en el pasto de la costanera.
Ya les nombramos dos veces el río y acá va otra más. Les queremos contar de la vuelta que salimos a remar con Gonzalo, un amigo que nos hospedó maravillosamente junto a su madre. Estaba anunciada la tormenta desde hace días, pero para qué le vas a hacer caso; si es fin de semana y tenés sol y kayaks, hay que salir a remar. Fuimos cruzando, viendo el cielo celeste reflejado en las aguas oscuras, y atravesamos el río con viento en contra. Nos dimos un chapuzón en una playita arcillosa y cuando nos secábamos se empezaron a sentir, allá lejos, escondidos tras los sauces, los truenos. La tormenta no demoró en venir y aquello fue el desparrame de gente, meta remo por el río. Nosotros en la retaguardia, sufrimos los vaivenes provocados por alguna que otra lancha, pero lo bravo fue cuando a la lluvia intensa se le sumó el viento, ahí nomás, cerquita del puente y con todo el río por cruzar. Muuuchacho, ahí sí que "hubo que remarla" pero al final zafamos, y cuando se despejó hasta pedíamos otra, envalentonados.
Ahora que les escribimos ya nos sentimos cómodos al pedalear la ciudad: que si nos dicen que tal cosa queda por Oroño o por Pellegrini no tenemos que sacar el mapita y desvelarnos en cómo refleja la realidad de las calles. Pero supimos perdernos, pasarnos 20 o 30 cuadras de largo, llegar a un lugar a ver danzas y músicas del Congo y no ver nada más que casas de familia, bien locatarias. Igualmente, tiene lo suyo perderse cuando uno anda sin apuro. Ves otras cosas. Los murales más impresionantes (stencils de cuatro metros de monos con pasamontañas) los vimos por habernos perdido, por ejemplo.
Pero así como está bueno perderse está bueno encontrarse. Y Rosario nos dio encuentros de lo lindo: con la familia de Gonzalo Pombo que nos hospedó de puertas abiertas, con otro Gonzalo y Viviana que nos hicieron sentir en familia y con la barra candombera que nos acompañó en estos últimos días. En Rosario hay también candombe, un reflejo, diría Boliche, del candombe nuestro. Más pequeño en convocatoria pero igual de intenso, el candombe rosarino nos acercó gente linda apasionada por el borocotó chas chas y nos dejó "enseñar" cuestiones básicas del baile del candombe en dos talleres que coordinamos.
Después de estos días de disfrutar encuentros y actividades por la ciudad, con la tranquilidad de volver a casa a dormir bajo techo y calentitos, salimos con las pilas cargadas para encarar la ruta hacia Córdoba. A Rosario y su gente les damos gracias, sabiendo que volveremos a recorrer sus calles planas algún día. Ahora a volver a la ruta.

 Publicado por El Acontecer Diario


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